Excerpt for Contabilidad del Alma by Joseph Jaim Zonana Senado, available in its entirety at Smashwords



JESHBÓN HA-NEFESH

Contabilidad del alma

Por:

Rabí Mendel de Satanov

Con un Prefacio de

Rabí Yitzchok Isaac Sher de Slobodka

Traducido y preparado para su publicación en español por

Joseph Jaím Zonana Senado.

Con base en el texto original en hebreo y traducciones al ingles de

Rabí Shraga Silverstein

y David Landesman.

PUBLISHED BY JOSEPH JAIM ZONANA AT SMASHWORDS

COPYRIGHT 2010 JOSEPH JAIM ZONANA



ÍNDICE



Carta Editorial

Prólogo por Rabí Isaac Sher

Prefacio

Introducción

Jeshbón Ha-Nefesh

Preparación

Procedimiento

Prefacio a los Trece Capítulos

Ecuanimidad

Paciencia

Orden

Decisión

Higiene

Humildad

Rectitud

Economía

Diligencia

Silencio

Calma

Verdad

Separación

Nota bibliográfica





Carta Editorial

Antes de que ustedes queridos lectores, comiencen a disfrutar de las sabias enseñanzas de esta gran obra, me gustaría adelantarles que no se trata de otro libro más de autoayuda o superación personal, el autor en estas selectas líneas nos muestra claramente la manera de domesticar a la bestia que todos llevamos dentro y convertirla en nuestro mejor aliado, para con sus poderes alcanzar todas nuestras metas y servir al Eterno de la mejor manera. El Jeshbón Hanefesh constituye un manual práctico y conciso que nos enseña a auto educarnos y por medio de sus ejercicios librarnos de toda adicción. El Jeshbón Hanefesh nos enseña los más adecuados ejercicios para llegar a ser una persona poderosa, pero que quede claro que al igual que un deporte los resultados se verán con la práctica y la constancia, un hombre podría pasarse muchas horas al día estudiando acerca de cómo hacer ejercicio, pero no tendrá un cuerpo fuerte y sano sino hasta que lo practique. Por otro lado tampoco es recomendable ejercitarse sin un instructor pues el deporte mal hecho puede ser perjudicial, si un inexperto se ejercita sin un instructor, se puede llegar a lastimar gravemente y posteriormente no podrá hacer más ejercicio, resulta que su esfuerzo fue contraproducente. Lo mismo sucede con el alma y con la mente, si la ejercitamos incorrectamente en lugar de fortalecerse se puede llegar a enfermar y a debilitar con ese ejercicio, es por eso que se necesita de un instructor que nos enseñe a ejercitarnos espiritualmente y superarnos de la manera correcta, todos conocemos personas que quisieron ser santas y puras de la noche a la mañana y en lugar de lograrlo provocaron en sí mismos una frustración y grabaron en sus mentes una imagen negativa y pesimista de “No puedo”, esto de diferente manera nos pasas a todos y se debe a que al tomar la decisión de ejercitarnos y fortalecernos no pedimos consejo de un experto y no estudiamos el método correcto para alcanzar esa purificación y santidad, este libro es sin duda un excelente instructor que nos enseña cómo ejercitar nuestra alma sin lastimarla, y cómo lograr que la bestia que llevamos dentro haga lo que queremos sin forzarla demasiado, evitando así que nos devore.

Joseph Jaim

Zonana Senado





Chapter 1: PRÓLOGO

Este distinguido trabajo ilumina significativas áreas de la sabiduría mussar que no se hallan en otras obras de mussar en nuestro poder. Me gustaría dirigir la atención del lector a dos importantes principios que son importantes para quienes siguen la disciplina mussar.

El primer principio se refiere al entendimiento del proceso de formación del pensamiento. Es obvio que si una persona no está consciente de su propio carácter ni lo reconoce, hallará que el estudio de mussar no es de utilidad, porque no tiene idea de cuáles son sus carencias o qué debe corregir. Aún más, incluso quien reconozca y esté consciente de sus rasgos de carácter negativos quizá halle que el estudio de mussar no es de utilidad, porque no puede comprometerse a seguir el estilo de vida mussar hasta que entienda por completo los procesos de formación de pensamiento y los modos de desarrollo de pensamiento. Una conciencia externa de los rasgos de carácter propios no puede considerarse como un completo reconocimiento, ya que los rasgos de carácter son las expresiones internas de la propia alma que están enraizadas en los propios pensamientos y luego se manifiestan por medio de las acciones. Por tanto, aquí predicamos el reconocimiento completo de la comprensión de las labores internas del corazón.

El Jobot haLebabot, en la sección titulada “Yijud HaMaasé”, ofrece una extensa discusión y exhortos respecto a la necesidad de alejarse de la inclinación al mal que el hombre combate con una variedad de estrategias y trucos diseñados para confundir a sus pensamientos y debilitar sus acciones. Luego explica que la principal arma disponible para el hombre es su habilidad de supervisar sus propios procesos de pensamiento. En el Capítulo Seis, escribe:

En lo que respecta a ser cuidadoso y a vigilar los propios pensamientos, es conveniente que no se ignore cuidar esos pensamientos e ideas, y las locuras del corazón, pues la mayor parte de la imperfección y la rectificación de las acciones del hombre se realizan por medio de ellos.

Por tanto, debemos reconocer nuestra deuda con el autor de este distinguido trabajo, que ha intentado proporcionarnos las claves para esta maravillosa sabiduría al ofrecernos los artilugios y estrategias que nos permitirán supervisar la formación d nuestro pensamiento, que es la fuente de la cual todas las acciones del hombre emanan. Nos ha entregado magníficas reflexiones respecto a los misterios de la formación del pensamiento, cómo los sentimientos y las imágenes tienen su origen dentro de las profundidades del corazón, y cómo nuestro intelecto puede combinarlos y refinarlos hasta que formen un pensamiento correcto y complejo. Por medio de estas inspiradoras reflexiones, el hombre puede vigilar el proceso de la formación de su pensamiento, incluso dentro de las más profundas zonas de su corazón, sopesando cada pensamiento e imagen desde el momento en que entra a su conciencia, y así discernir cómo los pensamientos siguen a los rasgos de carácter y los deseos. Así puede, con la ayuda de Dios, tener éxito en seguir toda la disciplina mussar.

Vale la pena poner un ejemplo de esto a partir de las enseñanzas de nuestros Sabios (Sanhedrín 93b), quienes revelaron el misterio de cómo el rasgo del celo (diligencia) se crea en el corazón del hombre. Dijeron respecto a Shaul, quien oyó que David era elogiado por ser más grande en el establecimiento de la Halajá con base en las fuentes: Sintió que se hundía y tuvo envidia de él. De sus palabras podemos ver que la generación de la envidia está acompañada por una sensación de “que se hundía”, un pensamiento fugaz y transitorio al cual el hombre pone poca atención, creyendo que es el resultado de su propio miedo respecto a su falta de habilidad para establecer la Halajá con base en las fuentes a pesar de su estudio en Torá. Sin embargo, quien está consciente de cómo el celo se desarrolla en el corazón comprende que si experimenta una sensación de “que se hunde” cuando escucha que su prójimo es elogiado, mejor que refuerce su corazón con sabiduría y conocimiento, de modo que pueda erradicar el rasgo de celo y se purifique de él.

De forma similar, quien es sensible a las imágenes de su corazón comprenderá cuando se deprima y piense sobre sus necesidades y su falta de riqueza y prestigio–, si ve de repente imágenes de la riqueza y prestigio de su mejor amigo, que éstas son indicaciones de celo. Son un cáncer que amenaza con destruir el amor entre su amigo y él, y por tanto debe buscar las fuerzas que le ayudarán a eliminar este rasgo, justo desde su propio origen.

En el mismo sentido, si una persona se prepara para hacer algo en nombre de un individuo o para la comunidad, y comienza a cuestionarse a sí mismo sobre si debe hacerlo o no, ha de considerar qué pensamiento fue el primero en entrar en su mente cuando se preparaba para actuar. Si sus pensamientos incluyeron un motivo ulterior que era autocomplaciente, pero había rechazado estos pensamientos al convencerse a sí mismo de la importancia y significado de lo que estaba haciendo por otros hasta el punto en que olvidó que había pensado originalmente actuar en su propio beneficio, debería darse cuenta de que el primer pensamiento que tuvo es el fundamental. Debe examinar cuidadosamente cómo puede corregir su rasgo de ser autocomplaciente desde su propia raíz, a fin de que pueda purificar su corazón. Estos ejemplos deberían darnos una idea de la clase de cuidado que debemos tener al vigilar nuestros pensamientos, ideas y ensoñaciones, tal como el Jabot haLebabot nos previno. Alabado sea quien siga su consejo.

El segundo principio crucial para seguir la disciplina del mussar es comprender el poder de la fuerza del hábito que, como nuestros Sabios han enseñado, es inmenso. El hombre se convierte en esclavo de la fuerza del hábito, cae sometido bajo el yugo de su reino y atrapado en las cadenas de su gobierno. Quien transgrede habitualmente pierde toda esperanza de arrepentirse, y es más posible que transgreda en el futuro sin ningún freno.

El Talmud (Kidushín 40a) señala que Dios no considera los pensamientos malvados como equivalentes a las acciones. Sin embargo, en lo que se refiere a quien ha transgredido y luego ha repetido la misma transgresión, Dios sí considera sus pensamientos malvados como si se hubieran realizado las acciones. Rashí explica que incluso si la persona no ha realizado físicamente el acto, aun así es castigada sólo por haber considerado hacerlo. Se considera que su falta de acción no proviene de su temor al Cielo sino más de la conveniencia. Tal persona debe ser más digna de lástima que los muertos, como explicaron los Sabios (Moed Katán 27b). El versículo establece (Yirmeyahu 22:10): No llores por el muerto, y no te lamentes por él. Llora en su lugar por aquel que sigue, porque no retornará. Esto se refiere a alguien que transgredió y luego cometió la misma transgresión. Los Sabios también revelaron el secreto de la fuerza del hábito: quien transgrede y repite su acción, llega al grado en que considera la transgresión como algo permitido. Desde su origen, el hábito es tan fuerte que adormece la conciencia de la restricción que se tiene, hasta que ya no se siente que mediante la transgresión la persona se sacude el yugo del Cielo.

Esta obra aborda con amplitud el análisis del hábito, en sus aspectos buenos y malos. Quien estudia hallará que hay tres niveles de hábito, cada uno más grave que el siguiente. Está el hábito externo; es decir, cuando alguien se acostumbra a hacer algo durante un largo periodo de tiempo, el hábito se convierte en un fuerte deseo que debe ser satisfecho constantemente, hasta que es difícil para la persona romper con él o reprimirlo.

Un nivel más severo del hábito es aquel que se combina con los rasgos de carácter o deseos; por ejemplo, el chismorreo o el fisgoneo [de cosas prohibidas]. Cuando se combinan con el hábito, estos rasgos se vuelven dos veces más difíciles de cambiar. El más peligroso es el pensamiento habitual. Si cierto pensamiento atrapa la mente de una persona, se convierte en el único foco de su atención y su mismo intelecto se vuelve su esclavo. Por otro lado, hay mucho bien asociado con el poder del hábito que Dios implantó en la mente del hombre. Toda la educación mussar de un hombre depende del hábito y quien logra el éxito en usarlo correctamente es afortunado. Incluso si el hombre cae en la maraña de los malos hábitos, puede utilizar su dependencia del hábito para crear su propio remedio, porque puede transformar el poder del hábito que se trasforma de un némesis y un obstáculo en una herramienta y fuerza motivadora para servir a Dios. Puede acostumbrase a sí mismo a realizar actos positivos por medio de la educación mussar, sustituyéndolos por los actos negativos a los que está acostumbrado, y así desarraigarlos y erradicarlos de su corazón hasta que no quede huella de ellos. Ocurre lo mismo con los pensamientos habituales. El hombre puede –acostumbrándose a sí mismo a tener pensamientos positivos, ideas apropiadas y sentimientos de santidad– utilizar el poder del hábito para liberarse a sí mismo de pensamientos ajenos que se han establecido en su alma. Esto cambiará todo su proceso de pensamiento para el bien.

Debe tomarse especial nota de lo que el autor escribió en las secciones 133, 134 y 211 respecto al concepto de lo lishmá, actuar por motivos inapropiados. La materia es compleja en extremo y difícil de entender para los que estudian y se ocupan en la Torá, y es más difícil en su aplicación para ellos que para quienes se ocupan en el cumplimiento de los preceptos. Si alguien cumple un precepto por las razones equivocadas, entonces sólo hay algo malo con la realización con ese precepto específico. La falta de motivación apropiada no tiene consecuencias en otros preceptos, y la persona quizá cumpla bien otros preceptos por las razones adecuadas. Esto no ocurre, sin embargo, con los que se ocupan de la Torá. La Torá es el aliento vital de todos los preceptos que una persona cumple, así como todos los pensamientos y sentimientos. Aprender Torá por los motivos inapropiados transforma así una deficiencia general de la persona en su conjunto, tanto que debe temerse lo que los Sabios dijeron, respecto a quien aprende Torá no por ella misma: Sería preferible para él que nunca hubiera sido creado.

Hay una narración atemorizante en el Talmud (Sanhedrín 106b) sobre Doeg haEdomí. Era el juez principal del Sanhedrín en la generación de Shmuel, aunque se considera entre los que no tienen porción en el Mundo Venidero. ¿Por qué la Torá que estudió no lo protegió? Porque estudió shelo lishma, ¡con motivaciones inapropiadas! Neutros Sabios añadieron (Jagigá 15b) que Rabí Yehudá lloró con dolor por sí mismo cuando leyó sobre Doeg, y dijo: “¿Qué será de nosotros [que no tenemos la estatura (moral o intelectual) de Doeg]?”.

Mucho se ha dicho sobre esto por los hombres sabios de generaciones anteriores. En resumen, debemos poner nuestra confianza en lo que prometieron nuestros Sabios, cuando decretaron (Pesajim 50b): Que cada quien se ocupe de la Torá y los preceptos incluso por motivos inapropiados, pues de [su cumplimiento] por motivos inapropiados llegarán a [cumplirlos] por motivos apropiados. Esta seguridad no se formuló solamente para el beneficio de los débiles, que carecen del poder de forzarse a sí mismos a estudiar lishmá. Se dijo inclusive para aquellos de mente y voluntad fuertes, pues al principio de su estudio también están motivados inapropiadamente. Esta es la naturaleza del desarrollo del intelecto y del entendimiento desde la temprana niñez. Al principio, se estudia por los premios que dan los maestros y los mentores. Después, se madura y se comienza a entender que la persona tiene la obligación de entender sólo por aprender, tal como el Rambam explica, citando muchos ejemplos en su comentario a la mishná en el perek 11 de Sanhedrín.

Sin embargo, este es un juicio muy difícil para el hombre –uno que casi no puede soportar–, pues se le ha enseñado desde la niñez a estudiar por razones equivocadas. En esencia, se vuelve cautivo de sus pensamientos habituales, porque los premios que recibió antes –premios que lo condujeron a dedicarse por completo al estudio de la Torá– se fijaron en su conciencia y se convirtieron en el eje alrededor del cual todos sus pensamientos y actividades respecto a la Torá y la sabiduría giran. Al final, le resulta imposible pensar en otras cosas que esos premios. ¿Cómo entonces es posible que una persona alcance el nivel de reconocer la verdad y de perfeccionar su intelecto? Inclusive si viviera mil años y los pasara todos ocupado en el estudio de la Torá, ¡aún estaría estudiando por las razones equivocadas debido a la fuerza del hábito! La respuesta es la que dieron nuestros Sabios: si Dios no ayudara a la persona, nunca sería capaz de superarse. La luz dentro de la Torá le permite ver el camino de retorno en la oscuridad, y la Torá misma la protege y la salva.

Nuestros Sabios dieron un maravilloso ejemplo del concepto de que los hechos realizados por motivos inapropiados terminarán realizándose por las razones correctas, citando el ejemplo (Sotá 47a) de Balak, Rey de Moab. Deseaba maldecir a Israel y se unió a Bilam, el malvado, para ofrecer sacrificios, los cuales fueron ofrecidos por las razones equivocadas. Como él dijo (Bamidbar 23:27): Quizá sea correcto a los ojos de Dios que los maldigas en mi nombre desde aquí. Sin embargo, el servicio de los sacrificios de Balak –pese a estar motivado inapropiadamente en apariencia– contenía cierto nivel de lishmá. Esto se evidencia por el hecho de que su sentimiento puro [de querer ofrecer un sacrificio a Dios] halló su expresión generaciones después en Shlomó HaMelej, quien ofreció miles de sacrificios por motivos apropiados. Esta es una señal segura de que el motivo inadecuado de Balak contenía algo de bien, que luego s manifestó en las ofrendas de Shelomó.

La motivación inapropiada de Balak fue muy diferente de la de Bilam, porque la de éste para presentar un sacrificio era solamente molestar a Dios [al comparar su ofrenda a Israel, que no ofreció sacrificio]. Es por tal razón que estos sacrificios no se atribuyen a Bilam y por lo que él perdió su porción en el Mundo Venidero. Podemos así entender por qué la ofrenda de Balak –a pesar de tener razones inapropiadas– alcanzó el nivel de lishmá. Dado que Ruth –la madre de la línea davídica– fue su descendiente, debe haber tenido algo de bueno, una chispa de eternidad similar a la que reside en Israel (ver el Kuzarí 1:95). Dado que tuvo eso de bueno dentro de las profundidades de su alma, mereció que su sacrificio por motivos inapropiados se transformara en un sacrificio por motivos apropiados. Bilam no mereció esto, porque las profundidades de su alma estaban llenas de maldad, manchada con los tres rasgos que nuestros Sabios le atribuyeron. Esta es una maravillosa lección para todo Israel –los hijos de Abraham, Yitzjak y Yaakov– que recibió la Torá en el Sinaí, lo cual indica que tienen una chispa de bondad dentro de ellos, una chispa que les da la seguridad de que su servicio a Dios –incluso por motivos inapropiados– terminará transformándose en un servicio ofrecido por las razones apropiadas.

Sin embargo, pese a nuestra confianza en la veracidad de todo lo que nuestros Sabios dijeron a este respecto, debemos aún tener miedo, tal como nuestros Sabios lo tuvieron, por la narración de lo que sucedió a Doeg Ha Edomí. Él demostró que hay excepciones a la regla [de motivos inapropiados que se transforman en apropiados], pues ya había arruinado su alma interna, como dice el versículo respecto a él (Tehilim 52:5): Has amado la maldad más que al bien, a la falsedad más que a la justicia, y (ibid. 52:3): ¿Por qué te glorias en la maldad, oh poderoso? Debido a esto [es decir, la importancia de estudiar Torá lishmá] nuestros Sabios, al establecer el texto para la bendición que se recita cuando se estudia Torá, escribieron: y que sea placentero para ti, que todos conozcamos Tu nombre, y estudiemos Tu Torá lishmá, una solicitud que nunca se encuentra en otras bendiciones que se recitan por la realización de los preceptos. La razón es que sólo puede alcanzarse el nivel de aprender Torá lishmá con la asistencia Divina.

Es bien sabido que el hombre se gana la ayuda Divina en proporción a sus esfuerzos por alcanzar la pureza, esfuerzos que son el fundamento de la disciplina mussar. Por tanto, el hombre debe siempre recordar que actuar por motivos inapropiados lo dirigirá finalmente a actuar por las razones adecuadas. Precisa ver esto como una precondición y siempre tenerlo en mente, a fin de que quede impreso en su alma y se vuelva el eje alrededor del cual giren todos sus pensamientos y aspiraciones en la vida. Al recordarlo, tendrá éxito en erradicar cualquier vestigio de motivos inapropiados a los que se había acostumbrado y entonces servirá a Dios con un corazón y un alma puros, con la ayuda constante de Dios.

Concluiré con las nobles palabras del Gaón de Vilna respecto a la importancia de corregir los hábitos propios. En su comentario sobre el versículo (Mishlé 4:26): Rectifica las huellas de tus pies y todos tus caminos se corregirán, él señala:

Ya he escrito que hay dos tipos de rasgos de carácter: rasgos naturales que el hombre posee desde el nacimiento, y rasgos que adquiere por medio del hábito. Los rasgos que tiene el hombre desde el nacimiento son denominados “sus caminos”, pues son los caminos que él sigue desde que fue creado. Los rasgos que son adquiridos se denominan como hergel, hábito [término etimológicamente relacionado con regel, pie] pues se ha habituado a actuar conforme a éstos. Los rasgos habituales deben vigilarse y “rectificarse”. Cuando el hombre lo hace, entonces sus rasgos naturales serán seguidos como algo natural. A esto se refería el versículo cuando dijo: “Rectifica las huellas de tus pies”; es decir, los malos hábitos en que se han convertido tus rasgos deben ser rectificados de modo que lenta, pero firmemente, estos rasgos negativos sean erradicados. Entonces, actuar apropiadamente se vuelve parte de la misma naturaleza. Si se hace eso, entonces todos tus caminos se corregirán, es decir, los rasgos naturales mejorarán, fundamentados en bases firmes [yikonu, ajustar, que está etimológicamente relacionado con ken, base]. Pero si se fracasa en rectificar los rasgos adquiridos, entonces los caminos del hombre –sus rasgos naturales– no se corregirán. Los rasgos de carácter son como un collar de perlas; si se hace un nudo en el final, entonces todas las perlas se quedarán en el collar. Pero si no se hace bien, entonces todas se perderán. Esto también es cierto para los rasgos de carácter. Por tanto, el versículo nos dice que si alguien rectifica las huellas de sus pies, entonces sus caminos se corregirán.

El Gaón fue capaz de deducir que este versículo advierte a los individuos justos que han luchado por corregir sus rasgos de carácter naturales que deben corregir también sus rasgos adquiridos. De otra manera, no tendrán fundamentos para sus esfuerzos y batallarán para tratar de perfeccionarse a sí mismos. ¿Qué podemos hacer nosotros –que somos débiles e ignorantes– si no hemos luchado para corregir ninguno de nuestros rasgos? Ciertamente debemos comenzar a educarnos en mussar para poder rectificar nuestros propios hábitos. Esta debe ser nuestra tarea primordial: fortalecer nuestro intelecto y sabiduría a fin de que puedan ayudarnos a superar nuestros hábitos. Sólo entonces lograremos liberar nuestro intelecto de las cadenas y redes del habito, y podremos aprovechar el poder del hábito como herramienta en nuestra disciplina mussar para corregir todos nuestros rasgos naturales, y todos nuestros caminos se corregirán.

Yitzchot Isaac Sher

Slobodka



Chapter 2:PREFACIO

He considerado mis caminos y regresaré mis

pasos hacia tus leyes

(Tehilim 119:59)



1. Una parábola sobre dos comerciantes. El primero es rico y sabio, y cumple con su oficio con rapidez. Vive en una época y en un lugar donde su mercancía le produce un beneficio considerable y hay mucha demanda. Pasa día y noche llenando su bodega con bienes y luego la vacía conforme los entrega a sus clientes. Ve que sus bolsillos se llenan con monedas de oro con sus ganancias, construye nuevas bodegas para poder llenarlas con incluso más bienes y no tiene ni siquiera tiempo de hacer algún inventario de éstos.

El segundo es pobre, en lo intelectual y en lo financiero. Vive en una época y lugar en que su mercancía tiene poca demanda y, por tanto, gana poco. Está acosado por las preocupaciones y dudas constantes, porque no sabe si sus ingresos y sus gastos lograrán equilibrarse. Ya que no tiene otra fuente de sustento, él y su familia están en riesgo de morir de hambre.

No tiene otra opción que llevar un cuidadoso registro de sus operaciones y, por tanto, está constantemente verificando sus libros… y, sin duda, tiene el tiempo para hacerlo. Con ello, puede ver cuál de sus mercancías tiene más demanda y cuál le dará la mayor ganancia. Sus análisis y estimaciones le permiten determinar qué tipo de mercancía debe comprar o vender. Pasa día y noche planeando nuevas estrategias de venta, con el único objetivo de incrementar sus ganancias, así como supervisar de manera constante y estrecha sus ingresos y sus gastos.

Él hace esto por lo menos durante un año y luego revisa su estado financiero para conocer su margen de ganancia. Puesto que entiende que su cuidadosa contabilidad y su cercana supervisión disminuyen las preocupaciones y temores que enfrentó, continúa con esta práctica durante los siguientes años también. Así, con la ayuda de Dios, es capaz de alcanzar una vida tranquila y cómoda.

La moraleja de esta parábola, con la ayuda de Dios, se explicará, a continuación, en esta obra.





Chapter 3: INTRODUCCIÓN

2. Imagina que vas caminando a lo largo de la ribera del río y de repente llegas a un valle repleto de carrizos y juncos, todos los cuales se yerguen derechos. Ninguno de ellos tiene la capacidad de moverse de su lugar siquiera el grosor de un cabello. Súbitamente, una breve ráfaga de viento llega y las copas de las plantas empiezan a mecerse de un lado a otro como las olas del mar. Ninguno de los carrizos o los juncos tiene la habilidad de resistirse al viento y mantener su posición tan siquiera por un instante.

Esto es lo que caracteriza al nefesh ha-behamit, lo que denominaremos “el espíritu animal”. El espíritu animal es aquello que se encuentra fuera de su libre albedrío, que no tiene el poder ni la sabiduría de quedarse quieto o moverse. En realidad, lo mecen y lo mueven las súbitas ráfagas de los vientos del deseo y el dolor, instintos que están implantados en él desde su creación. A veces, al nefesh ha-behamit lo mueve la naturaleza que adquiere por medio de la costumbre continua. Reacciona hasta el grado en el cual sus deseos se satisfacen y entonces sus sensaciones cesan. Entonces cae en un sueño letárgico y es incapaz de moverse de nuevo hasta que otro viento de sensaciones y deseos llega y lo despierta. Cuando encara los vientos que soplan en direcciones opuestas, se deja llevar por el que sea más fuerte en ese momento, ya que carece de la capacidad de juzgar las futuras consecuencias de una acción. Está privado del consuelo y la fuerza para rechazar la gratificación inmediata a fin de prevenir el dolor, o para retrasar cualquier gratificación a fin de lograr incluso mayor satisfacción en el futuro.

Los animales no son superiores en mucho a las plantas o los objetos inanimados, pues carecen, como es evidente, de la capacidad de moverse o quedarse quietos como resultado de su propia libre elección. Su “alma” está sujeta a los vaivenes del viento, como los carrizos y los juncos en la ribera del río.

Dado que el espíritu animal carece de la voluntad de tomar decisiones, los conceptos de mandamientos positivos o negativos no pueden aplicársele en absoluto .

3. Sin embargo, el hombre –que es sabio y hábil, y controla su voluntad– puede utilizar el “espíritu animal” para que sirva a sus propias necesidades. Puede agitarlo provocándole deseo o dolor. Por ejemplo, puede alejar a las aves de sus campos haciendo sonar un gong o puede dirigirlas hacia una trampa colocando carne frente a ellos. Aún más, al crear deseos y sentimientos puede domesticar a los animales, como ya hemos mencionado. Quien es inteligente y tiene experiencia en dominarse puede usar a su favor todo tipo de habilidades animales para llevar a cabo sus propios fines.

Por ejemplo, las aves con visión aguda pueden ser entrenadas para cazar animales, gallinas y peces. La fuerza de un buey puede controlarse para labrar la tierra; los asnos pueden ser entrenados para llevar pesadas cargas y los caballos para servir al hombre.

Incluso los poderosos elefantes –en comparación con los cuales el hombre no es más que un mosquito– son engañados por el hombre para hacerlos caer en trampas por cientos y miles. Dios, quien dio al hombre la habilidad de utilizar el viento para separar la paja del grano, hacer girar las piedras del molino y hacer navegar barcos con demasiada carga de un lado a otro de la Tierra para satisfacer sus necesidades y deseos, también le otorgó la sabiduría para controlar el “espíritu animal”. Esta habilidad dada por Dios para mandar sobre aquél, permite al hombre dominar al poderoso elefante, entrenarlo para que obedezca las órdenes de su amo, que acepte el yugo que éste le impone y le sirva con toda su fuerza. La habilidad del hombre para controlar, entonces, se ejerce sobre animales, plantas y objetos inanimados.

4. Ahora bien, los amos sabios son lo bastante inteligentes para no abusar de sus animales. Con generosidad satisfacen sus necesidades a fin de aprovechar su máxima capacidad. Si el animal muestra cualquier señal de rebeldía, de inmediato lo golpea para prevenir que repita la acción. Así, el amo se beneficia de ambos fines, el buen trato y el castigo.


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