Caminemos... tal vez nos veremos después
Pablo Garrido Bravo
“Y que la memoria esté siempre en flor”
©Editorial Emooby, 2011
Caminemos... tal vez nos veremos después
By Pablo Garrido Bravo
Published by Editorial Emooby at Smashwords
©Copyright 2011 Editorial Emooby
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A Berta mi madre y mis tres hijas:
Tania, M. Alejandra y Margarita,
como homenaje al verdadero sexo fuerte.
Título:
“Caminemos, tal vez nos veremos después”
Autor: Pablo Garrido B.
e-mail garridobravo@hotmail.com
Sitio Web: www.todosjuntos.com
Diseño de Tapa: Editorial Emooby
Algunas de las ilustraciones interiores son del artista Italo Cárcamo.
Table of Contents
Las cristalinas y ciegas aguas de “La Boca”, lo vieron y ven...
Y el siglo del cambalache... se echó a rodar.
Cantemos en prosa a los primeros diez años del siglo del cambalache (1900-1910)
Vida... vida linda... vidala de luz y sombra.
Con una Cala y susurros de silencio
Un nido que supieron construir
Y el todo... en pedazos de nada se transformó...
Romance del agua, la noche y la pena.
Romance del agua, la noche y la pena.
Para que la flor de la memoria
no se marchite
• El resplandor y la sombra
• El cantor siempre está ahí
• Por el deber cumplido
• Canto al Presidente Allende
Desde aquí y hasta siempre

(metáfora de una cruel verdad de 30 años)
I
La luna cubría con su resplandor,
la mitad del árbol en el cual se refugiaban
los hombres de sombrero ancho.
Sombrero y mantas negras para cubrir cuerpos
de todos tamaños y rostros llenos de incertidumbre.
Cuerpos temblorosos, almas tristes,
pavor y disposición incluso a morir
si esto sirviera para volver atrás... el túnel del tiempo.
No lo pueden creer; es la más extraña noche
en donde los sueños dulces
se han cambiado por tristes pesadillas.
Allí donde brillaba un futuro
hoy se abre una sombría y siniestra caverna.
La mayoría se apretujaba
al lado oscuro del árbol.
No querían que vieran sus rostros,
tampoco ver el de sus compañeros.
No querían percibir el momento,
que la vida les estaba deparando.
El terror los avergonzaba
y necesitaban un consuelo tranquilizador;
una indicación de qué hacer...
lo que fuera, ellos lo harían... pero no llegaba.
Al desorden de las voces
que nerviosas se expresaban y preguntaban,
siguió un silencio
parecido sólo al que rodea
la pérdida fatal de un ser querido.
Todos esperaban el consuelo;
ese consuelo que ayuda a la resignación
y a tranquilizar el alma, aunque sea ilusorio;
pero algo auxilia cuando la tristeza es tan grande
que duele hasta el pensar.
No querían razonar, querían acción,
querían hacer,
¡luchar hasta la muerte!
Y devolver la esperanza cierta, hoy rota.
No tenían armas. Ellos trabajaban,
no eran hombres de armas.
Su vida era trabajo más trabajo,
pero hoy pedían armas.
Esas armas que decían que existían,
y que no estaban.
Sólo estaban
las que esos hombres de uniforme
apuntaban contra todos
los que no vistieran uniformes...
II
Eran esos hombres vestidos de guerreros,
con armas de guerreros,
con hambre de guerreros,
los que amedrentaban a otros hombres
vestidos de obreros, con hambre de obreros
y herramientas de obreros.
La lucha era desigual,
no era casi lucha.
Los heroicos soldados escribían
una de sus grandes gestas...,
contra un pueblo pobre y desarmado.
Contra un pueblo
con una terrible culpa...
estaban llenos de ilusión escribiendo
las páginas de su propia historia...
¡y eso, no podía ser!
III
¡Ahí están... todos juntos complotando!
Preparen ametralladoras.
¡Que no quede nadie en pié!
Y cayeron ilusiones, mantas, sombreros,
manos abiertas y arrugadas
rojos... así, de raíz
al pié del árbol y bajo la luna,
que a algunos iluminó el rostro,
y a otros bañó la sombra...
IV
¡Y no pudo ser de raíz...!
El resplandor de la luna, cual esperanza
complotó con la sombra y aliados
con el tiempo y la verdad
removió el desorden, levantó las manos,
los ponchos, los sombreros,
la ilusión.
Y ahí están
¡nuevamente todos juntos!...
Ahora, esperando...
estrechados a un árbol frondoso
y otra vez bajo la luna
en donde
se extiende una sombra
de color arco iris
que avanza inexorablemente
dibujando en el cielo
sobre las cordilleras
y mares del mundo
la palabra JUSTICIA.
V
¡Y caen patronímicos innombrables!,
uniformes deshonrados,
manos finas y apretadas,
no todos,
pero caen
y el resplandor...
hoy...
a estos, no los cubre,
la sombra tampoco...

(a Víctor Jara y demás cantores anónimos, que siempre estuvieron allí)
Un poema, una flor, una casa
y los pájaros cantan...
y los hombres se aman
y luchan.
Es septiembre, o noviembre o enero
y el cantor está ahí, en el lugar
en medio de hombres y mujeres.
En medio de niños...
que viven en el Mapocho,
en medio de mineros, allá en Lota
o en el campo,
empuñando firme el arado,
o en la fábrica o en el aula...
en el Aula Magna
en medio de estudiantes
que le hacen coro...
“te recuerdo Amanda...”
Un arco iris de unidad y es septiembre del 70,
y el cantor está ahí
en medio del recuento
y la incertidumbre,
con su guitarra
y un secreto duende que le dicta
las mejores letras...
“Levántate y mírate las manos,
para crecer estréchala a tu hermano”.
Es el cantor que siempre está ahí
con sus coplas también de insurrección
arriesgando la vida en cada letra,
acompañando
las batallas y logros de su pueblo
en los mil días de Allende, que es septiembre.
“Yo no canto por cantar... ni por tener buena voz”.
“Yo no quiero mi patria dividida
ni por siete cuchillos desangrada”.
Y arrecian las nubes negras sobre
la patria de Víctor Jara y el cantor sigue ahí...
“Yo me quedo a cantar con los obreros
en esta nueva historia y geografía”.
Y ahí se quedó el artista,
el cantor, el ser humano
elevando su voz
antes de partir al infinito
Y un papel,
que manos solidarias multiplican
habla de sus últimos versos:
“Somos cinco mil aquí
en esta pequeña parte de la ciudad...
Canto que mal me sales,
cuando tengo que cantar espanto.
Lo que nunca vi,
lo que he sentido y lo que siento,
hará brotar el momento”.
Partió el cantor, el poeta y el hombre,
al que Federico García Lorca
recibe como hermano.
Quedó su ejemplo
y quedó su voz
quedamos muchos...
más de cinco mil
para hacer brotar el momento...,
transformando el espanto en canción
“afirmando bien la esperanza,
nunca es tarde me dice ella...
la paloma... volará”.
(a las hijas del General Prats, asesinado cobardemente junto a su esposa en Argentina por una bomba...)
Prats, casi como el héroe...
el honor de soldado te recubre,
te toca y no te pesa...
es natural, es tu conducta.
En el trágico momento, tu nombre
a muchos hizo soñar...
porque sólo la ilusión quedaba.
Soldado ejemplar, como los que
en mi pueblo, al desfilar levantaban
la alegría de niños y
la admiración de grandes...
con sus límpidos uniformes,
gallardas figuras y graves rostros
traicionaron tu ejemplo, tu conducta
y levantaron odios, mancharon uniformes,
y la seriedad de rostros
en impiedad transformaron.
Mandaron ¡matar!, se lavaron las manos,
Pilatos del siglo XX, innombrables
de uniformes algunos, ¿otros?...
también chilenos, ¡pero todos Pilatos!
Sangre esparcida como semilla
que el viento agita y vuela,
se eleva al cielo, atraviesa cordilleras
y de vergüenza tiñe por siempre
la traición y el deshonor.
¡Máscaras fuera!
Aparecen los nombres y los culpables.
Tus hijas, en noble peregrinar,
de estirpe Prats... casi como el héroe,
a su padre y a su madre
sonríen ya... por el deber cumplido,
como Prats, el General.
Lo recuerdo en la niebla
y en el brillo
del campo, la ciudad y las cosas;
en las caras y manos arrugadas
cuando fueron tristes,
cuando fueron felices
de aquellos que lo quisieron
y siguieron
y hoy también recuerdan:
Tiempos de magia brutal
de creación, de utopía,
la de los pobres,
de los artistas, de los estudiantes
de la gente simple
que se preguntan
¿cuándo vuelven?
Y entonces…
Aparecerán sus genes,
sus gestos… su amor,
su entrega consecuente
su ideal profundo y transparente.
Y será capaz de perdonar
y volver a amar para seguir…
siempre seguir
hasta la victoria humana,