Excerpt for Pedazos de Corazón by Hector Manuel Castro, available in its entirety at Smashwords


PEDAZOS DE CORAZÓN



By Hector Manuel Castro



Copyright 2011 Hector Manuel Castro



Smashwords Edition



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Todos en la cama


Desperté mientras dormías, y analicé lo que hiciste,

contando en mi mente ingenua una a una las personas

con las que anoche dormiste.


Te acostaste con Patricia, con Antonia, con Marcela,

con Silvina, con Lorena, Paula, Alicia y con Leonela.

Lina, Sandra, María Elena, las mellizas, doña Elsa,

con la mujer de Alejandro y la prima de Ricardo;

fuera de muchas sin nombre, porque prefiero olvidarlos.


Pero anoche fue distinto, porque dormiste conmigo,

con un hombre irresponsable que no usó preservativo;

y en ese mismo momento en el que estuve contigo,

la lista de tus amantes adquirí como castigo.


Así que anoche estuvimos en la cama con cuarenta,

quizás más, tal vez la cuenta supere las estadísticas;

y al actuar como anormales por instintos animales,

adquirimos infecciones que destruyen nuestros sueños

y nos causan tantos males.


Solamente en un segundo perdimos tanto futuro,

pero es que el momento es duro cuando todo es calentura;

y en medio de la corrida olvidamos la montura,

declarándonos suicidas al jugar con nuestra vidas.


Anoche en medio de gritos y por cosas de la suerte;

renunciamos al camino y abrazamos a la muerte.




A Colombia


Nací en una tierra donde no hay temores,

suelo de canciones y de libertad

de hermosas mujeres, de libros y flores,

de amables sonrisas y cordialidad.


Colombia mi vida, mi patria añorada,

te llevo tan dentro, tan dentro de mí

que cuando me acuesto llevo tu mirada

y si me despierto estoy junto a ti.


Sus gentes amables, corazones nobles,

mezcla de españoles y africanidad

con los indios sabios, juntos construyeron,

un lugar hermoso, un campo de paz.


Del norte, la costa, del sur, amazonas;

y en el centro Antioquia, Valle, Bogotá,

y al lado de ellos, mi Pereira amada,

la ciudad sin puertas, mi tierra natal.


Frijoles con coles, arroz con mojarra,

arepa y ajiaco y hasta patacón,

con un aguardiente, una serenata,

un lindo bolero, ¡qué bella nación!


Todo fue alegría, era el paraíso,

los niños reían, teníamos fe,

los campos brillaban con luces de río,

y en noches de amores, aroma de café.


Pero con el tiempo comenzó el hastío,

de una cruel violencia, del horrible olvido,

sangró la bandera, se perdió la calma,

los hombres llevaron rencor en sus almas.


Azules y rojos marcaron leyenda,

la historia macabra que quiero olvidar,

donde asesinaron por vil ignorancia,

dejando en el mundo hijos sin hogar.


Y empezó una guerra que no justifico,

y en medio de ella nuestra ingenuidad

que fue asesinada con total sevicia,

por odios injustos ¡triste realidad!


Formaron guerrillas, malditos canallas,

con tres ideales sin bases reales,

y lloró la tierra, fue un campo de batalla,

con minas, con bombas, y dolor de patria.


Más de medio siglo de terror y balas,

secuestros, tristezas, matar la esperanza,

fueron convirtiendo a mi tierra escueta,

en el más temible sitio del planeta.


Los hombres ilustres, quienes se cansaron,

de vivir en medio del conflicto armado

fueron promulgando los vientos de cambio:

¡abajo las armas, vamos todos vamos!,


Más las fieras brutas callaron sus ansias,

con las crueles balas, se iba la esperanza,

el país entero más se desangraba,

y así mi Colombia se desintegraba.


Hacia otros países marchamos algunos,

dejando enterradas patria y libertad,

quedaron las tierras en poder de otros,

de los asesinos y de su maldad.


Y lejos, muy lejos del terruño ansiado,

muchos compatriotas sufrieron quebrantos

fueron humillados sin pizca de piedad,

y hasta despojados de su dignidad.


Y quienes quedaron, rezan entre sombras,

pidiendo un milagro que salve a Colombia,

que los guerrilleros cambien su disfraz,

por libros y palas, y vuelva la paz.


Yo que me refugio lejos de ti, ¡Patria!;

ansío el momento de volverte a ver,

y luchar ferviente en contra de la guerra,

para que mi pueblo pueda renacer.


Y aquí en la distancia escuché llorando,

cuando confirmaban de nuevo una muerte

y me dije, vamos escribamos algo,

desahoguemos juntos nuestra mala suerte.


Llegó a mis oídos, la triste noticia,

las balas sacuden de nuevo al país,

qué triste masacre rondando mi patria,

y ausente de ella, me siento morir.


Anoche mataron, a personas buenas,

y juntos con ellos cada corazón,

de quienes nacimos en la tierra hermosa,

pero desangrada ¡mi pobre nación!


Colombia querida, mi universo, mi alma,

el país que amo y me vio nacer

que triste me pongo cuando escucho llantos,

la violencia infame, nos quiere vencer.


Y a Dios hoy le pido con total entrega,

que pronto podamos volver al país

y hacer de mi tierra mil sueños de gloria,

la que merecemos por nacer allí.


Si te sientes triste y quieres rendirte,

piensas que no vale la pena luchar,

déjame decirte con total confianza,

que si estamos juntos podemos triunfar.


Vencer la violencia y hacer de Colombia,

el lugar sagrado que existió una vez,

para que tus hijos vivan orgullosos,

de tu lucha fuerte y tu enorme fe.


Únete al llamado de este ser que sueña,

que no hay imposibles en mi hermosa tierra,

y empecemos juntos a forjar camino,

el camino ansiado por la gente buena.


¡No más asesinos, no más de secuestros!

El pueblo cansado se encuentra dispuesto

a cambiar la historia sin actos violentos,

y empezar de nuevo pacíficos tiempos.



Qué viva Colombia, la tierra de amores,

la convertiremos un sitio mejor,

que no hayan más narcos, paras ni guerrillas,

que entreguen sus armas y apaguen su voz;

y por un instante se entreguen a Dios.




La ramera y yo


La ramera de la esquina me ha tirado una mirada,

que me dice sospechosa: -Ven conmigo, hagamos cosas,

yo te haré sentir placer, tú me darás el dinero,

y después de revolcarnos cada quien vendrá primero,

y sin besos ni caricias, no volveremos a vernos;

solamente habrá un momento de intercambio de fluidos,

sentiremos par de cosas, y después de la derrota

tú te quedas, yo me iré-.


Con el dinero que he dado, comprarás unas pastillas,

para prevenir los clones de los hijos de ramera;

y si queda, comprarás unos condones,

que utilizaras mañana con el viejo de la ventana,

que te ha mirado anhelando darte una gran revolcada.


Y después de la faena, volverás a ser tan buena,

que te irás hasta la iglesia a predicar con certeza,

la palabra que no aplicas a tu vida sin vergüenza.


Y en las noches cuando duermes, soñarás con tus memorias,

que por cierto, son escoria, de los hombres que pasamos

por tus piernas bailarinas, por tu ombligo definido,

y tu cintura que es nido para cualquier callejero,

que por tener el dinero puede descansar allí.


Si te suben la tarifa te bajarán visitantes,

incluyéndome a mí mismo que no volveré a buscarte,

pues en la esquina del frente trabaja aquella sin dientes,

que cobra a mitad de precio de lo que sueles pedir;

y después de la estocada te da tres vasos de agua,

con microbios o sin ellos, y con mi estómago lleno,

me alisto para ir a casa y volver con mi mujer,

la que me espera sonriendo con olores desafiantes

a mi corazón de amante, a mis ganas de joder;

a pesar de la infección que dejaste en mi interior,

soy una escoria que abusa de su suerte de ladrón.


¿Que me queda poco tiempo?

¿Qué me podriré en la nada?

¿Que nadie alzará la vista para pegarme patadas?

Me importa poco lo dicho, al final me moriré,

y en el infierno maldito esta vida acabaré;

y si a pesar del calor, y de las llamas que abrasan,

sigo inmune a la amenaza del castigo que merezco;

dejaré que mis adeptos que no conocen mis obras,

tomen mis notas y en ellas masturben sus inquietudes,

y olviden mi desespero por matar cada momento,

en que sin perdonarme malgastaba mi talento.




No comprendo



No había nada, luego todo,

después pienso, ¡no comprendo!


No había nada, ¿era oscuro?

Luego el cielo, el aire impuro,

las estrellas, los riachuelos,

no había nada, ¿luego el suelo?


El sol, el hombre, el universo

¿el silencio, el desespero?


Nada somos, lo deduzco,

de la nada nos crearon,

ricos, pobres, lindos, feos,

día, noche, llanto, sueños.


No había nada, ni un suspiro,

ni el respiro, ni el deseo;

nada, nada, solo eso, ni vacío, no habían besos;

no colores, no había ruido,

era nada, no comprendo.


N A D A (nada);

o sea, ni tú, ni yo, ni ellos,

ni nosotros, ni siquiera Él;


No había nada. Ni principio, ni esperanza,

no había muerte, no había vida,

la injusticia no existía,

sólo nada sin palabras,

sin martirios, sin miradas,

no había espacio para el hambre,

no había tiempo, no había sangre;

nada toda la materia,

nada adentro, nada afuera.


Y después ¿llegó todo?...


Llegó el árbol, llegó el fuego,

el otoño y el invierno,

los rebaños, los placeres,

el sendero, las mujeres.

El dinero, la utopía,

sonó el viento, brilló el día,

cayó lluvia, murió el hombre,

gozó el rico, lloró el pobre.


Se crearon los políticos,

el gobierno, la avaricia,

la opulencia, los tiranos,

los mediocres, los gusanos;

las fronteras, los cañones,

la violencia, los ratones,

los sicarios, las guerrillas,

los demócratas, las rencillas,

los chismosos, adulones,

los machistas, los huevones;

el tequila, religiones,

el poder, los opresores,

la ignorancia -como duele-;


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