Excerpt for Salve Argentina by Luiz De Miranda, available in its entirety at Smashwords


Salve Argentina

Luiz de Miranda

Traducción: Patricia Da Luz

Salve Argentina

By Luiz de Miranda

Published by Editorial Emooby at Smashwords

© Copyright 2011 Editorial Emooby

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En memoria

de Miguel Ángel Bustos,

Francisco Urondo.

Para Ernesto Sábato,

Juana Alcira Arancibia,

Rubén Vela,

Juan Gelman,

Alejandro Roemmers

Y Mario Trejo, inolbidable amigo.

Índice

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

X

XI

XII

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

XXI

XXII

XXIII

XXIV

XXV

XXVI

XXVII

XXVIII

XXIX

XXX

XXXI

XXXII

XXXIII

XXXIV

XXXV

XXXVI

XXXVII

XXXVIII

XXXIX

XL

XLI

XLII

XLIII

XLIV

XLV

XLVI

XLVII

XLVIII

XLIX

L

LI

LII

LIII

LIV

LV

LVI

LVII

LVIII

LIX

LX

LXI

LXII

LXIII

LXIV

LXV

LXVI

LXVII

LXVIII

LXIX

LXX

LXXI

LXXII

LXXIII

LXXIV

LXXV

LXXVI

LXXVII

LXXVIII

LXXIX

LXXX

LXXXI

LXXXII

LXXXIII

LXXXIV

LXXXV

LXXXVI

LXXXVII

LXXXVIII

LXXXIX

XC

XCI

XCII

XCIII

XCIV

XCV

XCVI

XCVII

XCVIII

XCIX

C

CI

CII

CIII

CIV

I

Salve Argentina

que de mi todo lo sabes.

Estrella vespertina

que ilumina mi alma

desde el día

en que nací,

a orillas del río Uruguay

en Uruguayana.

Tú estabas

al otro lado del río,

linda y amena,

fuerte y brava.

con tus caballos veloces

que llevan fulgurantes

el sol de tu bandera.

Si no fuese por tu geografía,

cómo podría

amar-te y querer-te

tanto hasta forjar

más de mil versos.

Llevo este sueño

guardado en el alma,

repleta de pampa y soledad,

de este poeta sin frontera,

que quiere al mundo

como documento

y al viento de la Argentina.

II

Argentina,

todo me enseña.

En el lienzo blanco

de los abandonados.

De aquellos que perdieron

todo

hasta el último cigarrillo,

pero se aferran

al vocablo

de la patria

y me llenan

de orgullo

y fe,

y cicatrizan las heridas

profundas del corazón.

Mi vida,

Argentina,

es tuya,

casi desnuda,

pero llena del espanto

de la poesía

que ilumina

mi amor por ti,

patria-hermana

que se acuna

en mis brazos

ya frágiles,

pero llenos de la pasión

que concede

la claridad de medianoche.

III

Argentina,

tan mía

como la esquina,

el vuelo suave de un pájaro

anónimo

en la ventana

del alto cielo,

cuando me interno

en estos versos

que girarán

azules

por el universo.

Desde el seis de abril

de mil novecientos

cuarenta y cinco,

mis ojos miran

hacia mi pampa

y después a la Argentina.

Fue un viernes

de una mañana fría,

tal vez gris y con neblina

cuando el puente no existía

entre Uruguayana y Libres,

los barcos surcaban

el río

llevando carne,

harina de trigo,

manteca y galleta.

Creo que el alimento

fue mi primer

encuentro

con tu suelo

de madre gentil.

IV

Viajo en este camino estrecho

en la inmensidad de mi Pampa,

nada más me espanta

que no sea el vuelo invisible

y eterno de la palabra

y en su espalda

instaló mi vida.

Igual a ti, Argentina,

azul en azul de esta fina

pared que viste la aurora.

Si me pierdo o me escondo

búsquenme en el oído de la noche.

Estoy sin destino aplazado,

camino a tientas,

como los ojos de un niño.

Desde pequeño

buscando un sino.

La última vez

que lo ví

descendía

un río

sin nombre.

Con certeza ahora

golpea en el mar,

mi lugar donde quedarme.

V

Acordes de tangos y milongas

me acompañan por un itinerario

variado,

ignorado y casi invisible

tañendo la melodía de Piazzolla.

Me levanto al clarear el día

y llego a lo mas remoto de la Argentina

con el pulso del amor

que te habita

y te purifica,

como Patria te ilumina.

Bien estás y bien te quedas,

dueña de la Pampa y de la Cordillera

hacia el Sur, bien hacia el Sur

es blanca como la túnica de Dios.

Por caminos desconocidos

comienzo a cantarte

para que sueñe la verdad,

hermana gemela de la Poesía,

violín ciego en la noche,

luz del alba de los santos,

y hosannas de la Casa de Dios.

No anticipo despedidas

con lo que te digo,

vergel de mi alma,

algunas veces pobre y abandonada,

como la mano que escribe

lo que te exalta

que desciende al Infierno

y sube al Paraíso,

como informe sin prejuicios.

VI

Por las pampas,

cordilleras

y colinas,

te develas vasta Argentina.

Nadie puede conocerte más

que aquellos que te aman

y te sacralizan

en una avenida

de Buenos Aires

o en una estrecha calle

de Paso de los Libres.

Tu sol se levanta

para todos

e ilumina

los confines de la Patria.

Somos lo que heredamos

de espíritu y luz,

también somos

lo que inventamos

al borde de la aurora,

cuando se apagan

las estrellas.

Si Vamos por tierras

y vías de tren

y caminos,

permanece

un fino brillo

de la pasión que en ti

Argentina,

nunca termina.

VII

Amplio y glorioso es el cielo de Argentina,

también es fuego en el aluvión de la noche,

eleva la voz del oprimido, do solitario.

Este es un país aparte, donde el hombre

viene en primer lugar, se sienta a la mesa

bebe el vino, se alimenta a voluntad

y tiene el descanso merecido.

Quien lo vivió conoce el camino colectivo

y la solidaridad

reaparece ante los ojos como una fotografía.

Los días venideros son coronados de luz divina,

salve Argentina del brillante porvenir.

La niña del colegio es la mujer que busco

entre los monstruos de la ciudad de cemento y acero.

hago mi parte en la construcción de la Patria,

tal vez sea sólo arte lo que digo a los vientos.

tal vez nadie me oiga y es en vano la lucha.

Palabras tejidas en los oscuros ojos de la pampa

que camina hasta las franjas verdes del mar.

De ahí saldremos juntos hacia la eternidad.

es así como sueño la felicidad

en estos caminos encorvados sobre la pradera

de la pampa.

Poco sé de lo que me espera a la vuelta del camino

lo que veo al límite el alto y ciego horizonte

es la salvación de todos los que sufren y lloran

a un costado de la tristeza y el miedo.

Siete espadas de acero son mis armas en total secreto.

VIII

Los ojos de los meses

trasponen al tiempo.

Es aquello que vi

y principalmente

aquello que soñé.

El río Uruguay

es el río de mi alma,

Argentina en la otra orilla

es la vecina más antigua

de esta misma alma.

La sueño por dentro

como su propio hijo.

La glorifico como

a Nuestra Señora.

Le dejo palabras

sueltas al viento,

mitad grito, mitad amor

cosas recogidas

a lo largo del camino,

como mujer amada,

o solitario,

como viento

que me lleva

hacia la profundidad

de su corazón azul.

Me exalto en esa pasión

y escucho los murmullos

de la llegada,

tal vez es el fin

o el comienzo de lo que amé.

IX

Quien te ama

vive contigo,

vela

tu sueño

y te hace

felíz.

Argentina

es un alma

luminosa.

Patria

de rosas

rojas.

Tu pueblo

es tu amigo

y te conoce mejor

que este poeta pobre,

pero lleno de voluntad

que vino de la pampa

y de la ciudad

y te escucha

en la voz

incendiada

del viento,

mi padre

es también mi padrino,

que lleva

las naves

hacia alta mar,

donde tenemos

todo

y se puede

morir por amar.

X

Subo a la más alta montaña,

y recorro con los ojos

la inmensidad argentina.

Un mar inmenso

y azul

se descubre.

Es ahí donde vive la eterna esperanza

de los afligidos

y oprimidos,

aquellos que son la sangre de la Patria.

Del hombre solitario

en los confines

de tus calles

y plazas

y ciudades,

casi sin nombre.

ahí vive un hombre casi anónimo

que llama por ti,

que llora por ti

y clama por justicia.

Miro

lejos

y te veo

aás alta.

Es la voz que recorre la pampa y la cordillera

y permanece como espejo

donde tu pueblo se refleja

y reconoce su raíz,

país de todos,

memoria inmortal.

XI

En las auroras de la vida

vamos atraídos por la luz vespertina.

Argentina,

tan mía

y de todos

los que te aman en el silencio de los abandonados

arpegio de los santos

y los glorificados

en la agonía del adiós.

Mis brazos y abrazos son tuyos,

donde reina la página en blanco

que traspasa la frontera

y reluce

en las calles

olvidadas

de Buenos Aires.

Tierra de mi alma,

solitaria y triste,

como pocas,

pero que se levanta

en la voz del pueblo

y se transforma en canto nuevo,

donde la esperanza

es el camino,

con amada o sin amada

llego hasta tu pecho

solemne e inmortal.

Te canto desde lejos

y de cerca,

en la soledad nocturna

del desierto

y ahí me pongo a rezar

para contigo

morir de amar.

XII

Oigo la voz del viento

y vuelo como los pájaros

hasta los lagos de Mendoza,

al pie de los Andes,

llena de vino

y esperanzas largas.

En un ritmo de milonga

canta el pueblo

una canción de libertad

que camina con nosotros

e invade nuestro pecho,

cubierto de bruma argentina

y lluvia fina

de un invierno de mayo.

Los nuevos días

me dan lucidez

y suficiente alimento.

Lo que invento

en este poema largo

es el amor que vibra

y anuncia el verso

que nos llevará,

límpidos y fuertes

con ráfagas de luz

que Dios me concede

para seguir adelante,

frente al Mar del Plata

y ahí soñar

el sueño imposible

diamante de este canto.

XIII

Los rubios de Dios

caen sobre Argentina

como lo revelan

los mantos sagrados

de todos los santos.

Caminan por aquí

en estas veredas pobres

en los ojos del extraviado

en las manos del trabajo

de todo su pueblo,

más aún de los humillados,

que pasan hambre

y tienen hambre de justicia

y son muchos.

Una luz de esperanza

se ve en el aire

formando una pequeña nube,

donde están las rosas

y las flores del campo.

Aquí estoy

a pleno corazón

para exaltar

lo que brilla en el cielo

como el sol de oro

de tu bandera,

volando al viento

que me lleva

pampa afuera

hacia las avenidas de Buenos Aires

lo que el río Uruguay

arrastra

en su eternidad de aguas.

XIV

De allí donde esté,

de allí volveré

para cantarte,

como un sol entero

en un café olvidado

de Posadas,

estaré contigo

hasta que las estrellas

bajen a mi mesa.

Iré a Goya, ciudad

hermana de la mía

eterna Uruguayana.

Diré adiós a Ramón Blanco,

iré a visitar

a Ramón Cavalieri

y tomar un vino

delante del viento

que todo lo puede,

hasta mueve montañas

y diseña

un cielo de plata

que la pasión no desata.

Después, ajusto las riendas

de mi caballo

llamo a mi perro

y vamos hacia caminos

no previstos

para que nada se olvide.

XV

Buenos Aires me espera

con su lengua de plata,

con sus calles largas.

En breve regreso

con los ojos iluminados

por tu amor,

en aquellos antiguos días

de los años setenta.

Por ahora,

sueño contigo

y escribo

estos versos azules

que canta

toda la patria,

no es sólo una parte,

lo que el arte alumbra

de los territorios litigiosos

del lenguaje.

Fuera del poema,

no hay salvación.

Todo en el

es bendición de Dios

que corre en mis manos

casi a ciegas,

que se levantan

en el alto sol

de tu bandera

una nueva

palabra de amor.

XVI

Mencionaré el nombre,

santificado y alto,

de Astor Piazzolla,

en los oídos de la patria.

Su nombre abre caminos

en el mundo,

y aún después de la muerte

se escucha más.

Lo conocí en mil novecientos

setenta y tres

y después de una charla

encantada

como su música

nos hicimos amigos.

En el derrotero de la vida

su Libertango

es sinónimo de libertad.

Escribo este poema,

escuchando su música.

Su exquisita magia

me acompaña

desde hace años, como estrella,

ilumina la senda

por donde debo pasar.

El mar está con nosotros,

como la pampa

a veces en el silencio

de un momento,

él reaparece,

magistral

como la más alta catedral.

XVII

Estoy lleno de ausencias,

y esto cambia mi sentimiento.

Todo es distancia

sin luz.

El color plata de una lágrima

modifica las horas.

Desapareció el viento,

el mar está lejos.

La Pampa no se divisa.

Estoy acurrucado en un cuarto

de paredes blancas

donde la tristeza

es larga, como un acorde

de milonga.

Aún así,

inclino la cabeza,

y escribo,

es por ahí

donde vendrá

la estrella de Aldebarãn,

rompiendo las tinieblas

para inaugurar, después,

la luminosidad de la mañana.

Es por este camino

que me salvo

y gano nuevamente

la vida, rayo de luz

eterno.

Argentina,

todo de ti ilumina.

XVIII

Un día estaré contigo

niña azul y argentina

cuando tiemble un destino de mar.

Amanecerán los sueños

en la claridad del agua,

que desde lo más profundo

alcanzará el brillo del alba.

Tu nombre está escrito

en los papeles de un poema,

por eso tengo la certeza

de encontrarte,

tal vez en una calle

de una ciudad olvidada.

Caminé toda la vida

para verte,

entre nubes y estrellas

en un canto del cielo

escondido de la lluvia.

Tienes un amor de auroras,

el color de los incendios del alma.

Estaré contigo,

cuando el sol se oculte,

y escribiré tu nombre

en el horizonte,

como un puñal de plata

que enceguece

a mi olvidado corazón.

XIX

Cinco noches

que no duermo,

como en el silente momento

en que se detiene el alma,

aquello que sólo designa Dios.

Sendero de estrellas

en el cielo descubierto

una flor olvidada

en el portal de la infancia,


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