Techo Inmóvil
Poemas
Abdul Hadi Sadoun
Techo Inmóvil
By Abdul Hadi Sadoun
Published by Editorial Emooby at Smashwords
©Copyright 2011 Editorial Emooby
License Statement
This ebook is licensed for your personal enjoyment only. This ebook may not be re-sold or given away to other people. If you would like to share this book with another person, please purchase an additional copy for each recipient. If you’re reading this book and did not purchase it, or it was not purchased for your use only, then please return to Smashwords.com and purchase your own copy. Thank you for respecting the hard work of this author.
5 Haikus en vida Y un sexto muerto
Escribir en Cuneiforme
Los peces muertos de la fuente,
¿acaso sienten su frío caído de lo alto?
¿acaso miran con asombro mi nuevo traje
ceñido como un cinturón
de tela revuelta por las aves del viento?
Cada día, en el autobús,
cruzo cerca de ellos.
El hombre de siempre,
inclinado sobre la fuente
pule sus escamas de piedra.
Los peces muertos,
¿en qué piensan
si no pueden nadar?
Mientras me deshago de los versos
Y las tentaciones de las palabras
Inservibles
De la mujer que duerme a mi lado esta noche,
Intento llamar al pájaro del estrecho tragaluz
Espero salga de la sombra
Como lo adivinaba aquel poema que leí y olvidé.
Le espero... hasta que salga de mi boca
Y desaparezca en el silencio.
Mientras doy la vuelta
De un lado a otro
En el hueco de mi deseo
Tampoco pienso en una muerte
Tan clara como dormir
en este momento.
La ignorante mujer, casi inocente
Sonríe en la penumbra.
Mi idea desprecia el amanecer surgente
Me levanto descubriendo el juego
Nada de pájaros
Las carcajadas de esta mujer son la única verdad.
“No es más que viento”, diré
Repitiendo la frase de Gilgamesh el mesopotámico
Un antepasado raro,
Y vuelvo a besar las rosas del mantel.
El pájaro es un viejo recuerdo
De apoderada noche.
Llóralo bien,
mas llóralo todo.
Le interesan tus palabras,
pero está dividido
y sabes que todo no lo tendrás.
Llóralo...
Tu llanto producirá la fina grieta
en esta duermevela que llovizna,
el relámpago chispeante.
Llóralo bien,
por el azar que acaso sea
o el próximo amanecer.
Y esperemos
aunque, a cada instante,
desaparezca.
Llóralo bien,
mas no ante la sorpresa
que filtra sus dedos
en nuestras costillas,
no ante la sorpresa
que sin llegar
toca el espacio.
Llóralo bien,
llóralo,
no le dejes bajar la mirada
ni transformarse en otro.
Dale lo suyo
que se levanta en ti.
Y llóralo...
Sin él no habrá mundo para ti.
... Todo
No dejes que escape, sin más.
Llóralo bien,
mas llóralo todo.
Como una olla hirviente
será su ataque.
Arrastra en su sombra
una espina encarnada.
Juega el hambre con
la leona.
Sus colmillos van a restañar
las murallas.
Los veo relucir en nuestras caras.
Aguardamos en primera fila.
Y resplandecen.
Y se agitan como anhelantes plumas.
El ataque de la leona
nos sorprende,
o quizás algo más recóndito,
quizás el aliento de los antepasados,
quizás aquel ciego,
o Sepúlveda,
quien contaba
la vida del viejo que leía
novelitas de amor.
Quizás no esté ella lejos de las flechas
que hieren su garganta
desde la tabla asiria
donde se revela todo
menos su ataque.
Ay de la leona,
vigilada por nosotros,
anunciándose al otro lado,
contenida solo por un dedo de cristal.
Así la vemos,
dibujándose en su imagen.
Y agoniza su ataque
ante la quietud con que miramos.
Nuestros caballos
de cola
y madera
y clavos
eran conducidos.
Pero ahora nos patean.
¡Ay de este sopor!
Nuestros caballos
de cola
y madera
y clavos,
nos deshacen
costilla tras costilla.
Es el momento
y su sombra
acaso sea yo.
Es rojo
y me ahoga en su tinta,
el momento;
las metáforas se embisten
contra sus paredes de olvido,
insaciables,
eligen,
por fondo, el infinito.
El momento...
Ay de su ausencia
entre un susurro y otro,
chasquido
igual a este
que se acerca débilmente ruidoso.
Su ligereza es la de un disco
que revolca.
Escucho.
Es el momento
quien viene y se va.
Yo
quien aguarda.
Para subirme al cielo
Edifico una escalera
Aunque de leños agrietados.
En esta cima no necesito de profetas
Ni pregoneros de malas mercancías
Señalo con el dedo
Y están presentes:
Águilas, ángeles, mariposas, Ícaros
Los alados todos
Quienes no tendrán jamás
Que inclinar las cabezas
Digamos retorno
Resurrección
Reverdecimiento
Nunca caída
Y será la alegría como tocar la barba de Dios.
Digamos espacio
Despacio
Y podremos extendernos
Alargar las piernas
Y los pasos
Jamás digamos abismo.
La vida es confiar