Excerpt for Todavía No by Eduardo Acevedo, available in its entirety at Smashwords

Todavía No


por


Eduardo Acevedo



Smashwords Edition



Copyright © 2007 Eduardo Acevedo

All rights reserved.

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Contenido

Por encima

Hay una flor

Sueños pendientes

El problema de las drogas

Vidas secretas

Sentí la vida

¿Qué te puede importar?

El costo de la guerra

La vida líquida

Sentirse bien

Generosidad

Sexto sentido

Democracia

Soneto

Algo se inclina

Combina bien

Necrológicas

Pasado mucho tiempo

El caballero y el ladrón

Ramona

Pensando en los demás

No espero

Cualquier otra

El plexo orbital

Los suicidas

Pereza

Brillante

Fatal

Mundo ciruela

Tractatus

Disquisiciones literarias

Como los locos

Los originales

Dime

Balance

Bizcos

Hay algo hermoso

Si tuviera otra vida

Gracias, muchas gracias

Bicicletas

Monasterio

Llavero

La lista

Mi generación

No te confíes

La adolescente

Inofensivo

Ideas

Mi estrella

Che, Oliverio…

Sabueso

La energía

Tu boca o mi boca

En nombre del amor

Lo mismo

Visita

Cuando termino un libro

Por encima


Vivo por encima de mis posibilidades.

¿Cómo es posible?

Tengo un amigo prudente

viviendo por debajo de las suyas

y si quieren una explicación,

se concentra más en los balances

descuidando los límites.

Pero ¿quién conoce bien los límites?


Debo ser un farsante

tomando porciones de más

con algún arte ilusionista.

O un ingenuo sin terminar la lección

en el libro de las limitaciones.

Hasta he pensado

que el Río de la Plata deja

un sedimento extraño en la sangre.


Mis posibilidades

tienen esa cualidad elástica

exhibida por los felinos

o la ropa interior femenina

para estirarse maravillosamente.

Aún así, voy por encima,

averiguando cómo se rompen las cosas.


Por suerte hasta ahora,

no sé quién está pagando la cuenta.

Hay una flor


Una flor en la India

abre sus pétalos

sólo una vez.

Cada marinero tiene

su puerto y fecha precisa.

Cada lotería tiene

un día premiado acechándote.

Hay una piedra en Sumatra

y otra en Brasil con tu nombre.


Hay un amor con silla reservada

en cada café.

Hay un gesto heroico,

un minuto salvador,

un almacén con tu felicidad.

Hay un vuelo fatídico

ahuyentando destinos.


Con qué inocencia

dejamos pasar nuestros chances.


Con qué resentimiento

esperamos nuestro turno infinito.

Sueños pendientes


Estoy recogiendo

sueños pendientes

para hacer un inventario.

O para hacer una corona de rosas

ocupando el lugar de las espinas.

Un colchón de sueños pendientes,

un buen stock.

Deben ser sueños livianos

para llevar a todas partes,

sueños comodín

para cualquier ocasión.


Si en el inventario

aparecen algunos repetidos,

acepto cambalaches.

Ni más faltaba que no me sirvieran

sueños ajenos postergados

a cambio de mis obsesiones.

El problema de las drogas


Hacer un ghetto con los que se drogan,

establecerlos aparte

como ya hicimos con los locos,

no es posible.

Demasiada gente de por medio.


Deberíamos destinar recursos

incentivando las mentes brillantes

para descubrir una pastillita

al alcance de todos

y sin efectos secundarios.

Que naturalmente atraiga

a la clientela actual

y por qué no, también a la potencial.


Sin destrucción ni dependencia física

y con el costo de una chocolatina.

¿Te levantaste deprimida

y con mucho por hacer?

Toma la pastillita.

¿No tienes tiempo para la posición de loto?

Toma la pastillita.

Como no generaría dependencia

ni se perdería lucidez,

ni habría gran negocio de por medio

-ya se lo dije,

como una chocolatina,

sin la sordidez y criminalidad habitual-

tendría una familiaridad en nuestras vidas

parecida a la aspirina.


No faltarían las doctrinas

y los masoquistas

oponiéndose a esta felicidad instantánea,

con el solo argumento válido

de no costar esfuerzo.

Para que los débiles,

malogrados,

o con intolerancia a este mundo

se las sigan arreglando

como puedan.

Vidas secretas


Tuve una vida secreta

con una vecinita

tiempo atrás.

En los recuerdos de la infancia

aparece su imagen cómplice

y mi silencioso enamoramiento.

Si acaso,

sólo ella sabría

de nuestro romance.


También fui el personaje

invisible de Salgari

acompañando a Sandokán

por los mares del sur.

Como todo niño debe ser

cuando lee a Salgari

y su mamá lo llama a comer.


Vidas pródigas

en anhelos e intimidad.

Luego en la adolescencia

comenzó mi interminable

vida secreta de Casanova:

perdido tras la más bella de la barra

mientras la traidora

prefería a otro,

me desquitaba

en nuestra vida oculta

con algún mohín cariñoso.

Y de allí a la farándula,

fue un paso:

actrices, modelos

y demás ninfas

pasaron por mis brazos soñadores.


Cuando comencé seriamente

a tomar decisiones

-cuando seriamente

las demandaron de mí-

inicié mi saga de vidas conjeturales,

detectivescas,

siguiéndole la pista a las posibilidades

que no iba escogiendo.

Vidas secretas consoladoras,

donde a menudo me iba mejor.


También llegaron

las injusticias de la vida,

las situaciones trampa

donde uno es el ratón.

Y desarrollé las vidas sibilinas,

las vidas simuladoras

burlándome con gesto adusto

y haciendo pistola por detrás.


De maduración más tardía

florecieron las vidas íntimas

con intuiciones incontrovertibles,

resignadas certidumbres

y talentos afinados a la sombra.


Dicho esto,

no te preocupes por algunas

de tus probables vidas sórdidas

mi pequeña muñeca rusa,

que aquí estamos

adivinándonos los dos.

Sentí la vida


Sabía que no sería una alegría.

Sabía que algún día llegaría

como algún día me llegará la muerte.

Sabía que terminaría viendo

tu verdadero rostro.

Sabía que mi mirada desapasionada

no perdonaría detalle.


Todo eso lo sabía de sobra

y para muestra,

observen mi cuero curtido.

Hasta esperaba un giro imprevisto,

alguna última flaqueza por descubrir.

Daba por descontado

el desencanto y el alivio.

Es más, había tenido en cuenta

la porción cruel

de mi corazón vacío

y para la eventualidad,

ensayado alguna calidez.

Una estupidez desde luego,

pero mejor que una crueldad a secas.


Sentí todo eso

que había previsto.

Sentí la vida

un poco más fea y vacía

que de costumbre.

¿Qué te puede importar?


¿Qué te puede importar, querido lector?

Eufórico, obsesionado,

estarás en un estado

poco apto para leer:

te es suficiente la euforia.

¿Desalentado…? ¿Indiferente…?

Tal vez algo que se deje leer solo,

con el esfuerzo

de una sonda intravenosa.

Yo en esos casos,

prefiero la televisión.


Y lo que te importa,

¿por qué querrías leerlo?

Mejor ir a buscarlo…

Tal vez un anticipo, un simulacro,

el escozor ajeno,

los guiños desapercibidos.

Necesitas comer y bostezar,

un buen sueño.

Si necesitaras leer,

estarías en problemas.


Estás en problemas.

Atrapado como yo,

por el otro extremo.

¿Cuántos crepúsculos memorables,

cuántos gatos vinieron

a nuestro regazo?

¿Cuándo ocurre el gesto,

el límite irrepetible?


Está bien.

Quieres repetir

y yo o cualquier otro

te dará gusto.

Del género y estilo que prefieras.

Prometo al terminar de escribir

hacerle cosquillas a Cris.

Y tu promete que no leerás

por un tiempo.

El costo de la guerra


Ese soldadito cayendo de primero

tenía mal sintonizado

su instinto guerrero.

Su guerra fue corta.

Le costó la vida

y probablemente no era su guerra,

distraído de sus verdaderos asuntos

en un mal momento.


Hay otras guerras más largas.

Algún joven intelectual romántico

acompañando a Stalin

y soportando el resto de su vida

la estupidez y la crueldad.

Y para su fastidio, llegar a viejo.


Los más afortunados

elegimos nuestras guerras.

Debió ser la leche materna

o una canción de cuna favorita

lo que dispuso mi temperamento

para el lado equivocado.

Beligerante precoz,

fue ventajoso recibir

y repartir trompadas

equilibradamente durante la niñez.

Pasaron rápido los moretones

y resentimientos.


Ahora me tocan

las guerras privadas cotidianas

ya lejanas de inocencia.

Tantos haciendo la carrera de héroe

me dejan sólo vacantes de villano.


También hay gladiadores

sin ver el león que los come.

Campeones en cumplimiento,

se descuidan con los aplausos

y la gritería del circo.


Guerra es guerra.

No hay guerra gratis.

Toda victoria

pasa después su cuenta

y el único que tiene restos

es el victorioso.

Confieso que demoré en entender

esta aritmética tan elemental,

pero desde entonces

cuido mi fama

para poder huir gallardamente.

La vida líquida


Las modas

son graciosas alteraciones

de algo pasado

-sin gracia, no se pondrían de moda.

En esta fase líquida,

mudable, precaria y nómada del mundo,

preocúpame sobremanera

que descubran mi prontuario cavernario

de veintisiete años ininterrumpidos

de relación amorosa,

junto con otros veinte laborales.

¿Qué clase de adefesios

podrá contar sobre la vida

semejante visión momificada?


Como en este mundo tan comunicado

todo se sabe o puede llegar a saberse

a nuestro pesar,

es mejor protegerse

con una autoconfesión a tiempo.


Mi línea de defensa débil

es por el lado de la suerte

-¿y qué quieren?

no tengo la culpa de tener suerte-

junto a la alegría ganando

por poco margen

todos los cierres de año.


Mi línea de defensa fuerte

es por el lado del dinero,

el cual hay que poseer

en cantidad apreciable

para poderlo despreciar.


Estoy simplemente en fase

amorosa acumulativa,

llevándoles bastante ventaja

a ustedes

licuefactivos presumidos.

Sentirse bien


Las acciones públicas nos redimen

de nuestras habituales canalladas privadas,

serenando culpas y búsquedas.

Hay cierta indignidad práctica

volviéndose más público.


También cuenta,

el cuarto de hora de bondad semanal

disponible para todos,

que deberemos hacerlo coincidir

con una oportunidad propicia.


Si a esto le sumamos

un comentario genuino que haga usted

sin los sofisticados referentes teóricos

para opinar hasta del pan,

-debe estar muy astuto o muy ingenuamente

desprevenido para ello-

junto a un generoso impulso de no opinar

cuando le dan servida la ocasión,

entonces digo,

le puede comenzar

una incipiente sensación de bienestar,

que le dará confianza para cambiar

esa eterna película de acción

por algo más reposado

como la historia de la polilla.

Generosidad


Si el libro te gustó,

dáselo a un amigo.


Si no te gustó,

olvídalo en alguna plaza

o cafetería.


¡Anímate!

que es sólo un libro.

Mañana quién sabe…

tal vez sea

tu mujer.

Sexto sentido


Hay quienes averiguan

minuciosamente

antes de adquirir un auto.

Los ensayan

con pruebas de esfuerzo,

radio de giro,

estabilidad,

comodidad,

economía,

valor de reventa

y no sé cuántas cosas más.


Hay quienes se ahorran

el esfuerzo,

asesorándose con un amigo

del grupo anterior.


Otro grupo numeroso

hace las pesquisas a medias

y una vez realizada la compra,

se transforman en ávidos

recolectores de información

validando la elección realizada.

Hay algo de pereza

y de soberbia

y de estupidez en este proceder.

Y algo de confianza

en un radar interno

para tomar decisiones

sin mayor fundamento.


Hasta supe de alguien

que decidió quedarse

con un usado

porque sí,

por el primer golpe de vista

a las farolas delanteras.


Qué instintiva confianza ¿no?

Aunque no recuerdo bien

si se trataba de su auto

o de su actual mujer…

Democracia


El animal político en ejercicio,

en funciones,

para lograr su elección,

debe carecer de las virtudes políticas

que nosotros los ciudadanos

admiramos.


Esas virtudes políticas

que nosotros los ciudadanos

no poseemos,

pero buscamos

legítimamente en nuestros

animales políticos preferidos.


Así la democracia

termina siendo

un ejercicio de imaginación.

Soneto


Este soneto quiere presentarse

cumpliendo formal, justo casi justo,

reglas encaminadas a ese busto

tan grandioso y esquivo de ganarse.


Con tanta filigrana logra odiarse

esa manía que hace perder gusto

por frases con pasión sin gesto adusto,

sin métrica y acento por cuidarse.


Aunque sería tonto que negara

esta belleza rítmica, celeste,

con siete siglos, alguien bautizara.


Por lo que elegiré sin que moleste

palabras vanas, ritmos con la vara

celeste, sin que ¡ay! nada me cueste.

Algo se inclina


Si podemos escuchar

una frase graciosa

y alguien

nos puede saludar

con natural afecto,

no estamos perdidos.


Tampoco estamos ganados,

pero el día se inclina

levemente

hacia la dicha.

Combina bien


Mientras pensaba que ella

estaba aburrida,

se sentía tranquilo.


Ahora que conoce

su tranquilidad,

le entró a él

el aburrimiento.


¿De quiénes hablo

y en cuáles relaciones?

No importa mayormente.

Se aplica a cualquier situación

donde lo ruin tenga cabida.


No tema usarlo

en diversas circunstancias.

Como el color negro,

con todo combina

y a cualquiera le sienta bien.

Necrológicas


¿Habrá alguna sección

menos deseada de escribir

en un periódico

que las notas necrológicas?

Lo dudo.


Son los forenses de la medicina,

los deshollinadores

de los oficios hogareños.


Claro que es

una primera impresión,

tal vez torpe,

como suelen ser

las primeras impresiones.


El buen hombre

sólo tiene que informarse

y escribir

sobre las cosas buenas

que hizo el finado.

Y en ese sesgo hacia

el lado bueno

se le puede ir tranquilamente

la mano, y aún inventar.

Total,

¿quién tendrá la mala leche

para hablar mal del difunto?


Nada más reconfortante

y enternecedor

que redactar su propia

nota necrológica anticipada.


Y si redondea bien

su epitafio para la lápida,

el mundo le va a quedar pequeño.

Pasado mucho tiempo


Las obras de nuestro agrado

pasado mucho tiempo,

no deberíamos releerlas.

Han ido mejorando el estilo

y hay sutilezas del espíritu

acomodándose al nuestro

cada vez mejor.

Hasta recordamos frases

que sería una desilusión

encontrarlas afeadas

en el texto original.


A nuestros viejos amores

pasado el tiempo,

tampoco deberíamos

verlos otra vez.

El caballero y el ladrón


El caballero y el ladrón

se caracterizan

por su interés

en no hacerse notar.


El caballero

no da trabajo,

facilitando las cosas.

El ladrón fastidia

a la víctima,

a la aseguradora

y a la policía

que lo quiere atrapar.


El caballero recibe

sin haber buscado,

lo que el ladrón

obtiene esforzado.


Vaya comparación,

como de un paraguas

con una gallina ciega.

Pero eso

de no hacerse notar,

le da al ladrón

cierta distinción.

Ramona


Ramona por favor

recoja todo de la mesa,

menos los líquidos.


¿Recojo esta ensaladera?

¿Recojo este plato?

¿Y esta fuente…?

Pensando en los demás


Querida, ese vestido te luce

muy bien cuando caminas.

No te lo puedes ver,

pero eres feliz

dando gusto a los demás.


Y cuando subas al escenario

para seducirnos con tu actuación,

tampoco te podrás ver,

sacando a relucir

tu altruismo otra vez.


Ya rendida por la noche

cuando simules ese éxtasis,

engañarás agradablemente

a tu marido

por partida doble.


Mañana tampoco

lo sentirás conmigo

y es una lástima

que no te puedas ver.

No espero


Cuando estoy sintonizado

no espero nada.

Es decir,

no demando acuerdo,

aceptación o gozo.

No espero una acción

hacia mi agrado.

Sería grato que ocurriera

pero no la espero.


Entendámonos,

tampoco espero un desprecio

o una idiotez inhabitual.

No espero descortesías gratuitas

ni violencias.

No espero traiciones.


En los que me rodean,

no supongo nada

por encima

de sus flaquezas conocidas.


Y no me acostumbro

a las sorpresas por debajo.

Cualquier otra


Pudiste ser cualquier otra

en este jardín terrenal.

Cuánta belleza

circulando por las calles.

Cuántas miradas indiferentes

buscando algo.

Cuántas esquinas

para toparse por sorpresa.

Cuántas desconocidas

con lo necesario para turbarme.


Elegirnos entre tantas

posibilidades favorables,

fue un accidente de la atención.


Bien pudo ser una tragedia

esta bendición.

El plexo orbital


Al gran plexo solar ¡salud!

Coronado de gloria por los vagos

y simpáticos que andan por ahí,

usted naturalmente

no entiende nada.


Al plexo sacro no espere encontrarlo

en algún acto litúrgico

con incienso y cánticos sagrados.


Sin saberlo tal vez, usted

ha curioseado el plexo sideral

con los horóscopos,

las cartas astrales

y con más seriedad

en algunos atisbos ultramundanos.


Pero el gran desconocido

es su plexo orbital.

Una verdadera lástima,

habida cuenta su responsabilidad

en el entrecruzamiento

de los planos vitales.

No se preocupe con esos conceptos raros:

usted está solo y se siente solo

rodeado de gente.

Se roza, se apretuja en congestiones,

trenes, ascensores y fiestas,

sintiéndose aislado.

Su vida se parece a esas historietas

por cuadros sucesivos

que se no tocan, entrecruzan o solapan.


Imagínese en París

-si está en París, imagínese en Roma-

entrando a un concierto de piano

de cuarta categoría,

en una tarde lluviosa

y saliendo del brazo

con una concertista vieja y chiflada.

Usted entonces, ha entrecruzado

sus planos vitales con la chiflada

y con Julio Cortázar,

gracias a que su plexo orbital

se conectó con el de ellos.


¿Quiere abandonar su soledad,

su aislamiento?

¿Quiere saber quiénes diablos

son sus vecinos,

sus compañeros de trabajo?

No lo piense dos veces,

que es muy sencillo de resolver:

así como los ladrones de sopetón le dicen:

¡la plata o la vida!

usted puede decirles:

¡El plexo orbital o el pubis!

Los suicidas


Los suicidas

se toman muy en serio

la vida en general

y la propia en particular.


Semejante desinterés

por ambas,

debe contener

una decepción similar.


Pero los suicidas se suicidan

y deben tener sus razones.


Nadie sabe

lo que vendrá después,

salvo que es mucho tiempo

para no tomarse molestias

en esta breve función.

Pereza


Pereza de hacer algunas cosas.

O simplemente

pereza de vivir.


Cualquier cosa interesante

ahuyenta rápido la pereza.

Cualquier cosa apasionante

vence incluso a la fatiga.


Hay infatigables apasionados

e infatigables con miedo

a contagiarse de pereza.


Infatigablemente aburridos,

algún día perderán el miedo

y caerán en la pereza.


Hartos de inacción,

algún día una pasión

los salvará.


Y descansarán

en el reino del ocio.

Brillante


La frase brillante,

la actuación brillante,

la conducción brillantemente audaz,

la brillante seducción

y la melodía brillante,

están en los libros que lees,

en los programas que observas,

en la música que escuchas

y las revistas que hojeas.

Son momentos brillantes de la vida.


Se dan a cuentagotas

en tus frases,

en tus conversaciones

y en tus inspirados y escasos

instantes brillantes.


Mientras tú te ocupas

de vivir la vida,

los medios viven de perpetuar

los momentos brillantes.

Para aquellos rutinarios,

insípidos

y aún estúpidos,

cada cual se basta a sí mismo.

Fatal


A las fatalidades hay que cerrarles

nuestra puerta

o al menos no invitarlas a entrar.

Ellas tienen su hora

y su compañía preferida:

un amor turbio,

un exabrupto de ira,

un descuido peligroso,

un mal cálculo,

un optimismo inmoderado,

una complacencia indolente,

una racha de mala suerte.


Tú por ejemplo,

eres una mujer fatal para mi vida,

de la cual debo cuidarme

y espantar todo lo que pueda.

Si te gustaran

los chocolates con caramelo,


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