Excerpt for El Porton de la confianza by Joseph Jaim Zonana Senado, available in its entirety at Smashwords

El Portón de la Confianza



Joseph Jaim Zonana



PUBLISHED BY Joseph Jaim Zonana



AT SMASHWORDS



COPYRIGHT 2011 Joseph Jaim Zonana

Chapter 1:Prólogo del traductor

El presente portón está compuesto por tan sólo un fragmento de la clásica obra maestra del judaísmo escrita por Rabenu Bejaye, el Jobot Halebabot, “El deber de los corazones”. “El portón de la confianza”, en particular, es un capítulo de lectura obligatoria para todo el que pretende transitar por este mundo sintiendo a su lado la presencia de Dios Todopoderoso. Confiar en Dios es uno de los requisitos indispensables para alcanzar el bienestar y la tranquilidad; la confianza en Dios es el imán más poderoso para atraer la bendición y la abundancia, como fue dicho: "Bendito es el hombre que pone en Dios su confianza”1. Hoy más que nunca, en esta era tan evolucionada y globalizada, rebosante de información, avances tecnológicos y técnicas vanguardistas al alcance de nuestras manos para facilitárnoslo todo, nos damos cuenta de que los retos del ser humano son cada vez mayores y que las exigencias para concretar nuestros objetivos en este gran mundo —en el que parecemos tan pequeños— son muy altas. Cada ser humano puede caer fácilmente en la depresión y la preocupación, en la angustia y el temor, al descubrir lo minúsculo e insignificante que es en relación con los grandes y temibles problemas que enfrenta en el día a día. No hay lugar seguro en este mundo para nadie, ni siquiera con los agigantados avances científicos y tecnológicos; no hemos podido construir un solo refugio donde podamos protegernos y resguardarnos de todos los males que debemos combatir a toda hora. No existe ser humano sobre la faz de la tierra que no tenga absolutamente ningún temor o preocupación; hasta el hombre más rico y poderoso teme por su salud y su vida, su seguridad, su honor y reputación, su familia y el futuro de sus descendientes. Teme de sus enemigos y de la lealtad de sus supuestos amigos, sus subordinados y todos aquellos que tienen interés en él. No existe nada ni nadie en lo que podamos depositar a plenitud nuestra confianza, sino únicamente el Todopoderoso, el Creador del cielo y de la tierra. Todo puede fallar excepto Él. Y sin importar cuál sea nuestra posición económica o cuánto poder o fortaleza física tengamos, si Dios está de nuestro lado y nos acompaña en todo camino por el que transitemos, nada malo nos pasará, nada ni nadie podrá hacernos daño, ni en el presente ni en el futuro. Así lo dijo el sabio rey: “Aunque caminase por el tenebroso valle de la oscuridad, no temeré al mal, porque Tú, oh Eterno, estás conmigo”2. Quien confía en Dios lo tiene todo, y el que no, no tiene nada.

Estoy seguro de que este libro conducirá a cada uno de ustedes, queridos lectores, hacia el maravilloso Portón de la Confianza, el portón que nos conduce hacia el único lugar seguro, hacia el único lugar al que nada malo puede entrar. Es el portón que nos conduce hacia la seguridad, la paz y la tranquilidad, el portón que nos protege de todo lo negativo y nos mantiene resguardados bajo la Mano Protectora del Todopoderoso. Ruego al Eterno que lo abra para nosotros y que nos permita entrar en él y salvarnos por Su Bendita gracia.

¡Este es el portón de Dios! ¡Los hombres justos entrarán en él! 3

Joseph Jaim Zonana Senado



Chapter 2: Nota del traductor

En este libro se han agregado subtítulos y muchas notas al pie de página con el fin de que el lector tenga un panorama más completo de los puntos a tratar. Algunas de estas explicaciones o comentarios están basadas en el comentario Pitjé Lev que se encuentra al piel del libro original, pero muchos otros son comentarios personales, por lo cual si llegara a haber un error les agradecería hacérmelo saber. Además, cabe destacar que para facilitar la lectura se han trasladado todas las citas al final del libro y en su lugar se ha colocado una referencia con números romanos para facilitar su localización.

LA CONFIANZA EN DIOS

La confianza es indispensable

La confianza es más indispensable para el servidor de Hashem que cualquier otra cosa. La confianza en el Eterno es la que ayuda al individuo a alcanzar la integridad en la Torá y en el servicio a Dios, y además, a conseguir alegría en este mundo.

En el Portón anterior4 discutimos sobre la obligación de aceptar el servicio a Dios. Considero que lo correcto es proseguir con lo que, sobre todas las cosas, necesita un siervo de Dios, y ello es: la confianza en Dios, porque resulta de gran beneficio en asuntos tanto religiosos como seculares.

El que no confía en Dios confía en cualquier otra cosa

Entre estos beneficios para la vida religiosa se encuentra la tranquilidad del alma en cuanto a la confianza en Dios, bendito sea. Pues si una persona no deposita su confianza en Dios, pone esa confianza en lo que es distinto de Dios; y a quien hace esto último, Dios le retira Su Providencia y lo deja en manos de aquello, sea lo que fuere, en que confía. Se convierte en uno de aquellos de quienes se dice: "Dos iniquidades ha cometido Mi pueblo: me ha abandonado a Mí, que soy manantial de aguas vivas, y se han cavado pozos, pozos agrietados"5 (Yirmeyahu [Jeremías] 2:13); "Cambiaron a Dios, su gloria, por la imagen de un buey que come hierba"6 (Tehilim [Salmos] 106:20).

Bendito es el hombre que confía en Dios

Las Escrituras también establecen: "Bendito es el hombre que confía en Dios, el que hace de Dios su refugio"7; "Bendito es el hombre que pone en Dios su confianza, y no mira a los arrogantes o a aquellos que se extravían detrás de la falsedad"8; "Maldito es el hombre que confía en el hombre y hace de la carne9 su fortaleza, mientras su corazón se aleja de Dios"10.

En otras palabras, si confiamos en nuestra sabiduría e ingenio, nuestra fuerza física y nuestros propios esfuerzos, trabajaremos en vano, nuestra fuerza se desvanecerá y nuestro ingenio resultará inadecuado para alcanzar nuestras metas, tal como se dice en las Escrituras: "Atrapa al sabio en su astucia"11 12; "De nuevo vi bajo el sol que la carrera no es para los veloces, ni la batalla para los poderosos, ni el pan para el sabio"13; "Los leones jóvenes están pobres y hambrientos, pero aquellos que buscan a Dios no carecen de nada de lo bueno"14.

Si confiamos en nuestra gran riqueza, ella nos será quitada y entregada a alguien más, tal como se dice en las Escrituras: "Él yace rico, pero por última vez; abre los ojos, y todo se ha ido"15 16; "No te fatigues por obtener riqueza; de tu propio entendimiento desiste. Antes de que puedas poner los ojos en ella, se habrá ido"17; "Aún joven lo dejará, y en su final él será una desgracia"18. O tal vez se nos niegue la oportunidad de disfrutarla, como el Hombre Sabio [el Rey Shelomó, Salomón] dijo: "Pero el Todopoderoso no le da el poder de gozarla"19. Tenemos esa riqueza meramente como un depósito para mantenernos lejos de todo daño, hasta que llega a alguien que es merecedora de ella, como está dicho: "Pero al pecador Él le da el trabajo de reunir y amasar, para entregarlo al que es bueno delante de Dios"20; "Él lo prepara, por el hombre justo lo usará, y el hombre inocente dividirá la plata"21 22. Esa riqueza quizá resulte también la causa de nuestra perdición y de que perdamos nuestra alma, como está dicho: "Hay una malvada aflicción que he observado bajo el sol: la riqueza reservada para su propietario, para su desgracia"23 24.

El que confía en Dios no se somete ante nadie

Otra ventaja de depositar nuestra confianza en Dios es que tiene el siguiente efecto: aquel que lo hace no se somete a nadie; no deposita sus esperanzas en cualquier hombre o pone su confianza en los seres humanos. No será siervo de ninguno sólo con el fin de obtener sus favores, ni tampoco los halagará. No estará de acuerdo con ellos en lo que no constituya algún servicio a Dios. Sus acciones no lo atemorizarán y no sentirá miedo de enfrentarlos. Se despojará de sus mejores galas, es decir, de los favores de aquellos, y [se liberará] de la carga de expresarles gratitud y de la obligación de corresponderles cuando ello implique tener que darles la razón cuando están equivocados. Cuando les reproche algo no temerá ofenderlos, si es necesario; si los humilla, no será tímido delante de ellos ni adornará lo que es falso. Como dijo el profeta: "Pero Dios, me socorre; por tanto, no fui humillado; por tanto, he puesto mi rostro como una roca, y sé que ya no seré tímido"25; "No sientas temor de ellos, y no temas a sus palabras... No temas a sus palabras, y no te sientas intimidado por ellas"26; "No sientas temor de ellos"27; "Que no te intimiden"28; "He convertido tu frente en diamante, más dura que el pedernal; no les temas y no te sientas intimidado por ellos"29.

Diez diferencias en relación con el alquimista

He aquí otra ventaja: la confianza que depositamos en Dios nos permite alejar nuestro corazón de las preocupaciones mundanas y dedicarlo por completo a Sus caminos para servirlo. Entonces, con esa tranquilidad en el alma, esa paz mental y esa ansiedad mínima, seremos como los alquimistas: aquellos que saben cómo transformar la plata en oro y el cobre y el plomo en plata, por medio de la ciencia y la habilidad. Aún más, los superaremos en 10 aspectos:

Primero. Para su trabajo, los alquimistas requieren ciertos materiales, sin los cuales no pueden hacer nada. Y estos materiales no están disponibles en todo momento o lugar. Pero quien confía en Dios tiene asegurado el sustento por cualquier medio disponible en el mundo, tal como se dice en las Escrituras: "A fin de enseñarles que no solamente de pan puede vivir el hombre; sino que el hombre puede vivir de todo aquello que proviene de la boca de Dios"30 31. Porque no en todo momento o lugar el hombre tiene a su disposición los medios de ganarse la vida, como sabemos por la historia de Eliyahu y los cuervos32 33; la viuda [de Tzarfata]34 35; el pan horneado sobre carbón y un jarrón de agua36 37; y el recuento sobre los profetas y Ovadiá [Abdías], quien dijo: "Yo oculté a cien de los profetas de Dios, cincuenta en una cueva y cincuenta en otra; y los alimenté con pan y agua"38. También está dicho: "Los leones jóvenes están pobres y hambrientos, pero aquellos que buscan a Dios no carecen de nada de lo bueno"39; "Teman a Dios, ustedes sus consagrados, porque quienes temen a Dios no carecen de nada"40.

Segundo. Los alquimistas deben realizar ciertas operaciones y procedimientos, sin los cuales no pueden cumplir sus propósitos. Incluso pueden morir a resultas de los tufos y gases, sin hablar de la incesante labor e incansable esfuerzo tanto de día como de noche. Pero quien confía en Dios está a salvo de todo daño, y puede descansar seguro de que ningún mal le acaecerá. Todo lo que le llegue de Dios le da alegría y tranquilidad; se gana la vida con paz mental, calma y tranquilidad, tal como está escrito: "Me hace yacer sobre verdes praderas, Él me lleva junto a arroyos tranquilos"41.

Tercero. Los alquimistas no confían sus secretos a nadie más, a fin de cuidarse a sí mismos. Pero el que confía en Dios no teme a nadie; prefiere gloriarse en Él, como el Rey David, la paz esté con él, dijo: "En Dios confío y nada temo; ¿qué puede hacerme el hombre?"42.

Cuarto. Los alquimistas no tienen otra elección sino preparar una gran cantidad ya sea de oro o plata, a fin de tenerla disponible cuando la necesite, o sólo lo suficiente para un corto período de tiempo.

Si preparan una gran cantidad, siempre sentirá miedo, porque la perderá de una forma o de otra. No tiene paz mental, su espíritu no estará tranquilo, debido a que, por causa de su riqueza, teme al rey y a la gente.

Sí, por otro lado, prepara sólo lo suficiente para satisfacer sus necesidades por corto tiempo, puede sucederle que, cuando tenga imperiosa necesidad de esa riqueza, no será capaz de producirla, por carecer de uno u otro de los materiales necesarios.

El que confía en Dios, sin embargo, es fuerte en su confianza de que Dios le proveerá el sustento de acuerdo con Su Voluntad, en el momento o el lugar que Él lo desee, tal como nutre al feto dentro del vientre materno o al pollo dentro del huevo, donde no hay fácil acceso de nada desde el exterior, al ave en el aire, al pez en el agua, y a la minúscula hormiga pese a su debilidad, en tanto que el león a veces carece de alimento, como está escrito: "Los leones jóvenes están pobres y hambrientos, pero aquellos que buscan a Dios no carecen de nada de lo bueno"43 44; "Dios no permitirá que el justo pase hambres"45; "he sido joven y ahora he envejecido, pero nunca he visto a un justo desamparado, o a sus hijos implorando por pan"46 47.

Quinto. Los alquimistas, por su ocupación, viven con temor y amenazados por todos, desde el rey hasta el más humilde del pueblo. Pero quien confía en Dios es reverenciado por el rey y por los más respetados hombres; hasta los animales y las rocas buscan cumplir su voluntad, como dice el salmo: "Aquel que vive bajo el refugio del Más Alto..."48, desde el principio hasta el final; y como dice: "En seis crisis Él te salvará; en siete ningún mal caerá sobre ti49. En tiempos de hambre, Él te redimirá de la muerte", y así sucesivamente, hasta el final del capítulo50.

Sexto. Los alquimistas no están a salvo de la enfermedad ni de cualquier mal que echa a perder su placer por su riqueza y le impide disfrutar sus posesiones y deleitarse con sus adquisiciones. Pero quien confía en Dios está a salvo de los males y las enfermedades, a menos que le lleguen en forma de expiación o para incrementar su recompensa en el otro mundo, como está escrito: "Hasta los jóvenes se cansan y se fatigan, y hasta tropiezan y caen. Pero quienes tienen esperanza en Dios renovarán su fortaleza"51; "Porque las armas de los malvados serán destrozadas, pero Dios protege a los justos"52.

Séptimo. Los alquimistas quizá no sean capaces de mantenerse a sí mismos con todo el oro y la plata que posean, porque pueden llegar momentos en que no habrá comida en su ciudad, como está dicho: "Arrojarán su plata hacia las calles"53; "Ni su plata ni su oro podrán salvarlos"54. Pero en todo momento y lugar, hasta el final de los días, el sustento llegará al que confía en Dios, como está dicho: "En tiempos de hambre Él te redimirá de la muerte"55; "Dios es mi pastor, nada me faltará"56 57; "No conocerán la desesperación en los días malos, y tendrán para comer en tiempos de hambre"58.

Octavo. Los alquimistas no se quedan por mucho tiempo en un solo lugar, porque temen que sus secretos sean descubiertos. Pero el que confía en Dios está seguro en su tierra y tiene paz en su ciudad, como está escrito: "Confía en Dios y haz el bien; vive en tu tierra y disfruta tu sustento"59; "Los justos poseerán la tierra y habitarán en ella para siempre"60.

Noveno. Las habilidades de los alquimistas no los acompañan en su último viaje, y en este mundo no obtienen nada mediante ellas más que seguridad contra la pobreza y evitan así depender de otras personas. Pero el que confía en Dios será recompensado por su confianza en Él tanto en este mundo como en el Venidero, como está escrito: "El que confía en Dios estará rodeado de gracia"61; "Qué grande es Tu bondad que te has ocultado de los que te temen"62.

Décimo. De hacerse pública la naturaleza del trabajo de los alquimistas, puede conducir a su muerte. Ello se debe a que el objetivo de sus esfuerzos y actividades es contrario a las reglas de la naturaleza; y si no sabe ocultar sus secretos, El gobierno autorizará a alguien a que lo mate. Pero quien confía en Dios, cuando su confianza se vuelve conocida, recibirá estimación y honores de parte de los hombres, quienes se gloriarán al estar cerca de él y al verlo. Él será la causa del bienestar de su ciudad y debido a él sus conciudadanos quedarán protegidos contra la desgracia, como está dicho: "Pero el hombre justo es el fundamento del mundo"63, tal como sucedió con Lot en Tzóar64.

En cuanto a la vida religiosa, una ventaja de confiar en Dios es que, si tenemos los medios, nos apresuramos a cumplir nuestras obligaciones monetarias con Dios y con los hombres, con alma dispuesta y espíritu generoso. Si no contamos con recursos, consideraremos esa falta de dinero como un favor de Dios hacia nosotros, porque quedamos libres de las obligaciones con Dios y con los hombres que el dinero nos impone, y quedamos exentos del agravante que constituye conservar y administrar ese dinero, como está dicho sobre uno de los piadosos, quien solía decir: "Que Dios me salve de las distracciones del alma". Le preguntaron: "¿Cuáles son las distracciones del alma?". Él respondió: "Poseer propiedades en cada puerto y en cada ciudad". Así lo dijeron nuestros Sabios, de bendita memoria: "A más posesiones, mayor preocupación"65; "¿Quién es rico? Aquel que se regocija con su porción"66.

Quien confía en Dios obtendrá la ventaja del dinero, es decir, un modo de vida, pero queda exento de la distracción mental del que tiene dinero y constantemente se preocupa por él. Como dijo el Hombre Sabio: "Dulce es el sueño del trabajador, ya sea si come poco o mucho; pero la prosperidad del hombre rico no lo deja dormir"67.

Otra ventaja es que quien confía en Dios no tiene dificultades con su confianza debido a su riqueza, porque no se apoya en su dinero. En lugar de eso, lo considera como un depósito que se le ha ordenado usar de ciertas maneras y para ciertos propósitos, por un lapso limitado de tiempo. Si ese dinero permanece mucho tiempo en su posesión, él no se vuelve arrogante por ello. No obliga a quienes reciben su caridad a que recuerden los favores que les ha hecho, porque estaba sólo cumpliendo con su deber. No desea que le agradezcan o que lo alaben por su bondad, sino que agradece al Creador, bendito sea, por haberlo hecho un intermediario de esa bondad. Si pierde su dinero, no se lamenta o llora por su ausencia. Mejor, agradece a Dios cuando el depósito le es retirado, igual que le agradeció cuando se lo entregó por primera vez. Se alegra con su porción, no busca lastimar a nadie y no codicia las propiedades de nadie, tal como el Hombre Sabio dijo: "El hombre justo come sólo para quedar satisfecho"68 69.

Un corazón en paz gracias a la confianza

Entre los beneficios de la confianza en Dios en este mundo están las siguientes: un corazón en paz, libre de preocupaciones mundanas; un espíritu tranquilo, no perturbado ni preocupado por la falta de gratificaciones corporales; una sensación de calma, seguridad y paz. Como está dicho: "Bendito es el hombre que confía en Dios; Dios será su refugio. Es como un árbol plantado cerca del arroyo, que tiende sus raíces hacia el agua"70 71.

La confianza te libera de los largos y agotadores viajes

Otra ventaja es que el alma queda liberada de la necesidad de lanzarse hacia largos viajes, que consumen el cuerpo y acortan la vida, como está dicho: "Él debilitó mi fortaleza en el camino; Él acortó mis días"72.

Hay una historia sobre un hombre que viajó hasta una tierra distante en busca de un modo de vida. Se encontró a uno de los idólatras de la ciudad hacia la cual había viajado y le dijo:

—¡Que ciegos y carentes de entendimiento son ustedes al adorar ídolos!

—¿Y qué adoras tú? —le preguntó el idólatra.

—Yo adoro al Creador Omnipotente, el Único Proveedor y Sustentador; no hay nada como Él.

El idólatra le dijo:

—Tus acciones contradicen tus palabras.

—¿De qué manera?

—Si lo que dices fuera cierto —dijo el idólatra—, Él te habría dado un modo de vida en tu propia ciudad tal como lo ha hecho aquí, y no habrías pasado por las dificultades de viajar hasta una tierra distante como ésta.

Incapaz de replicar, el buen hombre volvió a su hogar en su tierra natal. Fue entonces que radico en su propia ciudad y nunca más volvió a salir de ahí.

La libertad física y espiritual

Otras ventajas de confiar en Dios es la libertad del alma y del cuerpo de las ocupaciones fatigosas y de las profesiones u oficios que dejan el cuerpo exhausto; y el modo de evitar servir a Reyes. Quien confía en Dios elige un modo de ganarse la vida que proporciona a su cuerpo más descanso, le permite adquirir un buen nombre y le ofrece muchos momentos libres para la reflexión, por lo que se siente más atraído a cumplir sus deberes religiosos, y se halla en armonía con sus creencias. Para fines prácticos, ni siquiera en el más mínimo grado incrementará o reducirá su propia porción, a menos que sea por decreto Divino73, como está dicho: "No del este ni del oeste, y no desde el desierto uno es elevado. Es Dios Quien juzga, humillando a uno y elevando a otro"74 75; "Me hace yacer sobre verdes pastos, Él me guía por arroyos de agua tranquila"76.

La reducción del enojo

Otro beneficio es la reducción del enojo que llega a sentir en sus tratos de negocios, si la mercancía no se vende, si no es capaz de cobrar una deuda o si cae enfermo; porque sabe que él Creador, bendito sea, arregla sus asuntos y elige lo que es bueno para él mejor de lo que él mismo puede hacerlo, como está dicho: "Mi alma, espera tranquila por Dios, porque mi esperanza proviene de Él"77 78.

Sentir felicidad en cualquier situación

Otro beneficio es que esa persona se siente feliz en cualquier situación que enfrenta, incluso si es contraria a su naturaleza, debido a que confía en que Dios hará solamente lo que le beneficie en todas las cosas, igual que una madre amorosa actúa con su hijo pequeño: lo baña y lo cambia, lo envuelve y lo desenvuelve, sin preocuparse por los deseos del bebé. Así dijo el rey David, de bendita memoria: "Tranquila y en silencio he mantenido mi alma, como un niño en los brazos de su madre; mi alma está conmigo como un niño en los brazos de su madre"79 80.

Los siete asuntos relacionados con la confianza

Luego de señalar lo que he reflexionado sobre las ventajas y los beneficios de la confianza en Dios tanto en la vida religiosa como en la secular, explicaré los siguientes siete aspectos acerca de esta confianza:

1. ¿Qué es la confianza? 2. ¿Qué induce la confianza en los hombres? 3. Los fundamentos debido a los cuales se vuelve obligatorio confiar en Dios y, al mismo tiempo, utilizar determinados recursos para obtener un medio de vida. 4. Los casos en los cuales la confianza es aplicable; en los que es merecedora de alabanzas y en los que es reprochable. 5. La diferencia entre la manera en que alguien que confía en Dios emplea los medios para ganarse la vida y la manera en que alguien que no confía en Dios los utiliza. 6. Las diferentes formas en las cuales alguien está obligado a condenar el punto de vista de aquellos que abogan por obtener prolongada gratificación de los deseos mundanales, con la esperanza de servir a Dios una vez que tales deseos hayan sido cumplidos. Éstos son los abogados de la "toma de garantías". 7. Los factores que inhiben la confianza en Dios; un resumen del tema y un breve repaso de sus partes.



Chapter 3: Capítulo 1

¿Qué es la confianza?

La confianza es la tranquilidad del alma del que confía; el apoyo de su corazón sobre aquel en quien se confía para hacer lo que es bueno y correcto para el primero en cuestiones de confianza, de acuerdo con su habilidad y conocimiento de lo que resulta para su bien. Pero lo que se encuentra en la raíz de esta confianza y constituye su origen, sin lo cual no puede haber confianza, es su sensación de seguridad en que esa persona en quien se confía mantendrá su palabra y hará lo que ha prometido, y que tiene en mente beneficiar al primero —incluso en aquello que no se comprometa o se obligue a hacer— por pura nobleza o bondad81.



Chapter 4: Capítulo 2

Los siete factores

Hay siete factores que hacen posible que coloquemos nuestra confianza en otra persona:

Primer factor. Compasión, empatía y amor. Porque cuando reconocemos que nuestros amigos sienten compasión y empatía por nosotros, confiamos en ellos, y nuestra alma descansa respecto a cualquier asunto con el cual atribulemos a nuestros amigos.

Segundo factor. El conocimiento de que, además de amarnos, nuestros amigos no rechazan nuestros deseos; en lugar de ello, luchan para que los cumplamos. Porque si no podemos estar seguros de ellos en estos asuntos, no podemos sentir plena confianza en ellos, puesto que estamos conscientes de, en última instancia, esa indiferencia y rechazo a cuidar de nuestros intereses. Pero si alguien en quien confiamos posee la combinación de estas cualidades (es decir, nos comprende y de manera activa se interesa en nosotros), indudablemente confiaremos en él.

Tercer factor. Que sea fuerte, a fin de que nada lo abrume o le impida cumplir la solicitud sea cual fuera. Si es débil, sin embargo, no podemos sentir plena confianza en aquella persona, aun cuando sea compasiva y participativa; porque la mayoría de las veces no podrá llevar a cabo nuestro propósito. Cuando estas tres cualidades se reúnen en una sola persona, la confianza en ella surge de manera natural.

Cuarto factor. Que la persona en quien confiamos conozca los modos en los cuales puede servir a los intereses de los demás; que nunca ignore lo que nos resulta de beneficio, interna o externamente, y de lo que pueda mejorar nuestra situación. Pero si esa persona no conoce todo esto, no podemos estar tranquilos. Sin embargo, si posee todas estas cualidades —conocimiento de las formas de concretar su bienestar, la habilidad de actuar con base en ellas, controlarlas y tener empatía—nuestra confianza en ella indudablemente se reforzará.

Quinto factor. Quien confía se halla bajo el exclusivo cuidado de aquel en quien confía, desde su nacimiento —en la infancia, juventud, madurez y ancianidad— hasta el fin de sus días. Cuando quien confía se vuelve plenamente consciente de esta relación, la consecuencia es que su alma encuentra tranquilidad en su protector y se apoya en él, debido a sus abundantes favores y continuo apoyo. Esto conduce al reforzamiento de su confianza en él.

Sexto factor. Los asuntos de quien confía están por completo en las manos de aquel en quien deposita su confianza: nadie más puede dañarlo o ayudarle, hacerle un bien o protegerlo contra cualquier daño, como en el caso de un esclavo confinado a la prisión bajo el control de su amo. Cuando alguien se encuentra bajo el poder de aquel en quien confía de este modo, la confianza en él es más adecuada.

Séptimo factor. Aquel en quien alguien confía es absolutamente generoso y amable, para quien lo merece tanto como para quien no lo merece. Su generosidad es perpetua; su amabilidad continua, infalible, incesante.

El que posee todas estas cualidades, junto con aquellas ya mencionadas, reúne todas las condiciones de ser merecedor de la confianza de todos. Quien reconoce esto se halla obligado a poner su confianza en él; a sentirse tranquilo debido a él, en lo externo y en lo interno, en su corazón y con sus miembros; a someterse a él; a aceptar sus decretos, y a juzgarlo favorablemente en todas sus leyes y acciones.

El único que reúne todas estas condiciones es Dios

Cuando investigamos sobre estas siete condiciones, no encontramos ninguna de ellas en ningún ser creado, sino que las hallamos todas en el Creador, bendito sea82.

Él es compasivo hacia Sus creaturas, como está escrito: "Dios es compasivo y otorga favores"83; "Y no tendré compasión de Ninvé, esa gran ciudad"84.

No es negligente, como está escrito: "En verdad, el Guardián de Israel nunca dormita ni duerme"85.

Él es omnisciente e invencible, como está escrito: "Sabio de corazón y grande en poder... ¿quién neciamente se resistió a Él y sobrevivió?"86 87; "Tuya, Dios, es la grandeza, el poder, la gloria, la victoria y la majestad"88; "Hashem tu Dios se halla en medio de ustedes, un Guerrero que trae la victoria"89.

Él solamente gobierna al hombre desde el inicio de su existencia y en su crecimiento, como está dicho: "Si Él no es tu Padre, ¿Quien te creó? Él te hizo y te levantó"90; "Me has dado sustento desde el vientre; del regazo de mi madre me tomaste"91 92; "¿No me derramaste como leche y me hiciste cuajar como el queso?", y continúa así hasta el final del capítulo93.

La pérdida y la ganancia no están controladas por el hombre, sino que están solamente en las manos del Creador, como está dicho: "¿Quien ha hablado y ha realizado, a menos que Dios lo haya ordenado?94 ¿Acaso no salen de la boca del Altísimo los males y los bienes?"95 96; "Los pastos se secan, las flores se marchitan; pero la palabra de nuestro Dios vive para siempre"97 98; "En verdad, las personas no son más que pasto"99. Este atributo ya ha sido suficientemente explicado en el tercer tratado de este libro.

La generosidad de Dios es universal y su bondad abarca todo, como está dicho: "Dios es bueno para todos, y Su misericordia se halla sobre todas Sus obras"100; "Quien sustenta a toda carne, porque Su amor perdura para siempre"101; "Tú abres Tu mano y satisfaces las necesidades de toda cosa viviente con bendiciones"102.

Que estas siete cualidades estén reunidas en el Creador, bendito sea, y no en las creaturas, está dictado por la razón (la lógica); los versículos mencionados hasta aquí de las Escrituras se han citado solamente como un recordatorio.

Cuando esto se vuelve claro para nosotros, y nos sujetamos con firmeza a la verdadera naturaleza de la bondad del Creador, confiamos en Él, nos rendimos completamente a Él, dejamos la conducción de nuestra vida en Sus manos, nunca sentimos sospecha de Su juicio ni nos sentimos molestos con lo que Él haya elegido para nosotros, como dijo el rey David, de bendita memoria: "Alzo la copa de la salvación, y clamo el Nombre de Dios"103; "Encuentro dificultades y dolor, y clamo el Nombre de Dios"104 105.



Chapter 5: Capítulo 3

Los cinco requisitos

Ha y cinco requisitos cuya comprensión y realización nos llevan a la completa confianza en Dios:

REQUISITO NÚMERO UNO. Debemos creer y reconocer con claridad que las siete cualidades, si están reunidas en el objeto de nuestra confianza y son las que hacen posible confiar en alguien, se hallan reunidas en Dios. Ya las he mencionado y las he discutido a la luz de versículos tomados de las Escrituras. Estas son:

Primera cualidad. El Creador, bendito sea, es el Único más compasivo de todo hacia el hombre. La compasión y la misericordia mostradas hacia el hombre por cualquiera aparte de Él se derivan de las propias compasión y misericordia de Dios, como está dicho en las Escrituras: "Y Él te dará compasión, y tendrá compasión de ti, y te multiplicará"106 107.

Segunda cualidad. Ninguno de los modos en los cuales el bienestar del hombre le es otorgado son desconocidos para el Creador, bendito sea. Esto tiene un motivo lógico: el hombre es una de las obras de Dios y no hay nadie que conozca más sobre lo que beneficia a algo o lo daña, respecto a los percances que puede sufrir, las penas que pueden perturbarlo y lo que puede curarlo mejor que su Hacedor. Si así ocurre entre los artesanos humanos, quienes no crean ninguna de sus obras excepto por accidente y de manera transitoria108, y no poseen ninguna habilidad o poder para crear la base o la forma esencial, ¡tanto más sucede con el Creador de la esencia de un ser humano, su forma, carácter y unidad metódica! El Creador es, sin lugar a dudas, absolutamente sabio y conocedor de todo lo que es benéfico o dañino o bueno para el hombre, en este mundo y en el Venidero, tal como está escrito: "Yo soy Hashem tu Dios, Quien te instruye para tu propio beneficio, Quien te guía en el camino por el que debes ir"109; "Porque a quien Dios ama Él reprende, como lo hace un padre con su hijo amado"110.

Tercera cualidad. El Creador, bendito sea, es el más fuerte entre los fuertes. Su palabra es absoluta: nadie puede revocar Sus juicios, como está dicho: "Lo que Dios ordenó, Él lo hizo"111; "Así es la palabra que procede de Mi boca; no retorna a Mí vacía, sin realizar lo que Yo ordeno"112.

Cuarta cualidad. Él supervisa la dirección de todos los seres humanos. Él no los abandona ni los ignora; ninguno de sus asuntos, pequeño o grande, están ocultos para Él; un asunto no lo distrae de otro. Así está escrito: "¿Por qué dices, Yaacov, por qué declaras, Israel: 'Mi camino está oculto de Hashem, mi causa ha sido retirada de delante de mí Dios'? ¿Acaso no sabes? ¿No has escuchado? Hashem es el Dios del Universo, Creador de los confines de la tierra; Él no se cansa ni se fatiga, Su sabiduría es inconmensurable"113.

Quinta cualidad. Nadie puede beneficiar o lastimar ya sea a sí mismo o a alguien más sin el permiso del Creador, bendito sea. Porque si un siervo tiene más de un amo, y cada uno de éstos puede ayudarle, es imposible que se apoye exclusivamente en alguno de los dos, debido a que espera ayuda de ambos. Si uno de sus amos puede ayudarle más que los otros, su confianza sobre éste será mayor, en proporción al poder de esa persona, aunque también se apoyará en los demás. Si uno solo de ellos puede beneficiarlo o dañarlo, necesariamente debe depositar su confianza de manera exclusiva en esa persona, puesto que no espera ayuda de ninguno más.

Así, también, si una persona se da cuenta de que ninguna de las cosas creadas puede ayudarle o dañarla si no es con el permiso del Creador, bendito sea, alejará su corazón del temor hacia ellas ni esperará algo bueno de ellas, y confiará en el Creador solamente, como está dicho: "No confíes en los gobernantes, en un ser humano, en quien no hay liberación"114 115.

Sexta cualidad. Debemos estar conscientes de la abundante bondad de Dios hacia el hombre, es decir, hacia nosotros; de cómo, en Su gran misericordia y gracia, Él nos creó para nuestro bien, sin que lo mereciéramos, y no por mera necesidad de hacerlo, sino, en realidad, como un regalo, un favor y una gracia, tal como explicamos en el Portón de la Reflexión. Así lo dijo el rey David: "Innumerables son los actos que Tú has realizado, Hashem mi Dios, Tus maravillosas acciones y pensamientos hacia nosotros; yo declaro y pronuncio: nadie puede compararse contigo; [Tus maravillas] son demasiado grandes para contarlas"116 117.

Séptima cualidad. Debería quedarnos claro que todas las cosas creadas en este mundo, tengan sustancia o existan por accidente, tienen límites definidos. Nada puede añadirse o disminuirse de lo que el Creador, bendito sea, ha decretado en cuanto a su cantidad, calidad, momento o lugar. Nadie puede incrementar lo que Él ha decretado que sea poco, o disminuir lo que Él ha decretado que sea abundante. Nadie puede posponer lo que Él ha decretado que suceda, o adelantar lo que Él ha decretado que ocurra tarde. Y todo aquello que ocurre contrario a esto fue así decretado desde el mismo Principio; es sólo que todos estos decretos tienen causas [naturales], y estas causas tienen causas [que les preceden].

La ilusión de que la causa creada produce cambios

La persona que no comprende los asuntos del mundo piensa que es la causa nueva, creada, la que produce cambios en las cosas y su transformación de un estado a otro. En realidad, la causa es demasiado débil e insignificante para provocar un cambio o transformación en la esencia de las cosas. Percibimos, por ejemplo, que un simple grano de trigo produce trescientas espigas, cada una de las cuales contiene treinta granos, de modo que un simple grano produce diez mil más, o casi esa cantidad. ¿Puede alguien no reconocer que la fuerza [inherente] en ese grano no es suficiente para producir tal cantidad? Y así sucede con otros granos que se plantan. Lo mismo se aplica a la generación de un ser humano y de otras criaturas vivas a partir de una gota de semen, o al crecimiento de un gran pez a partir de un minúsculo huevecillo.

Los resultados no pueden ser alterados

Preocuparnos en adelantar lo que el Creador, bendito sea, ha retardado, o retardar lo que Él ha adelantado, o incrementar lo que Él ha disminuido, o disminuir lo que Él ha incrementado entre Sus posesiones mundanas —si no conlleva el cumplimiento del deber de servir a Dios y aceptar Su Torá— refleja falta de reconocimiento de la verdadera naturaleza de Su sabiduría, así como ignorancia de los beneficios de Su gobierno118.

El Hombre Sabio aludió a esto en su proverbio: "Hay un momento para todo; un momento para hacer todo bajo los Cielos"119 120. Luego presentó 28 ejemplos, desde "Un momento para nacer y un momento para morir", hasta "Un momento para la guerra y un momento para la paz"121. Y dijo más adelante: "Porque un momento de calamidad llega a todos"122 123; "Porque alguien elevado es observado por otro más elevado, y hay todavía otros más elevados sobre ellos"124 125. Las formas en que el Creador juzga son demasiado ocultas, profundas y elevadas como para que nosotros lleguemos al conocimiento de sus particularidades, y ciertamente no de sus principios generales. Como está escrito: "Porque los Cielos están más alto que la tierra, así son Mis caminos más elevados que los suyos, y Mis pensamientos que los suyos"126.

REQUISITO NÚMERO DOS. Deberíamos saber y darnos cuenta de que el Creador, bendito sea, nos observa y nada está oculto de Él: ni nuestra vida externa o interna, ni nuestra apariencia exterior ni nuestras convicciones internas. Y sabe si confiamos en Él sinceramente o no. Como está escrito: "Dios conoce los pensamientos del hombre, que ellos son vanos"127; "¿Acaso Él, el que pesa los corazones, no comprende?"128; "Porque solamente Tú conoces el corazón de todos los hombres"129.

Cuando esto queda claro para nosotros, resulta impropio manifestar con palabras que confiamos en Dios si no lo hacemos de corazón y desde lo más profundo de nosotros. Porque entonces caeremos hasta el nivel de aquellos de quienes se ha dicho: "Con su boca y con sus labios me honran, mientras su corazón alejan de Mí"130.

REQUISITO NÚMERO TRES. Debemos confiar en Dios solamente en cuestiones en las cuales estamos obligados a hacerlo. No debemos asociarnos con nadie más que Él, es decir, confiando en Dios y al mismo tiempo en una de Sus criaturas; porque esta confianza en Dios se echará a perder al asociar a alguien con Él. Conocemos lo que se dijo de Asá, quien, con todo y su piedad, se apoyaba en los doctores: "Incluso en su enfermedad no buscó la ayuda de Dios, sino de los médicos"131, y fue castigado por ello. Las Escrituras también dicen: "Bendito es el hombre que confía en Dios, quien hace de Dios su refugio"132. Es bien conocido que, cuando dos o más personas son designadas para llevar a cabo cierta tarea, el proyecto fracasa133; ciertamente, entonces, si confiamos en Dios y en alguien más aparte de Él, nuestra confianza no sirve de nada, y esto será el principal factor en ese rechazo hacia el objeto de nuestra confianza, como está dicho: "Maldito es el hombre que confía en el hombre y hace de la carne su fortaleza, en tanto que su corazón se aleja de Dios"134.

REQUISITO NÚMERO CUATRO. Debemos ser extremadamente cuidadosos y hacer los mayores esfuerzos para cumplir lo que el Creador requiere de nosotros para servirle, para llevar a cabo Sus mandamientos y para mantenernos lejos de lo que Él nos ha prohibido, de la misma manera en que nos gustaría que el Creador estuviera de acuerdo con aquello por lo cual nos apoyamos en Él. Como dijeron nuestros Maestros, de bendita memoria: "Haz Su voluntad como si fuera la tuya, de modo que Él haga tu voluntad como si fuera la Suya. Anula tu voluntad delante de la Suya, para que Él anule la voluntad de otros delante de la tuya"135. Y está escrito: "Confía en Dios y haz el bien; habita la tierra y disfruta tu alimento"136; "Dios es bueno para aquellos que esperan en Él, para el alma que lo busca"137.


Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-16 show above.)