Salve Argentina
Luiz de Miranda
Traducción: Patricia Da Luz
Salve Argentina
By Luiz de Miranda
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© Copyright 2011 Editorial Emooby
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En memoria
de Miguel Ángel Bustos,
Francisco Urondo.
Para Ernesto Sábato,
Juana Alcira Arancibia,
Rubén Vela,
Juan Gelman,
Alejandro Roemmers
Y Mario Trejo, inolbidable amigo.
Índice
Salve Argentina
que de mi todo lo sabes.
Estrella vespertina
que ilumina mi alma
desde el día
en que nací,
a orillas del río Uruguay
en Uruguayana.
Tú estabas
al otro lado del río,
linda y amena,
fuerte y brava.
con tus caballos veloces
que llevan fulgurantes
el sol de tu bandera.
Si no fuese por tu geografía,
cómo podría
amar-te y querer-te
tanto hasta forjar
más de mil versos.
Llevo este sueño
guardado en el alma,
repleta de pampa y soledad,
de este poeta sin frontera,
que quiere al mundo
como documento
y al viento de la Argentina.
II
todo me enseña.
En el lienzo blanco
de los abandonados.
De aquellos que perdieron
todo
hasta el último cigarrillo,
pero se aferran
al vocablo
de la patria
y me llenan
de orgullo
y fe,
y cicatrizan las heridas
profundas del corazón.
Mi vida,
Argentina,
es tuya,
casi desnuda,
pero llena del espanto
de la poesía
que ilumina
mi amor por ti,
patria-hermana
que se acuna
en mis brazos
ya frágiles,
pero llenos de la pasión
que concede
la claridad de medianoche.
III
tan mía
como la esquina,
el vuelo suave de un pájaro
anónimo
en la ventana
del alto cielo,
cuando me interno
en estos versos
que girarán
azules
por el universo.
Desde el seis de abril
de mil novecientos
cuarenta y cinco,
mis ojos miran
hacia mi pampa
y después a la Argentina.
Fue un viernes
de una mañana fría,
tal vez gris y con neblina
cuando el puente no existía
entre Uruguayana y Libres,
los barcos surcaban
el río
llevando carne,
harina de trigo,
manteca y galleta.
Creo que el alimento
fue mi primer
encuentro
con tu suelo
de madre gentil.
IV
en la inmensidad de mi Pampa,
nada más me espanta
que no sea el vuelo invisible
y eterno de la palabra
y en su espalda
instaló mi vida.
Igual a ti, Argentina,
azul en azul de esta fina
pared que viste la aurora.
Si me pierdo o me escondo
búsquenme en el oído de la noche.
Estoy sin destino aplazado,
camino a tientas,
como los ojos de un niño.
Desde pequeño
buscando un sino.
La última vez
que lo ví
descendía
un río
sin nombre.
Con certeza ahora
golpea en el mar,
mi lugar donde quedarme.
V
me acompañan por un itinerario
variado,
ignorado y casi invisible
tañendo la melodía de Piazzolla.
Me levanto al clarear el día
y llego a lo mas remoto de la Argentina
con el pulso del amor
que te habita
y te purifica,
como Patria te ilumina.
Bien estás y bien te quedas,
dueña de la Pampa y de la Cordillera
hacia el Sur, bien hacia el Sur
es blanca como la túnica de Dios.
Por caminos desconocidos
comienzo a cantarte
para que sueñe la verdad,
hermana gemela de la Poesía,
violín ciego en la noche,
luz del alba de los santos,
y hosannas de la Casa de Dios.
No anticipo despedidas
con lo que te digo,
vergel de mi alma,
algunas veces pobre y abandonada,
como la mano que escribe
lo que te exalta
que desciende al Infierno
y sube al Paraíso,
como informe sin prejuicios.
VI
cordilleras
y colinas,
te develas vasta Argentina.
Nadie puede conocerte más
que aquellos que te aman
y te sacralizan
en una avenida
de Buenos Aires
o en una estrecha calle
de Paso de los Libres.
Tu sol se levanta
para todos
e ilumina
los confines de la Patria.
Somos lo que heredamos
de espíritu y luz,
también somos
lo que inventamos
al borde de la aurora,
cuando se apagan
las estrellas.
Si Vamos por tierras
y vías de tren
y caminos,
permanece
un fino brillo
de la pasión que en ti
Argentina,
nunca termina.
VII
Amplio y glorioso es el cielo de Argentina,
también es fuego en el aluvión de la noche,
eleva la voz del oprimido, do solitario.
Este es un país aparte, donde el hombre
viene en primer lugar, se sienta a la mesa
bebe el vino, se alimenta a voluntad
y tiene el descanso merecido.
Quien lo vivió conoce el camino colectivo
y la solidaridad
reaparece ante los ojos como una fotografía.
Los días venideros son coronados de luz divina,
salve Argentina del brillante porvenir.
La niña del colegio es la mujer que busco
entre los monstruos de la ciudad de cemento y acero.
hago mi parte en la construcción de la Patria,
tal vez sea sólo arte lo que digo a los vientos.
tal vez nadie me oiga y es en vano la lucha.
Palabras tejidas en los oscuros ojos de la pampa
que camina hasta las franjas verdes del mar.
De ahí saldremos juntos hacia la eternidad.
es así como sueño la felicidad
en estos caminos encorvados sobre la pradera
de la pampa.
Poco sé de lo que me espera a la vuelta del camino
lo que veo al límite el alto y ciego horizonte
es la salvación de todos los que sufren y lloran
a un costado de la tristeza y el miedo.
Siete espadas de acero son mis armas en total secreto.
VIII
trasponen al tiempo.
Es aquello que vi
y principalmente
aquello que soñé.
El río Uruguay
es el río de mi alma,
Argentina en la otra orilla
es la vecina más antigua
de esta misma alma.
La sueño por dentro
como su propio hijo.
La glorifico como
a Nuestra Señora.
Le dejo palabras
sueltas al viento,
mitad grito, mitad amor
cosas recogidas
a lo largo del camino,
como mujer amada,
o solitario,
como viento
que me lleva
hacia la profundidad
de su corazón azul.
Me exalto en esa pasión
y escucho los murmullos
de la llegada,
tal vez es el fin
o el comienzo de lo que amé.
IX
vive contigo,
vela
tu sueño
y te hace
felíz.
Argentina
es un alma
luminosa.
Patria
de rosas
rojas.
Tu pueblo
es tu amigo
y te conoce mejor
que este poeta pobre,
pero lleno de voluntad
que vino de la pampa
y de la ciudad
y te escucha
en la voz
incendiada
del viento,
mi padre
es también mi padrino,
que lleva
las naves
hacia alta mar,
donde tenemos
todo
y se puede
morir por amar.
X
y recorro con los ojos
la inmensidad argentina.
Un mar inmenso
y azul
se descubre.
Es ahí donde vive la eterna esperanza
de los afligidos
y oprimidos,
aquellos que son la sangre de la Patria.
Del hombre solitario
en los confines
de tus calles
y plazas
y ciudades,
casi sin nombre.
ahí vive un hombre casi anónimo
que llama por ti,
que llora por ti
y clama por justicia.
Miro
lejos
y te veo
aás alta.
Es la voz que recorre la pampa y la cordillera
y permanece como espejo
donde tu pueblo se refleja
y reconoce su raíz,
país de todos,
memoria inmortal.
XI
vamos atraídos por la luz vespertina.
Argentina,
tan mía
y de todos
los que te aman en el silencio de los abandonados
arpegio de los santos
y los glorificados
en la agonía del adiós.
Mis brazos y abrazos son tuyos,
donde reina la página en blanco
que traspasa la frontera
y reluce
en las calles
olvidadas
de Buenos Aires.
Tierra de mi alma,
solitaria y triste,
como pocas,
pero que se levanta
en la voz del pueblo
y se transforma en canto nuevo,
donde la esperanza
es el camino,
con amada o sin amada
llego hasta tu pecho
solemne e inmortal.
Te canto desde lejos
y de cerca,
en la soledad nocturna
del desierto
y ahí me pongo a rezar
para contigo
morir de amar.
XII
y vuelo como los pájaros
hasta los lagos de Mendoza,
al pie de los Andes,
llena de vino
y esperanzas largas.
En un ritmo de milonga
canta el pueblo
una canción de libertad
que camina con nosotros
e invade nuestro pecho,
cubierto de bruma argentina
y lluvia fina
de un invierno de mayo.
Los nuevos días
me dan lucidez
y suficiente alimento.
Lo que invento
en este poema largo
es el amor que vibra
y anuncia el verso
que nos llevará,
límpidos y fuertes
con ráfagas de luz
que Dios me concede
para seguir adelante,
frente al Mar del Plata
y ahí soñar
el sueño imposible
diamante de este canto.
XIII
caen sobre Argentina
como lo revelan
los mantos sagrados
de todos los santos.
Caminan por aquí
en estas veredas pobres
en los ojos del extraviado
en las manos del trabajo
de todo su pueblo,
más aún de los humillados,
que pasan hambre
y tienen hambre de justicia
y son muchos.
Una luz de esperanza
se ve en el aire
formando una pequeña nube,
donde están las rosas
y las flores del campo.
Aquí estoy
a pleno corazón
para exaltar
lo que brilla en el cielo
como el sol de oro
de tu bandera,
volando al viento
que me lleva
pampa afuera
hacia las avenidas de Buenos Aires
lo que el río Uruguay
arrastra
en su eternidad de aguas.
XIV
de allí volveré
para cantarte,
como un sol entero
en un café olvidado
de Posadas,
estaré contigo
hasta que las estrellas
bajen a mi mesa.
Iré a Goya, ciudad
hermana de la mía
eterna Uruguayana.
Diré adiós a Ramón Blanco,
iré a visitar
a Ramón Cavalieri
y tomar un vino
delante del viento
que todo lo puede,
hasta mueve montañas
y diseña
un cielo de plata
que la pasión no desata.
Después, ajusto las riendas
de mi caballo
llamo a mi perro
y vamos hacia caminos
no previstos
para que nada se olvide.
XV
con su lengua de plata,
con sus calles largas.
En breve regreso
con los ojos iluminados
por tu amor,
en aquellos antiguos días
de los años setenta.
Por ahora,
sueño contigo
y escribo
estos versos azules
que canta
toda la patria,
no es sólo una parte,
lo que el arte alumbra
de los territorios litigiosos
del lenguaje.
Fuera del poema,
no hay salvación.
Todo en el
es bendición de Dios
que corre en mis manos
casi a ciegas,
que se levantan
en el alto sol
de tu bandera
una nueva
palabra de amor.
XVI
santificado y alto,
de Astor Piazzolla,
en los oídos de la patria.
Su nombre abre caminos
en el mundo,
y aún después de la muerte
se escucha más.
Lo conocí en mil novecientos
setenta y tres
y después de una charla
encantada
como su música
nos hicimos amigos.
En el derrotero de la vida
su Libertango
es sinónimo de libertad.
Escribo este poema,
escuchando su música.
Su exquisita magia
me acompaña
desde hace años, como estrella,
ilumina la senda
por donde debo pasar.
El mar está con nosotros,
como la pampa
a veces en el silencio
de un momento,
él reaparece,
magistral
como la más alta catedral.
XVII
y esto cambia mi sentimiento.
Todo es distancia
sin luz.
El color plata de una lágrima
modifica las horas.
Desapareció el viento,
el mar está lejos.
La Pampa no se divisa.
Estoy acurrucado en un cuarto
de paredes blancas
donde la tristeza
es larga, como un acorde
de milonga.
Aún así,
inclino la cabeza,
y escribo,
es por ahí
donde vendrá
la estrella de Aldebarãn,
rompiendo las tinieblas
para inaugurar, después,
la luminosidad de la mañana.
Es por este camino
que me salvo
y gano nuevamente
la vida, rayo de luz
eterno.
Argentina,
todo de ti ilumina.
XVIII
niña azul y argentina
cuando tiemble un destino de mar.
Amanecerán los sueños
en la claridad del agua,
que desde lo más profundo
alcanzará el brillo del alba.
Tu nombre está escrito
en los papeles de un poema,
por eso tengo la certeza
de encontrarte,
tal vez en una calle
de una ciudad olvidada.
Caminé toda la vida
para verte,
entre nubes y estrellas
en un canto del cielo
escondido de la lluvia.
Tienes un amor de auroras,
el color de los incendios del alma.
Estaré contigo,
cuando el sol se oculte,
y escribiré tu nombre
en el horizonte,
como un puñal de plata
que enceguece
a mi olvidado corazón.
XIX
que no duermo,
como en el silente momento
en que se detiene el alma,
aquello que sólo designa Dios.
Sendero de estrellas
en el cielo descubierto
una flor olvidada
en el portal de la infancia,