Excerpt for Tratando de ser Feliz by Maria Leon, available in its entirety at Smashwords

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-1Él solía llegar del colegio y hacer las cosas de la casa con su madre, luego de un día muy ajetreado. Su madre y él eran los mejores amigos, y cuando la halló muerta en el baño, la rutina se rompió y nada volvió a encajar. Tenía un gran tajo en el cuello y la sangre empapaba toda su delantera, con una mezcla de colores vivos y muertos, siempre rojos. Y estaba muerta.

Los policías y detectives dijeron que había sido suicidio, y pusieron a Bill con un sicólogo toda la semana siguiente al acontecimiento. No se le hizo un funeral cristiano, por el hecho de haberse suicidado, y Bill no replicó: de todas formas no era cristiano. No hallaron ninguna señal de locura en su psiquis, pero Bill se quedó mudo por varios días, y como era menor de edad -tenía 17 años- se le asignó un tutor: su padre.


Los Moore se habían divorciado tras tres años de casados. Los gemelos tenían un año y medio y aún no se conocían como era debido, pero estaban unidos. Eran gemelos, y la unión que habían tenido en el vientre materno no se había roto. Siempre estaban juntos, pintando las paredes y gateando por toda la casa. Era una casa de un piso, con vista al mar, en L.A., la ciudad de las estrellas. Al divorciarse, los padres decidieron quedarse cada uno con un chico.

William se quedó con Thomas, el mayor de los gemelos, y Harriet, la suicidad, se quedó con Bill, a pesar de que llevaba el mismo nombre de su padre. A Bill se le comunicó que tenía un gemelo desde que fue separado de este, pero no le dio demasiada importancia, hasta los 10 años, cuando fue conciente de su propia vida y empezó a hacer preguntas acerca de sí mismo, de su familia, en vez de hacer preguntas sobre lo que lo rodeaba, como porqué el cielo era azul, el pasto verde, porqué los perros no podían hablar y un largo etcétera que parecía que en la mente de Bill, el menor de los gemelos, nunca acabaría.

-Ellos viven en Los Ángeles -le explicó Harriet, con una sonrisa forzada en el rostro- . Thomas va en un colegio público de baja calidad, según me notificó tu padre. Yo lo habría puesto en uno privado, pero…

Y luego siguió con una charla acerca de la mala crianza de Thomas. Bill, curiosamente, jamás se esforzó por hacer que su madre lo llevase a verlos. Veía tanto rencor en sus ojos cada vez que hablaba de su padre, que prefirió no tocar el tema demasiadas veces. Sólo volvió a preguntar en contadas ocasiones, hasta que los problemas familiares dejaron de atenazarle la mente, que fue cuando empezó con sus gustos extraños por cuidar su imagen personal.

El pelo castaño que crecía pinchudo de su cabeza lo dejó crecer y lo tinturó negro. Lo dejó crecer hasta la medida que la escuela permitía y empezó a vestirse con pantalones pitillo, cinturones brillantes, poleras que perfilaban su delgada y frágil figura, y se inscribió en clases de canto pagadas. Harriet disponía bastante dinero gracias a su trabajo como doctora cirujana. Era una mujer muy femenina y perfeccionista, pero dulce y amable con su hijo. Quizás demasiado dulce, pero Bill nunca se percató de que lo trataba como a una chica, de que tuviesen los mismos gustos y hablaran de lo mismo. Bill simplemente no se preocupó de cosas como esas. Y tampoco se preocupó por lo que le sucedía a Harriet, porqué no lo notó.





2



Al romper con su primer novio luego del divorcio con su padre, Harriet se sumió en una depresión, que escondió con éxito de su querido hijo Bill, y para cuando este la halló tirada en el baño, desangrada y pálida, la depresión habían terminado por devorar sus ganas de vivir.



Cuando Bill fue llevado por un asistente social hasta Los Ángeles, en bus, desde Seattle, todavpia estaba mudo, y al ver a su padre, no pudo hacer más que una seña de saludo, con la mirada perdida.



Tom creció de una forma muy diferente. William era entrenador de un equipo de ragby y profesor de Educación Física en el colegio al que iba, por lo que era muy machote para sus cosas. Era casi un hombre de las cavernas: machista, brusco y sin gusto por las cosas delicada. Tom perteneció al equipo de ragby de su padre, y este nunca le habló acerca de su hermano gemelo, que vivía a varios kilómetros al norte. Creció como un hijo único.



Su colegio p´bulico le permitía ir de la forma que quisiera a clases. Se hizo trenzas a la edad de 12 años, cuando se rebeló contra la sociedad, tuvo sexo con una chica de secundaria y comenzó a usar pantalones a la mitad del trasero. Las chicas lo perseguían en tropel. Estuvo con muchas chicas y se convirtió en el líder de un pequeño pero dominante grupo de matones del colegio, que se dedicaban a molestar a los losers y a las chicas poco agraciadas. Eran fans de 50 Cent y no tenían delicadeza para nada. Nadie se enteró de que Tom tenía un hermano, y menos un gemelo, porque él creció como si no tuviera.



El día que su padre fue a biscar a su hermano al terrapuerto pensó en él por primera vez en muchos años. Su padre le explicó en pocos minutos que la madre de ambos hab´pia muerto hace unas semanas y que su hermano, Bill, vendría a vivir con ellos, y que se quedaría hasta cuando él quisiera. No le dijo nada acerca de su mudez ni acerca de su aspecto, porque ni él tenía conciencia de estas cosas. Se fue al terrapuerto después de dejar a Tom mudo de espasmo.



-¿Dónde dormirá? -fue lo primero que le preguntó cuando se enteró.



-En tu habitación... por el momento.



Y así dejo a Tom, totalmente abatido porque tendría que compartir metros cúbicos con alguien más.



El bus llegó a las 12:30 de la mañana. El asistente social se bajó primero y luego lo hizo Bill. La primera impresión que tuvo William fue que debían haberse equivocado y le habían enviado una hija. La segunda impresión fue que era una muchacha con muy poco busto. La tercera impresión fue la vencida.



-Buenas... -el asistente miró el reloj- ... tardes, soy Michael Miller, el asistente social.



-Buenas tardes. Hola..., Bill.



El chico hizo un gesto de saludo con la cabeza, sin abrir la boca. Tenía un aspecto lamentable.. y el cabello muy extraño. Demasiado largo,con bizos blancos y peinado hacia el lado derecho, con un aspecto un poco chuzo. Un chico extraño, en resumen. Sin embargo, tenía los rasgos de la cara idénticos a los de Tom, por muy diferente que fuese de él, y por muy maquillado que estuviera. Y es que llevaba los párpados pintados de negro, muy negros y cargados, haciéndole resaltar los ojos notoriamente.



-¿Me recuerdas? -le preguntpo, sintiéndose un tanto torpe.



El chico negó con la cabeza.



-Bueno, ya tendremos tiempo de hablar.



-Si tiene algún problema, me llama. Me temo que el seor Moore ha pasado por momentos muy delicados y le costará más de lo normal adaptarse.



-Ya veo. Gracias por traerlo, señor Miller.



-De nada, seor Moore -luego se dirigió a Bill- . Adiós, Bill.



El señor Miller le extendió la mano con una gran sonrisa, y Bill se la estrechó, con otra sonrisa, aunque débil. Al menos trataba de ser amable, pensó William, con ganas de re´´ir. Tom era grosero y atrevido con todo el mundo.



Michael Miller se fue por el pasillo del terminal. William hubiera preerido que se quedara un poco más para explicarle otras cosas acerca de Bill, ya que el chico no parecía en condiciones de explicarle nada.



-Va a ser increíble cuando veas a Tom. Son muy parecidos... de cara.



Bill trató de parecer animado, pero al igual que antes, sólo logró esbozar una débil sonrisa.





Tom iba de un lado a otro por la casa, nervioso. Ya se había tomado la mitad de la bebida que tenían en el refrigerador y un sandwich. Su padre estaba tardando demasiado y empezaba a enfadarse. ¿Venían a paso de tortuga o qué?



Se imaginaba a su hermano como un doble suyo entrando por la pyerta con el mismo cabello, el mismo jockie, una polera larga y holgada, pantalones a medio trasero y zapatillas blancas. También lo imaginaba con la misma sonrisa petulante. Y se enfurecía con William por no haberle contado con tiempo. Aún no asimilaba las cosas, que la madre que nunca había conocido había muerto y el hermano que no había visto crecer viviría con ellos. Y aún no tenían nada preparado para él, ni una cama en el dormitorio, o un vaso en la cocina, un plato y servicios para él o un armario. Se preguntaba cuánto equipaje traería...



El timbre sonó y dejó de pasearse. Fue a zancadas hacia la puerta, sintiendo hormigueos por todos el cuerpo y miró por el ojo de lapuerta. Por allí vio a su padre, alto y fornido, portando una maleta negra, y más atrpas, una figura oscura. Frunció el ceño, extrañado. ¿Dónde estaba la copia de sí mismo que se había imaginado.



Abrió la puerta, listo para ver a su hermano en detalle.



-Aquí estamos -dijo William al entrar.



Eso fue extraño. Normalmente decía "Aquí estoy".



Lo primero que pensó fue que no podía ser gemelo suyo, pero al mirar de cerca, se dio cuenta de sus rasgos idénticos. Tenía la misma nariz, la misma boca, y probablemente los mismos ojos, que con todo el maquillaje que traía, no podía distinguir del todo. Todo lo demás era diferente. Muy diferente.



-Salúdense. No se ven desde bebés.



Bill tragó, viendo a su hermano tan distinto a él. Se preguntó si eso se transformaría en un problema.



Luego pensó en que era más guapo que él, tenía las mejillas más rellenitas, sólo un poco, y tenía la piel bronceasa.



-Hola -le dijo, saliendo se du mudez a causa de la impresión.



-Hola -le dijo Tom, secamente.



¿Ea su imaginación o había desagrado en su cara? Bajó la mirada, avergonzado, preguntándose si era él quien le desagradaba.



-Pero qué es esto, Tom, ¿No podrías ser más afectuoso?



-Lo siento, debo irme a ver a los chicos ahora.



Se dirigió a la puerta rápidamente.



-¡Tom, acaba de llegar tu hermano! ¡Tu hermano gemelo!



Pero Tom no le prestó atención y se largó. La puerta sonó demasiado fuerte al cerrarse.



Bill levantó la vista y miró a su padre.



-Lo siento -dijo Will, complicado- , creo que está algo sorprendido. Le dije la noticia de golpe, aunque hace varios días sabía que vendrías. Supongo que no sabía como explicárselo.



-Entiendo.



Will le sonrió afectuosamente.



-Aún no hemos comprado una cama para ti, pero usarás la de Tom por el momento. Él dormirá en el sofá cama.



-Yo puedo dormir allí.



-Eres realmente amable, pero no. Tom ha dormido en lugares peores. Créeme. Hace muchas excursiones -añadió, al ver que Bill lo miraba con curiosida.



Bill fue hacia el pasillo, bajo la indicación de Will, cruando la sala de estar, que se hallaba patas para arriba. A ese lugar definitivamente le faltaba una mano femenina. Miró la ropa desparramada en los sillones, las revistas playboy en el suelo, una taza de técon manchas junto a un plasma gigante, que estaba encendido pero sin sonido. Al parecer allí gastaban energía como locos, porque tambipen estaba encendido el ventilador y la radio. Había un CD de Eminem puesto, pero con el volumen muy bajo, así que el ambiente estaba bastante silencioso.



-¿Te gusta la casa? Tom ha elegido los cuadros.



Bill alzó la vista hacia las paredes. Esperó ver cuadros de pintores famosos o de art-decó, pero no, eran de imágenes fulminantes, del estilo de imágenes publicitarias de patinetas y zapatillas deportivas, con mucho contraste y agresividad en los colores.



Recordó los curadros que había en la sala de estar de su casa. Eran cuadros que él y su madre habían elegiudo juntos. Podían hacerlo, porque tenían los mismos gustos estéticos. Había un pintor latino que les gustaba a ambos, de nombre Guayasamin. Tenían muchos posters enmarcados de él en la casa, imágenes muy hermosa de madres e hijos de piel morena. También tenían muchas pinturas de estilo africano, o omágenes que habían impreso en tinta de pinturas rupestres.



-Te llevarpe a la habitación de Tom.



-Gracias.



William volvió a sonreír ante lo bien educado que era Bill. Él y Tom eran los dos extremos de un mismo mastil, eran agua y acéite. Tenía la sensaciónde que aquello no funcionaría.



Bill no pudo evitarfruncir el ceño al llegar al umbral de la puerta de Tom.



Las cortunas no habían sido corridas, las ventanas estaban cerradas y había un intendo olor a hombre allí, y también a humo. Tom fumaba dentro de la habitación, sin duda. Y eso no era lo peor. Había ropa desparramaba por el suelo, la cama estaba sin hacer, una de las colchas estaba a los pies de esta, las paredes estaban tapizadas de posters, sin dar ni un sólo lugar de descanso para la vista, y los colores de la decoración general estaban definitivamente mal. Ni siquiera combinaban. Y ni hablar del armario: ya no cabía nada más en él. Distinguió una rueda de bicicleta sobresalieno ente el chiquero.



-Está un poco desordenado, pero... Bueno, ahí veremos que hacemos.



Will dejó la maleta cerca de la entrada.



-¿Quieres algo para comer?



-No, estoy bien.



-¿De verdad?



-Un té, estaría bien.



-¿Y un sandwich?



-OK.



Bill volvió a soreírle con amabilidad. A Tom jamás le prepararía nada, pero Bill poseía una cordialidad que rayaba en la extrema condescendencia. Daban ganas de revolverle el cabello como a un niño pequeño. En verdad era un gran chico, aunque luciera como chica.



-Te lo traigo. Puedes instalarte.



-Gracias,... ehm...



-No te preocupes, no tienes que llamarme papá de inmediato.



Bill asintió con la cabeza, con una expresión de inmensa gratitud.




3



Tom iba por la vereda de la calle en que vivían. El sol le pegaba en la cabeza y le lastimaba la vista. Había olvidado el jockie en casa por primera vez y sentía que pronto se quedaria ciego.



-¡Tom! ¡Hola! -lo saludó un amigo que vivóa en unas casas más allá de la suya.



Tom lo saludó de mala gana.



-¿Y esa cara, Big T? -le preguntó su amigo, deteniendo la bicicleta que montaba.



-¿Has visto a Josh?



-Está en el parque con los otros chicos. Hey, ¿Es verdad que tienes hermano?

-¿Qué?

-Veron a tu padre entrar con un chico de nuestra edad a tu casa. Se rumorea que es tu hermano. ¿O es tu primo? Tenía un aspecto medio afeminado.



Tom no le respondió, y comenzó a caminar más rápido.



¿Gemelo? Auwle no podía ser su gemelo. Parecía una chica y era mucho más guapo que él. No era justo.



Volvió a casa al anochecer. El cielo ya estaba negro y los faroles de la calle encendidos. Abrió la puerta con la llave escondido bajo el tapete de entrada, y ntró, listo para recibir un reto de William.



Pero su padre no estaba en la sala al llegar.



Atravesó la sala, aliviado, mirando de soslayo el reloj de pared. Ya eran las nueve de la noche y treinta de la noche, así que William probablemente estaría viendo el noticiario en su habitación, mientras planeaba el entrenamiento de mañana. Se venía la temporada de ragby y quería estar escelente. Tom, por su lado, estaba considerando seriamente dejar el equipo. Le estaba absorbiendo mucho del tiempo que debería dedicar a flirtear con chicas universitarias.



Al llegar a su habitación se detuvo en el umbral, un tanto sorprendido. Por minutos habían olvidado que tenía un hermano y que dormiría en su habitación hasta que William se hiciera el generoso y le comprara una cama al pobretón.



Bill se encontraba junto a la ventama, con la vista perdida en un farol de la calle.



Decidió no darse por advertido y lo más silenciosamente posible fue al armario a sacar una colcha.



Entonces se dio cuenta. Podía caminar por la habitación se sortear ningún obstáculo, su cama estaba pulca y el armario estaba ordenado. Volvió a mirar a Bill, pero esta vez... furioso.



Pero no, debía ser amable, haría como que no se había dado cuenta y saldría de la habitación sin advertir su presencia. En verdad no quería cruzar palabra con él. Había sido suficiente con el "Hola" de la tarde.



Buscó en el primer casillero del armario -ahora se podían divisar las separaciones entre cada casillero- , en el segundo, el tecero, el cuarto, en la parte de los colgadores, en la parte del calzado, pero no encontró su cubrecamas, sólo estabs u propia ropa y la del recién llegado. Cerró los ojos, enrabiado, y comenzó a pasear la vista por la habitación, a ver si veía alguna colcha perdida. Pero su miraa se perdió en sus posters: al menos todos seguían allí, el señor Bill Moore había respetado eso.



-¿Dón has dejado las frazadas? -le preguntó.



No sabía ni con que tno de voz hablarle. Todo era muy extraño.



Bill salió de su triste contemplación y se volteó a mirar a Tom. El gemelo rapero prefirió ignorar el hecho de que la tristeza había desaparecido de sus ojos al verlo.



-Las dejé en el baul a los pies de tu cama -dijo, sonriéndole.



Se levantó y caminó torpemente hasta el baul. ABrió la tapa y sacó una colcha.



-Gracias - dijo Tom, al regañadientes.



Evitó mirarlo cuando sonrió. Era un tipo raro en verdad.



-Me voy... a dormir -añadió, haciendo un gesto indicando la puerta.



-Oh, yo dormiré en el sofá cama, si quieres.



-No, yo lo harpe. He dormido en lugares peores.



Bill asintió con la cabeza, sin dejar de mirarlo. Tom notó que tenía la piel mejor cuidada, ahora que lo veía mejor. Seguramente tampoco había tenido espinillas. Era algo genético.



-¿Estás seguro de dormir en el sofá cama?



Tom puso los ojos en blanco brevemente.

-Estoy bien, en serio. De seguro Will mañana ya tendrá instalada la cama.



Bill asinrtió con la cabeza. Tom notó lo triste que se pondía. Parecía desesperado por hacerle favores, y él sólo quería alejarse de él.



El colegio quedaba bastante cerca. Era un colegio público y de mala reputación de la costa de L.A. Podía verse el mar desde las ventanas de la sala, tenía un detector de metales en la entrada, y un patio bastante feo en el centro de la manzana.



Debían almorzar al aire libre, y cuando llovía, no les quedaba otra que almorzar en el salón de clases, dejando todo impregnado de olor a comida.



Los gemelos Moore despertaron al mismo tiempo, pidieron baarse a la misma hora, y se comieron el desayuno juntos, que prepararon ellos mismo. Bill se preparí un jugo de manzana, naranja y platano, un sandwich con atún y palta, mientras Tom se tomabasólo un café, por falta de iniciativa. Estuvo mirando ceñudo el nutritivo desayuno de su hermano, sin intercambiar palabra con él. Comía bastamte, a pesar de su delgadez.



Salieron juntos de la casa, poco después de Wiliam, quien siempre se adelantaba por si horario de trabajo, y se fueron caminando por la vereda, evidenciado los rumores de que eran parientes en todo el barrio. No obstante, cuando llegaron a la esquina y se detuvieron al pasar un monstruoso auto rojo impactante, Tom se volteó hacia Bill y, sin mirarlo a la cara, le dijo:



-Primera regla: nos vendremos separados al colegio, asó qe aléjate de mí. No quiero que piensen que somos parientes.



-Van a notarlo.



-No, no lo harpan. Lucimos diferentes a pesar de ser gemelos.



Tras esto, cruzó la calle, con su mochila roja y verde balanceándose tras su espalda. Bill lo siguió con la vista, viéndole empequeñeciéndose a medida que iba alejándose. Por alguna razón, empezó a sentirse realmente mal, y el nudo en su garganta volvió a aparecer.





Pero sí lo notaron. Al pasar la lista en clase, la clase F, donde ponían a todos los nuevos y a los desordenados o con malas notas, un murmullo se extendió por la sala al detenerse el profesor en el nombre de William Moore, el nuevo compañero.



-¿Moore?



-¿Es tu hermano, Tom?



-¿Es tu hermano?



-Ya lo decía yo. Son bastante parecidos.



El profesor pidió a Bill levantarse de su silla y la clase entera empezó a evaluarlo. Bill miró hacia el puesto de Tom por inercia, mientras se sentía observado como un ratón de laboratorio. Su hermano no hacía caso a los murmullos de los demás y a las preguntas. Estaba hosco, con la mirada fija al frente.



-¿Son hermanos o no? -le preguntó un chico a Bill.



Volvió a mirar a Tom, esperando que este lo mirara y negara con la cabeza. Pero Tom no hizo ninguna señal, por lo cual asintió con la cabeza.



-¿Y son gemelos?



-Sí, nada mpas míralos -dijo otro tipo, sentado justo al frente suyo.



Se sentó en su silla, incómodo.



-Silencio. Va a empezar la clase.



En el descanso, Tom fue como de costumbre a las mesas del patio a almorzar. El sol quemaba con intensidad y las trenzas constituían una bendición para su cabeza. Puso su bandeja con comida en la mesa y empezó a comer a bocanadas.



-No nos habías dicho que tenías un hermano gemelo -le comenzó a decir Josh, uno de sus amigos.



-Dios, es un tío muy extraño. Miren sus gestos -dijo Mike, el mayor, mirando sus gestos, desde la mesa.



Tom se volteó lentamente a ver, y vio a Bill sentado solo, en una mesa a la sombra de un árbol. Había cogido el mejor lugar del patio.



Tenía una bandeja con comida también, pero todavía no tragaba nada. Estaba quieto, mirando al vacío. Era una imagen bastante deprimente.



-¿Qué le pasa? ¿Tene anorexia? -dijo Josh, entre risas.



-Murió su madre -explicó.



-Es decir, tu mamá.



Tom no le dio la razón, simplemente siguió comiendo, tratando de parecer lo más relajado posible.



-Mira eso. No puedo creerlo... -murmuró entonces Steve, otro de sus amigos, el más bajito.



Miraba hacia la mesa de su hermano, sin duda. Se volteó de nuevo, y vio, pasmado, que una chuca se acercaba a su mesa. Y no era cualquier chica: era una de las más lindas de la escuela.



-¿Cómo hizo para que se acercara? -dijo Josh, indignado.





Bill estaba tan sorprendido como ellos. Se quedó mirando a la chica, cohibido, tras ella saludarlo con un cordial "Buenos días".



-¿Puedo sentarme aquí? -preguntó la muchacha, con timidez.



-Claro.



Tom, desde su mesa, evaluaba los gestos de Bill. Y sí, sonreía, pero no como un estúpido como todos los chicos ante tal belleza. Era como si estuviera acostubrado a frecuentar chicas.



-Es su primer día. ¿Cómo es que... ? -dijo Steve.



-No entiendo a las chicas. En serio...



-¡Otra más!



Otra muchacha se acercó a la mesa de Bill. Era amiga de Miranda, la primera chica, y aunque era muy linda, era famosa por ser la más recorrido de toda la escuela. Empezó a coquetearle a Bill con claras intenciones de querer algo con él.



-Creo que tu hermano sí le gustan las tías. Puedes estar tranquilo, Tom.



Tom se volteó a comer de su plato, molesto.





-Qué lindo peinado. ¿Cómo te lo haces? -le preguntó Miranda a Bill, tocándole el pelo.



-Lo hago con el cepillo. Lo restriego de a poco para darle volumen,



-¿Y dónde compras tu ropa? Tienes mejor gusto que todos los chicos de la escuela. Hay que ver nada más cómo se visten los raperos. Parecen delincuentes.



-Tu hermano es Tom Moore, ¿no? -preguntó la otra chica- . Oh, él es una monada, tiene un cuerpazo. Y juego ragby.



Bill se volteó a mirar a Tom. Lo había seguido hasta el patio de lejos, para ver dónde se sentaba a almorzar con sus amigos.



-Es un casanova -dijo Miranda- . Tú te ves diferente.



-N-no crecimos juntos.



-Oh, eso lo explica todo.



-Pero eres más guapo que él. De verdad lo eres.



-No. Creo que él es más guapo.



En la mesa de los raperos, seguían hablando de Bill y de sus primeras admiradoras.



-Creo que se pusieron a hablar de ti. Tu hermano se volteó a mirarte un momento.



-¿Ahora qué está haciendo? -dijo Tom, con gesto alguien que no está realmente muy interesado.



-Está hablando con Susan, la "Avenida Susan" -dijo Josh, entre risas- . En una semana se le cae encima.



-Sí. Tu hermano se ve bastante ingenuo, seguro se deja arrastrar por ella.



Tom terminó su almuerzo, molesto por la atención de sus amigos sobre Bill.





-¿Quieres unirte a nuestro grupo? -le preguntó Miranda a Bill, cuando casi acababa la hora del descanso.



-¿A tu grupo?



Bill miró de soslayo hacia la mesa de Tom. Su hermano conversaba con sus amigos.



-lo siento -dijo, con pesar- , pero hablaré con ustedes de vez en cuando.



Las dos chicas parecieron batante decepcionadas.



Se fue al salón de clases antes del grupito de Tom, a pesar de que estuvo detenido en la entrada bastante tiempo, mirando hacia la mesa de Tom. Reía muy animado con sus amigos, y deseaba compartir con él también.



Se preguntó de qué temas hablarían, y cuando ya estaba bastante cabizbajo, reanudó el camino hacia el salón de clases, con un nudo en la garganta.



Al salir de clases, también se fue antes. Arregló su mochila lo más lentamente posible, mientras vepia a Tom arreglar la suya entre pausas en que bromeaba con sus amigos. Era tremendamente sociable, pero todo se veía tan falso. Le parecía que su hermano sonreía forzadamente todo el tiempo, y que a pesar de las bromas, no la estaba pasando realmente bien. Eso sentía, y de seguro su madre habría sentido lo mismo al ver a su hijo rodeado de todo esos tipos.





Tom y sus amigos se fueron caminando a paso de tortuga por las verdas del barrio de clase media de L.A. El cielo estaba de color naranjo y su hermano Bill iba a cien metros delante de ellos. Tom estuvo silencioso, observándolo a lo lejos, mientras Josh, Mike y Steve hablaban de las bragas de Cameron, una chica del curso a la que siempre se le veía un poco de la ropa interior.



-¿No te vas con tu hermano a casa? -le preguntó Steve, de pronto.



-¿De verdad crees que puede ser mi hermano?



-La verdad, no. Son muy distintos.



-Entonces cállate la boca.



-Ohh, Big T está de mal humor -dijo Josh.



Tom no le hizo caso.



Se despidió del último de sus amigos en la esquina de su casa. Bill ya había entrado y no se lo veía por ninguna parte.






4



La cama de Bill llegó al tercer día. Tom ya estaba familiarizado con el sofá cama, pero regresó feliz a su habitación. No obstante, el espacio para él había quedado reducido a la mitad.



-Da las gracias a Bill por organizar tus cosas en el armario. Ahora no se te perderá nada -le dijo su padre, mientras ambos se preparaban para dormir.



-Me encargaré de que esta pieza esté igual que antes en unos días -dijo Tom con rebeldía- . Esta pulcritud no me gusta.



-Pues a mí sí. Faltaba una mano organizada en esta casa.



Tom puso los ojos en blanco, y se quitó la camiseta.



Bill miró su torso, sorprendido. En verdad tenía buen cuerpo, pero seguía siendo de contextura angosta. Notó que tenía un lunar detrás del hombro derecho, al igual que él. Sin embargo, tenía mala postura, mientras que él era más erguido, como un bailarín.



-¿Cuándo vas a raparte? Es hora de tener el pelo sano. Ya vas a graduarte.



-Son sólo trenzas, si miras bien.



Bill miró sus trenzas. Estaban un poco enredadas y opacas. Definitivamente no tenía el pelo sano. ¿Hace cuando no se las desharía?



Notó la mirada atenta de Will, y notó que sonreía, un poco divertido.



-Deben tener el mismo lunar, miren -dijo, acercándose a Tom.



Bill se quitó la polera para mostrarle el lunar a su padre.



-Nunca me había fijado -dijo Tom, sin darle importancia- . Dios, deberías hacer algo de pesas -dijo, al ver los brazos de Bill- y comer un poco más.



-De hecho, creo que Bill come más que tú -dijo su padre, alzando las cejas.



-Mentira. Yo soy una bestia a la hora de comer.



Sin embargo, Tom recordó fugazmente el desayuno, y prefirió callarse. Bill sacó una camiseta sin manga de su casillero del armario, un tanto cohibido al estar con poca ropa.



-Que tengan buenas noches.



-Sí. Nos vemos -dijo Tom, viéndolo irse atentamente.

La puerta se cerró. Bill se quitó los pantalones, con algo de vergüenza, mientras Tom sacaba rápidamente el playstation de debajo de la cama.



-¿Vas a jugar a esta hora?



-¿No juegas? -le preguntó Tom, frunciendo el ceño.



Bill se acabó de poner los shorts para dormir, y se acercó a la cama de Tom.



-¿Puedo jugar?



-No te estoy invitando a jugar. Creciste con mamá, así que de seguro no sabes jugar.



-Sí sé -dijo Bill, ofendido.



Tom hizo un gesto con la boca, y no dijo más, mientras instalaba el juego.



Bill se sentó en su cama, viendo a Tom mover la TV, arrinconada a los pies de su cama.



No sabía jugar al playstation, pero podía aprender. Tom sí que era poco amable.



-Duermes vestido, ¿eh? -le dijo Tom,, cuando Bill se metió bajo las frazadas.



-Sí. Es más higiénico.



Tom rompió a reír, negando con la cabeza.



-Tú sí que eres raro, ¿eh?



Bill bajó la vista, apenado por eso. Habría dado todo en ese momento por ser igual a Tom. Él sí era un tío guay, de los de verdad: confiado, seguro de sí mismo, sociable, con un gusto popular de ropa y guapísimo. Si fueran iguales, podrían ser buenos hermanos, él podría pertenecer a su grupo de amigos, jugar una partida de playstation por la noche y comer chatarra hasta reventar. Peri él había sido criado de otra manera, de una manera que aceptaba y le gustaba. Le gustaba vestirse como se vestía, le gustaba ser como era... o al menos era así hasta conocer a Tom, la persona que más admiraba en el mundo.



Tom jugó al playstation (un juego de matanzas, de un tipo que iba con pistola por un deposito de barcos matando a todo aquel que se le cruzara en el camino) hasta las tres de la mañana. El volumen del juego estaba bajo, pero aún así no pudo dormir lo que debía, porque Tom se quedó dormido sobre un cojín. Acababa de terminar la partida cuando cayó rendido como un niño sobre unos cojines con fundas de Bad Boys. Tuvo que levantarse y sacar una colcha de debajo de la cama de este y cubrirlo bien para que no se resfriase. Fue el primer contacto de piel que tuvo con él, y se quedó estático de la impresión.



Estuvo despierto hasta las cuatro de la mañana, mirándolo. Eran iguales, pero aún así tan distintos. Tom era muy atractivo, pero muy poco amable, y le desagradaba esa parte suya. Pero sólo esa parte, porque no podía desagradarle cuando, gracias a él, se sentía completo por primera vez en su vida.





De lo que no se percató fue de que se quedó dormido en el suelo también, pero sin una manta encima. Tom se despertó antes que él, con la alarma del celular, y lo vio recostado detrás de él, entre la cama suya y la de él, encogido en ese pequeño espacio. Luego se dio cuenta de que la TV seguía encendida, como tantas veces le había pasado, y fue a apagarla, tras quitarse la manta de encima.



-¿Por qué no se puso una manta él si me puso una a mí? -masculló por lo bajo, molesto.



Cogió su ropa, pasando el pie sobre él, y salió de la habitación, dejando a Bill tirado.



-¿Y Bill? ¿Ya se bañó? -le preguntó William cuando fue a la cocina a desayunar.



-Sigue dormido. Se quedó haciendo no sé qué hasta tarde ayer.



William frunció el ceño y fue hacia el pasillo.



-Oh, aquí estás -lo oyó decir Tom.

Tom se volteó a ver, extrañado, y vio a Bill efectivamente en pie, ya listo. Y a juzgar por el pelo mojado y la nula presencia de maquillaje, se había bañado.



-Vaya, te ves bien así, también -le dijo William.



-¿"También"? -dijo Tom, con incredulidad- ¿No debería verse mejor sin maquillaje al ser un chico?

Se veía igual que él ahora, o casi. Bill tenía la cara más estilizado, como so hubiese recibido tratamiento de endodoncia.



-Te preparé el desayuno -le dijo William.



-No era necesario -dijo Bill- , pero gracias.



Tom miró a su padre, indignado.



-¿Por qué le preparas desayuno? A mí no me lo preparas desde los 4 años.



William le hizo un gesto para que se callara, y se acercó a él.



-Sólo soy amable con él porque hace poco murió su madre, tu madre, Tom, ¿entiendes?



-Si era mi madre también, deberías prepararme el desayuno también.



-Bill la vio muerta, Tom -le dijo su padre, entonces, arrastrándolo hacia el pasillo.



Tom se quedó callado, mirando a William.



-Ahora vete al colegio, y sé más amable con él. Es una orden.



Le dio un leve empujón.



Bill se comió rápidamente el desayuno y se fue al baño a maquillarse, mientras Tom, por mandato de William, lo esperaba en la sala de estar.



Se fueron juntos ese día, entraron juntos al colegio y pasaron juntos por el detector de metales. Ahora sí parecían gemelos. Faltaba que fueran con el paso sincronizado.



-Hasta aquí -dijo Tom, cuando entraron al sector de salas de clase- . Más allá, no, ¿ Lo coges?



-Sí -dijo Bill con voz débil.



-Cool.



Y se largó.



Bill lo siguió con la vista como solía hacer, y esperó a que estuviera lo suficientemente lejos para continuar él.



Hubiera preferido seguir junto a Tom. A medio camino le llegó un pelotazo en la cabeza, y luego le pegaron un letrero que decía “Marica”. Llegó hasta la sala con el papel en su mano, arrugado en su puño fuertemente cerrado. Lo dejó en la papelera, y luego pasó entre las mesas, tratando de parecer seguro de sí mismo, a pesar de los murmullos.



A la segunda clase, comenzó a sentir los efectos de hacer dormido sólo 2 hrs. El jueguito de playstation de Tom lo había dejado agotado, y optó por dormir durante el descanso de una hora, que correspondía al que se usaba para el almuerzo.



Apenas sonó el timbre, cerró el cuaderno, y esperó a que los demás se fueran para ponerse a dormitar. Tom se dio cuenta de sus intenciones, y no pudo evitar reír por lo bajo mientras salía del salón.



-¿Qué le pasó a tu hermano? -preguntó Josh.



-No sabía que hablaríamos de él de nuevo. Es una lata -dijo Tom.



-Sí, es una lata -dijo Steve, condescendiente.



Sin embargo, tuvo la mente puesta en Bill durante el almuerzo. Sabía que era su culpa. Bill estaba con falta de sueño por haber estado él jugando hasta tarde. Luego lo había tapado con una manta y, producto del sueño, se había quedado dormido junto a él.



-Voy al salón. Se me quedó algo -dijo, decidiéndolo de sopetón.



-Vuelve pronto.



-Claro.



Se fue a zancadas de allí, y entró al edificio de las salas de clase de segundo y tercero de secundaria. La clase F estaba casi al medio del largo pasillo mal cuidado.



Bill estaba durmiendo con la cabeza sobre los brazos cruzados cuando llegó a la sala. Estaba todo completamente silencioso.



-Ay, ¿Para qué vine? -masculló por lo bajo.



Decidió acercarse a ver si efectivamente estaba dormido. Se sentó en la silla de adelante y vio que sí dormía. Su respiración era pausada.



-No puedo creerlo -dijo, riendo- . De seguro este tío duerme 8 hrs. Sagradas.



Pasó la mano por delante de su cara. Pero nada. Le tiró el pelo. Nada. Estaba muerto de dormido, y pronto sería la hora de entrada a las clases de la tarde. Si el curso lo hallaba dormido indudablemente lo molestaría por siempre.



-¡Hey!



Le zamarreó el hombro con brusquedad.



-¡Despierta!



Finalmente optó por patearle la silla.



-¡Bill!



Sus brazos casi resbalan de la mesa.



-¡¿Qué pasa?! -exclamó, sin abrir los ojos todavía.





-Uhh, qué genio tienes. Ya va a empezar la clase.



Se levantó de la silla y se fue a su puesto, mientras Bill se desperezaba.



-Gracias -oyó Tom que le decía.



-Estamos a mano. Digo, por la manta.



Bill quedó sorprendido.



Su compañeros los hallaron sentados en sus distanciados puestos al entrar. Fue muy extraño, ya que parecía que habían almorzado juntos.



-Así que a buscar algo -dijo Josh a Tom, entre dientes, al llegar.



-El muy imbécil se había quedado a dormir. Duerme 8 hrs.



-¿8? Yo en toda mi vida no he dormido 8 hrs por noche. Qué más da -dijo Steve a Tom, burlesco.



Tom le siguió la corriente.





-¿Cómo fue la clase de hoy? -les preguntó William a la hora de la cea.



-Aburrida. El colegio es una lata -dijo Tom.



-Lo sé, pero las notas te servirán pata la Universidad,… si es que quieres ir.



-No puedes pagar una Universidad, ¿o sí, Will? ¡Estoy en la clase F!



-Puede estudiar algo técnico, ya sabes. ¿Qué quieres hacer tú después del colegio, Bill?



-Quisiera… -Bill miró a William dubitativo- Quisiera estudiar Música.



-¿Música? Oh, sí, creo que Harriet mencionó que te interesaba la música.



-A nuestra edad a todos nos interesa la música -dijo Tom.



-Pero no profesionalmente -Will volvió a dirigirse a Bill- . Lo que debes hacer es irte de la clase F. Es la penúltima, y eso no es bueno. ¿Tenías buenas notas en tu anterior colegio?



-Sí, más o menos.



-Así puedes estudiar y mantener a TOM .Will comenzó a reír al decir esto.



Bill sonrió, siguiéndole la corriente.



-Muy gracioso, papá -dijo Tom- . Yo voy a ganar muucho dinero, ¿sabes?



-A mí no me molestaría mantenerte -dijo Bill, con seriedad.



William lo miró sorprendido.



-Eso va encontra de mi dignidad. Yo gana´re dinero propio, aunque me tenga que reventar el lomo a las 5 de la mañana. Así que no digas cosas tan humillantes.



Bill lo miró con una profunda tristeza, y siguió comiendo su cena. William se lo quedó mirando, pasmado. Había dicho aquello realmente en serio.



-Aún así, Tom, debes cobrarle la palabra después, por si las moscas.



-¡Papá! -reclamó Tom.



Bill rió, viéndolos discutir.



A las nueve de la noche, Tom se sentó en la mesa de la sala de estar a hacer deberes, y a las diez debió trasladarse a su habitación, donde encontró a Bill acostado. Al menos estaba acostado ya, eso ceraunia ayuda.



-¿Mantenerme? Maldito fanfarrón… -masculló por lo bajo.



Bill apretó los párpados, de cara a la pared.





5





Veía a Tom con sus amigos todos los días y ya no lo soportaba más. Él se sentaba solo en una mesa, y lo único que deseaba en ese momento era poder compartirla con él.


Después de llegar del colegio en la noche de ese día Viernes, se atrevió a preguntarle.


-Tom…


Su gemelo estaba sentado en su cama, con el notebook en las rodillas.


-Yo me preguntaba si… podía unirme a tu grupo… de amigos.


Tom dejó de teclear y alzó la ceja, aparentemente sorprendido. Bill espero pacientemente, pasado junto a su cama.


-¿Estás loco?


Cada vez lo trataba peor, lo cual equivalía a tratarlo mas groseramente.


-Eres completamente diferente a nosotros, ¿lo coges? ¿Por qué no te unes a ese grupito de chicas? Escuché que Miranda Wong está encantada contigo, porque hablas con ella cada vez que te la encuentras, a diferencia de otros tipo que sólo se la quieren tirar.


-Pero… quiero juntarme con chicos.


-Tú no puedes juntarte con chicos -dijo Tom, riendo con frialdad- , porque eres como una chica.


-No lo soy. Yo puedo encajar en… tu grupo -insistió Bill, sentándose en su cama.


Tom tomó su notebook y se levantó, incómodo.


-Soy tu hermano gemelo -continuó Bill levantándose también- , qué tan difícil puede ser.


-No puedes estar en un grupo de raperos -dijo Tom, en tono burlesco- . Simplemente no puedes.


-Sí puedo -dijo Bill, dando un paso hacia él.


-Ya va, ya va, no te me acerques. No puedes estar con nosotros.


-¡Sí puedo!


-¡Hey, hey, chicos! -William había aparecido en la habitación- ¿Qué sucede?


-No soporto a este tío, papá -dijo Tom.


Bill miró a otro lado, enojado.


-Miren, están recién empezado. Ya van a soportarse. Son hermanos, después de todo.


-No crecimos juntos, así que no somos hermanos, papá.


-Tom, trata de ser más amable. Eres tú el que tiene problemas con Bill. No puedes ser grosero también con él, no está acostumbrado a tu mal carácter.


William los miró a ambos por última vez, y su figura se fue de la habitación. Tom esperó a que se alejara para hablarle a Bill.

-No puedo dejar que estés en mi grupo. Te harán pedazos.


Bill se fue a sentar a su cama, indignado.


-No puedes unirte a mi grupo, OK?


El otro gemelo sacó su i-Pod y se puso los audífonos. Tom dio un gruñido de impaciencia y le lanzó un polerón con brusquedad, antes de irse de la habitación.


Se encontró con Steve mientras caminaba por el barrio solitario. Al igual que ayer, estaba perdiendo su tiempo afuera, a la luz débil del atardecer, y el estómago le gruñía como loco.


Pateó basureros, piedras, hasta que no halló nada en su camino. Steve lo encontró sentado en la vereda, sin su jockie y con los ojos entrecerrados por la luz del sol que aún no se escondía.


-Hombre, qué cara tienes.


-Es mi cara, lo siento.


-Es que últimamente siempre andas de malas.


-Sí, es que me cayó un hermano afeminado del cielo.


-Marica, querrás decir.


-Cómo sea.


Steve se sentó a su lado.


-¿Es tan insoportable?


-No. Es decir, en realidad, es un tipo bastante amigable, bien educado… ¡Es eso lo que me molesta! Además ahora le entró en cabeza que quiere unirse a nuestro grupo, y eso no se puede, ¿entiendes? Mejor que se junte con los freaks, ahí encajará mejor, o con los ratoncitos de biblioteca, porque por lo que oí es un cabezón para el estudio.


-Vaya, es completamente distinto a ti, hombre. Tu padre debe adorarlo.


-Sí, más o menos -dijo Tom, con sarcasmo.


-Vas a competir contra él ahora.


-No, qué va, me da lo mismo si lo quiere más a él. Lo que me interesa es que no se me acerque. Es un tipo raro y me da nervios estar cerca suyo.


-Qué mala suerte, Tom.


-Yo nunca pensé que vería a mi hermano gemelo, y que si lo veía, me encontraría con una copia de mí mismo. Eso es lo peor, que es demasiado distinto. Es tan extraño.


-No se balancearon al crecer -dijo Steve, de pronto.


Tom lo miró raro.


-¿Balancear?


-Sí. Es decir, los gemelos siempre tienen personalidades diferentes. Uno es siempre más fuerte que el otro. El más fuerte le enseña al más débil a ser fuerte, y el más débil le enseña al otro a ser… más calmado.


Tom frunció el ceño.


-¿Qué tonterías estás diciendo? ¿Estuviste viendo el canal oriental?


-Tú sabes que no veo TV.


-Oh, sí, Steve el raro no ve TV.


-Pero juego al playstation. ¡Te reto a una partida! -dijo el chico, levantándose-


-¡Hecho! -Tom le estrechó la mano.


Camino a casa de los Moore, Steve aún flexionaba la mano adolorido.


Bill los oyó llegar desde su habitación, donde aún estaba acostado. Dejó a un lado los audífonos, y se secó a duras penas las lágrimas de la cara. Se quedó quieto, mientras oía a Tom y a alguien más entrando a la habitación de ambos.


-Bill, estaremos ocupados. ¿Puedes irte a otra parte? -preguntó la voz de Tom con frialdad.


-Hey, no seas tan pesado -oyó decir por lo bajo al chico que lo acompañaba.


Bill se levantó de la cama, tratando por todos los medios de ocultar su rostro.


Tom conectó los cables al televisor, mientras Steve seguía a Bill con la vista.


-Hey, Tom. Creo que estaba llorando.


-¿Eh?


El chico de trenzas alzó la vista hacia él rápidamente y se lo quedó viendo.




Afuera de la casa, Bill se sentó en el sillón de la baldosa techada. El sol estaba por esconderse. Pudo verlo mientras la línea de luz se hacía cada vez más fina en el horizonte, hasta que la vio desaparecer del todo, con las piernas encogidas en el asiento.


William salió de la casa a ver qué sucedía cuando Tom y su amiguito ya llevaban bastante rato jugando al playstation.


-¿Qué pasa? -le preguntó Will, acercándose a él.


Se sentó a su lado, observándole el rostro descompuesto.


-Siempre… sentó que me faltaba una parte de mí -dijo, con la voz quebrada.


-¿Te refieres a Tom? Sí, con Tom pasaba algo parecido, pero creo que él nunca se dio cuenta.


Bill se volteó a mirarlo.


-Creo que suplió tu ausencia con un lote de amigos. Nunca he conocido -dijo William, sonriendo- a nadie con más amigos que él.


Bill lo había notado. El colegio entero era amigo de Tom. Le agradaba a todos, por muy grosero que este fuera a veces. Sin embargo, a él siempre le costó hacer amigos en la escuela, no por que fuese raro, sino porque no se le hacía tan fácil establecer relaciones profundas con chicos de su edad. Y lo peor de todo fueron las veces que lo molestaron por su aspecto, que aunque no fueron muchas, lo traumaron de por vida. Él solo se había alejado de la gente.


-¿Por qué nos separaron? -dijo, con voz más firme, de pronto enojado.


-Nos divorciamos y…


-¡¿Por qué nos separaron?!


Bill se levantó del sillón bruscamente, fulminando a su padre con la mirada.


-¡¿Por qué lo hicieron?! ¡Si no nos hubieran separado yo sería igual a Tom! Seríamos iguales… -Bill bajó la vista, con los ojos aguados- . Pero somos muy distintos.


-Lo siento mucho, Bill. Pero tu madre y yo queríamos tener a al menos uno de ustedes con nosotros. No creímos que cuando ustedes crecieran pasaría esto.


-Pero sí pasó. Harriet se suicidó y no le pidió permiso a nadie. Ni siquiera pensó en mí cuando lo hizo.


William bajó la vista al suelo, dolido por la pena de Bill. Aquello parecía tener sólo una solución.


-Tendrás tu propia habitación. Dejaremos el chiquero de la pieza del fondo en el patio. Creo que por el momento no pueden dormir en la misma pieza.


Bill asintió, tomándose el codo con una mano. Comenzó a temblar, más dolido que antes. Sólo aguanto el llanto hasta que William entró a la casa, dejándolo solo en la parte delantera.


Tom, en su habitación, escuchaba, y Steve lo miraba atentamente.


-Al menos no tendrás que compartir pieza con él. Es un metro sexual después de todo. Dicen que lo reconoció cuando Miranda le dijo que lo era.


Tom lanzó el control el playstation lejos, haciendo saltar de susto a Steve.


-Yo debo irme -dijo este, rápidamente.


Steve se fue de la habitación a zancadas, sin despedirse.



6





A las once de la noche, Tom aún estaba que bullía de furia. Se levantó de su cama violentamente y fue a zancadas hacia la cocina. Sacó jugo preparado del refrigerador y lo puso de mala gana sobre la mesa. Sólo entonces vio a Bill, que sentado en el sofá, miraba la oscuridad de una manera sumamente tétrica.


Según su horario, debería haber estada dormido a las diez, pero al parecer tampoco podía dormir. Puso la juguera en la otra mesa, para poder darle la espalda.


-Ese jugo ya debe estar malo -dijo de pronto Bill, detrás suyo.


Tom dio un saltito de la impresión.


-Te preparo otro.


-No. Puedo yo solo.


Tom se alejó de él, desconfiado. Bill ya no sonreía como antes, simplemente lo observaba con ojos llenos de rencor, como si él tuviese la culpa de la separación de ambos.


Tom lo siguió con la vista mientras volvía al sillón, dubitativo. Finalmente te decidió, y le dijo:


-Está bien. Hazlo tú si quieres.


Su gemelo se volteó en la oscuridad, y con una leve sonrisa en los labios, se devolvió, encendiendo la luz de la cocina en el camino.


Lo observó mientras sacaba frutas del canasto y las pelaba aceleradamente sobre la mesa de la cocina. En una ocasión al pelar una naranja muy rápido, Bill hizo un gesto de dolor, alertando a Tom… por unos segundos. Luego, al ver que no se quejaba mucho más, Tom dejó de darle importancia.


Cuando empezó a echar rodajas de kiwii a la juguera, se le hizo extraño.


-¿Qué haces? -le preguntó, indicando las rodajas.


-Es una receta de mamá -dijo Bill, sonriéndole, ahora radiante.


-¿De mamá?


El chico de trenzas se lo quedó mirando pasmado.


A continuación Bill echó un poco de agua y empezó a batir, haciendo un ruido horrible con la maquina.


-Papá se va a despertar.


Bill lo ignoró y volvió a accionar la batidora.


-Es lo que tomo todas las mañanas -le contó Bill mientras le servía el jugo en un vaso


-No lo había notado.


-Es una bomba de nutrientes. Toma.


El chico tomó el vaso y dio un sorbo. Bill vio, asustado, que apretaba los párpados.


-¿Está malo? -le dijo, quitándole el vaso.


-Está ácido -dijo Tom- , pero lo ácido es delicioso.


Bill sonrió, feliz, y dio un sorbo también.


-Lo ácido es delicioso -repitió.


Tenían algo en común, al fin. Bill miró el jugo emocionado y se lo pasó para que siguiera bebiendo.


Tom se lo acabó pronto, mientras Bill lo observaba atentamente, a veces riendo por lo bajo al oír el sonido que hacía al tragar.


-¿Por casualidad sabes cocinar? -le preguntó Tom luego de acabar.


-Sí.


Tom lo miró con los ojos como platos. Bill frunció el ceño.


-Podrías cocinar para nosotros. Estoy cansado de la comida del instituto.


-Sí puedo, sí puedo…


Bill fue hacia el mueble con mercadería, emocionado.


-¿Vas a preparar algo ahora? -le dijo Tom, incrédulo.


-Sí, ahora mismo.


-Pero debes dormir.


-Tú ve a dormir. No me demoro nada -dijo Bill, sacando ingredientes del mueble.


Tom se encogió de hombros, resignado.


-Buenas noches, entonces.


-Buenas noches -dijo Bill.


Tom se volteó a mirarlo por última vez desde el umbral del pasillo y, vio, pasmado, la gran sonrisa que surcaba su rostro. Era como su le hubiesen dado una razón para vivir.



Bill dejó las fuentes con comida en el refrigerador y se fue antes que todos. Tom pudo verlo desde la ventana de la salita de estar, mientras se iba por la vereda. Había preparado un guiso árabe, pero Tom no se detuvo a probarlo. Se fue de inmediato al instituto, sintiendo el peso extra del cuenco con comida en el bolso.


A la hora del almuerzo fue con sus amigos al patio de comida en tropel. Bill los siguió de lejos, con su cuenco en la mano. Quería ver que tal era la reacción de Tom al probar lo que había preparado.


-¿Qué es eso? -le preguntó Josh al abrir Tom su fuente con comida.


-Es comida casera.


-¡¿Qué?! -exclamaron sus amigos, levantándose de sus sillas para ver mejor.


-Danos un poco.


-¿Quién la preparó?


-¿Fue Courtney? -dijo Mike, con picardía.


Courtney era el último ligue de Tom. Era una chica universitaria que vivía sola cerca del instituto.


-Sí, fue Courtney-dijo Josh- ¿verdad?


-Sí, fue ella.


Bill lo oyó desde su mesa, indignado. Apretó su tenedor, enojado y tras coger una piedra del suelo, se la lanzó a Tom, dándole en el jockie.


-¡Hey! ¿Quién… ?


Tom se volteó y vio a Bill con expresión enfurecida.


-¿Qué pasa? -preguntó Josh.


-Ayer se pelearon -dijo Steve.


-No hables de lo que no sabes -lo retó Tom.


Steve bajó la vista, avergonzado.


-Me la preparó Bill. Ya está -confesó.


Los tres se quedaron callados.


-¿Tu hermano cocina?


-Sí que es raro.


Tom probó un poco de la comida, la saboreó un poco y siguió comiendo, con gusto.


-¿Está bueno? -le preguntó Josh, con aprensión.


-Sí. Más o menos -dijo Tom, mofándose.


-¿Puedes decirle que nos prepare el almuerzo a nosotros también?


-Hey, mi hermano no es su mucama -les dijo el chico, indignado.


-Já, ahora sí es tu hermano -dijo Josh.


-Nunca dije que no lo fuera…


-Lo decías, lo decías…


Tom apartó el cuenco del alcance de ellos, para que no robaran ninguna cucharada, y se puso a reír por lo bajo, feliz ante los celos de sus amigos.



-Así que Harriet te enseñó a cocinar -dijo William en la cena.


-Siempre que podía la ayudaba.


-¿Qué más sabes cocinar? -le preguntó Tom.


-Muchas cosas: spaguetti, rollitos de primavera, puré de papas, sushi…


-¿Sushi? Podrías prepararnos un poco el fin de semana… -dijo William.


-Iré mañana a primera hora a comprar los ingredientes.


-Eso sería grandioso.




En la noche, Tom volvió a jugar con su playstation. Bill vio con pesar desde su cama la partida del juego en solitario, sin siquiera atreverse a acercarse más para ver cómo se utilizaban los controles. Tom siempre se mantenía lo más lejos posible de él, como si temiera contagiarse de algo. Y él le seguía la corriente y tampoco se acercaba a él. Añoraba la compañía e Tom, aunque él mismo no entendiera esto del todo. Al año y medio los habían hecho cortar lazos, produciéndole, al menos a Bill, una herida incurable, que ahora gracias al reencuentro con su hermano, estaba empezando a cicatrizar. Pero Tom no hacía las cosas fáciles.


Cuando dieron las doce, optó por intentar dormir, a pesar del ruido que hacía Tom, perdiendo su vista en los posters del techo, hasta que se le cansaron los ojos.



El despertador sonó a las ocho de la mañana ese día Sábado. Bill se encontró mirando hacia la cama de Tom, en donde su hermano dormía plácidamente bajo abajo, con el torso desnudo. Bill se levantó temprano y fue al baño por una toalla. Debía ir al supermercado a comprar ingredientes para el sushi. Estaba realmente ilusionado con la idea de prepararles algo a ambos.


El sushi les gustó, pero el primero trozo que Tom comió fue sin soya y le dejó una primera mala impresión de la comida china. Al segundo, Bill se encargó de remojarle el trozo de sushi y dárselo. Tenía que gustarle, o estaría perdiéndose de una delicia.


El domingo en la noche preparó la comida del lunes, y así lo hizo por los siguientes días. Veía todos los días a Tom desde su mesa, a veces acompañado de Miranda o Susan. No obstante, no hizo ningún intento por acercarse más a su hermano, al igual que no hizo ningún intento por entablar una conversación normal con él en algún momento del día. Ni siquiera durante el trecho hasta el colegio se dirigían la palabra. Tom siguió hermético con él por varios días, que luego se convirtieron en semanas.


Bill estaba estrechando su relación con su padre, y ocasiones lo llamaba Papá, pero con Tom no progresó nada, y cuando pasó un mes entero, quedó convencido de que una relación de hermanos era imposible. Tom tenía demasiados prejuicios, y él no quería cambiar. Quería que lo aceptara tal cual era, quería agradarle, que no tuviera que mediar William entre ellos para que Tom le dirigiese la palabra.


Pero eso no ocurrió. Lo de preparar el almuerzo en las noches se convirtió en una rutina. Incluso William dejó de felicitarlo por su buen desempeño en la cocina.


Para romper esa rutina, decidió pasar a alguna parte después del colegio. Casi siempre se iba antes que Tom y podía oír lejanas las risas suyas y de sus amigotes.


Cerca del instituto había un mall. Los dueños habían elegido una ubicación grandiosa, puesto que los principales clientes provenían de su colegio, Costa de Águila. Entre ellos, la mayoría, por supuesto, eran mujeres.


Decidió pasar al mall y gastar ahí un poco de su mesada. William le daba una generosa mesada cada dos semanas, que estaba ahorrando para comprar una guitarra eléctrica. Sin embargo, el día anterior cogió todos sus ahorros y decidió ir a gastarlo en ropa y en una nueva tintura de cabello de color negros con reflejos cobrizos. Estaba cansado del negro azabache, además, producto del cambio de clima entre Seattle y L.A., su piel se había oscurecido levemente y ya no le venía el azabache.


Además de tinturas, compró maquillaje y materiales para dibujar. Le había sacado una foto a Tom en el colegio, y quería ampliarla en un dibujo a grafito. Había captado su mejor sonrisa y deseaba hacer un homenaje a ella.


Compró una polera, unos jeans, y con lo último de su mesada compró un jockie que encontró en una tienda de ropa del estilo de su gemelo. Vio a unos cucos vestidos como él, y no pudo evitar evaluar la combinación de colores. No le costó comprobar que Tom combinada mejor los colores que ellos.




Durante la cena, la ausencia de Bill fue notoria. A veces faltaba Tom porque era impuntual, pero Bill jamás lo hacía.


-¿Dónde fue Bill? -preguntó Will a su hijo.


-No lo sé. No lo vi en la salida.


William miró su reloj. Eran las ocho y cuarto.


-¿Tienes alguna idea de donde puede estar?


-Ni idea. Bill jamás sale.


-No se conocen bien aún, ¿eh?


Tom lo miró con cautela.


-¿Me estás recriminando?


-No, tan solo esperaba que hubiese algún avance en este primer mes. Pero parece que no tú ni Bill hacen algún esfuerzo por acercarse al otro.


-Es verdad -reconoció Tom- . Simplemente no encajamos bien. No nos agradamos.


-A Bill sí le agradas. Tengo la sensación de que desea ser como tú.


Tom fingió no ponerle atención.


-Siempre intenta sincronizarse contigo. ¿No lo has notado? Se ríe cuando tú te ríes, te mira atento cuando hablas. Creo que no te has percatado de toda la atención que te presta.


Tom pensó en sus sesiones de playstation. Bill siempre lo veía jugar antes de dormir. No obstante, por alguna razón no le incomodaba. Incluso sus amigos lo incomodaban cuando lo veían jugar una partida, pero con Bill eso no ocurría.


De repente oyeron la llave de la puerta. William se levantó rápidamente.


-Allí viene.


Bill entró a la casa cargado de bolsas y la mochila. Los dejó en el sillón y se lanzó en el sillón, agotado.


-¿De donde vienes?


-Del mall.


William registró las bolsas, co, curiosidad. Tom observaba a Bill desde la mesa. Se había hecho algo en el cabello. Lo tenía más voluminoso que antes.


-¿Gastaste la mesada? -preguntó William, divertido.


-Sí.


-¿No estabas ahorrando?


-Eso puede esperar.


-¿Y esto? -dijo su padre, sacando el jockie de una bolsa.


-Ah, ese… estaba buen guay, así que lo compré para Tom.


Tom lo miró, pasmado, pero no tanto como William.


-Tom, vamos, póntelo -le dijo el señor Moore a su hijo.


Tom se levantó de la mesa de mala ganas y cogió el jockie, mirando a Bill de reojo.


-Está lindo -dijo.


-Pero póntelo.


El chico miró el jockie brevemente.


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