Excerpt for Caminemos... Tal Vez Nos Veremos Después by Pablo Garrido, available in its entirety at Smashwords


Caminemos... tal vez nos veremos después

Pablo Garrido Bravo

“Y que la memoria esté siempre en flor”

©Editorial Emooby, 2011

Caminemos... tal vez nos veremos después

By Pablo Garrido Bravo

Published by Editorial Emooby at Smashwords

©Copyright 2011 Editorial Emooby




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A Berta mi madre y mis tres hijas:

Tania, M. Alejandra y Margarita,

como homenaje al verdadero sexo fuerte.

Título:

“Caminemos, tal vez nos veremos después”

Autor: Pablo Garrido B.

e-mail garridobravo@hotmail.com

Sitio Web: www.todosjuntos.com

Diseño de Tapa: Editorial Emooby

Algunas de las ilustraciones interiores son del artista Italo Cárcamo.

Table of Contents

Primera parte

El resplandor y la sombra

El cantor siempre está ahí

Por El Deber... Cumplido

Canto al Presidente Allende

Desde aquí y hasta siempre…

Segunda parte

Las cristalinas y ciegas aguas de “La Boca”, lo vieron y ven...

Y el siglo del cambalache... se echó a rodar.

Cantemos en prosa a los primeros diez años del siglo del cambalache (1900-1910)

Iquique Oscuro... 1907

Cuéntale su sueño... soldado

Explosión (Lima Perú... 1997)

Niños, todavía niños...

Vida... vida linda... vidala de luz y sombra.

Tercera parte

Tú que escribes...

Oda al poeta

A tus ojos… Gabriela

Te nombran Pablo

Mi Guerra...

Caen, se parece a Caín

Seamos Protagonistas

Una poesía por una flor

Así te tomo…

Un día juntos fueron nido

Contrato de amor

Con una Cala y susurros de silencio

Un nido que supieron construir

Años

Cuarta parte

Bella...

Laberinto en tiempo de amor

Exilio de amor

Y el todo... en pedazos de nada se transformó...

¡Muro en ternura!

¡Como quisiera…!

Y así... así es...

Romance del agua, la noche y la pena.

Romance del agua, la noche y la pena.

Breve Biografía del Autor:

Primera parte

Para que la flor de la memoria

no se marchite

• El resplandor y la sombra

• El cantor siempre está ahí

• Por el deber cumplido

• Canto al Presidente Allende

  • Desde aquí y hasta siempre

El resplandor y la sombra

(metáfora de una cruel verdad de 30 años)

I

La luna cubría con su resplandor,

la mitad del árbol en el cual se refugiaban

los hombres de sombrero ancho.

Sombrero y mantas negras para cubrir cuerpos

de todos tamaños y rostros llenos de incertidumbre.

Cuerpos temblorosos, almas tristes,

pavor y disposición incluso a morir

si esto sirviera para volver atrás... el túnel del tiempo.

No lo pueden creer; es la más extraña noche

en donde los sueños dulces

se han cambiado por tristes pesadillas.

Allí donde brillaba un futuro

hoy se abre una sombría y siniestra caverna.

La mayoría se apretujaba

al lado oscuro del árbol.

No querían que vieran sus rostros,

tampoco ver el de sus compañeros.

No querían percibir el momento,

que la vida les estaba deparando.

El terror los avergonzaba

y necesitaban un consuelo tranquilizador;

una indicación de qué hacer...

lo que fuera, ellos lo harían... pero no llegaba.

Al desorden de las voces

que nerviosas se expresaban y preguntaban,

siguió un silencio

parecido sólo al que rodea

la pérdida fatal de un ser querido.

Todos esperaban el consuelo;

ese consuelo que ayuda a la resignación

y a tranquilizar el alma, aunque sea ilusorio;

pero algo auxilia cuando la tristeza es tan grande

que duele hasta el pensar.

No querían razonar, querían acción,

querían hacer,

¡luchar hasta la muerte!

Y devolver la esperanza cierta, hoy rota.

No tenían armas. Ellos trabajaban,

no eran hombres de armas.

Su vida era trabajo más trabajo,

pero hoy pedían armas.

Esas armas que decían que existían,

y que no estaban.

Sólo estaban

las que esos hombres de uniforme

apuntaban contra todos

los que no vistieran uniformes...

II

Eran esos hombres vestidos de guerreros,

con armas de guerreros,

con hambre de guerreros,

los que amedrentaban a otros hombres

vestidos de obreros, con hambre de obreros

y herramientas de obreros.

La lucha era desigual,

no era casi lucha.

Los heroicos soldados escribían

una de sus grandes gestas...,

contra un pueblo pobre y desarmado.

Contra un pueblo

con una terrible culpa...

estaban llenos de ilusión escribiendo

las páginas de su propia historia...

¡y eso, no podía ser!

III

¡Ahí están... todos juntos complotando!

Preparen ametralladoras.

¡Que no quede nadie en pié!

Y cayeron ilusiones, mantas, sombreros,

manos abiertas y arrugadas

rojos... así, de raíz

al pié del árbol y bajo la luna,

que a algunos iluminó el rostro,

y a otros bañó la sombra...

IV

¡Y no pudo ser de raíz...!

El resplandor de la luna, cual esperanza

complotó con la sombra y aliados

con el tiempo y la verdad

removió el desorden, levantó las manos,

los ponchos, los sombreros,

la ilusión.

Y ahí están

¡nuevamente todos juntos!...

Ahora, esperando...

estrechados a un árbol frondoso

y otra vez bajo la luna

en donde

se extiende una sombra

de color arco iris

que avanza inexorablemente

dibujando en el cielo

sobre las cordilleras

y mares del mundo

la palabra JUSTICIA.

V

¡Y caen patronímicos innombrables!,

uniformes deshonrados,

manos finas y apretadas,

no todos,

pero caen

y el resplandor...

hoy...

a estos, no los cubre,

la sombra tampoco...

El cantor siempre está ahí

(a Víctor Jara y demás cantores anónimos, que siempre estuvieron allí)

Un poema, una flor, una casa

y los pájaros cantan...

y los hombres se aman

y luchan.

Es septiembre, o noviembre o enero

y el cantor está ahí, en el lugar

en medio de hombres y mujeres.

En medio de niños...

que viven en el Mapocho,

en medio de mineros, allá en Lota

o en el campo,

empuñando firme el arado,

o en la fábrica o en el aula...

en el Aula Magna

en medio de estudiantes

que le hacen coro...

“te recuerdo Amanda...”

Un arco iris de unidad y es septiembre del 70,

y el cantor está ahí

en medio del recuento

y la incertidumbre,

con su guitarra

y un secreto duende que le dicta

las mejores letras...

“Levántate y mírate las manos,

para crecer estréchala a tu hermano”.

Es el cantor que siempre está ahí

con sus coplas también de insurrección

arriesgando la vida en cada letra,

acompañando

las batallas y logros de su pueblo

en los mil días de Allende, que es septiembre.

“Yo no canto por cantar... ni por tener buena voz”.

“Yo no quiero mi patria dividida

ni por siete cuchillos desangrada”.

Y arrecian las nubes negras sobre

la patria de Víctor Jara y el cantor sigue ahí...

“Yo me quedo a cantar con los obreros

en esta nueva historia y geografía”.

Y ahí se quedó el artista,

el cantor, el ser humano

elevando su voz

antes de partir al infinito

Y un papel,

que manos solidarias multiplican

habla de sus últimos versos:

“Somos cinco mil aquí

en esta pequeña parte de la ciudad...

Canto que mal me sales,

cuando tengo que cantar espanto.

Lo que nunca vi,

lo que he sentido y lo que siento,

hará brotar el momento”.

Partió el cantor, el poeta y el hombre,

al que Federico García Lorca

recibe como hermano.

Quedó su ejemplo

y quedó su voz

quedamos muchos...

más de cinco mil

para hacer brotar el momento...,

transformando el espanto en canción

“afirmando bien la esperanza,

nunca es tarde me dice ella...

la paloma... volará”.

Por El Deber... Cumplido

(a las hijas del General Prats, asesinado cobardemente junto a su esposa en Argentina por una bomba...)

Prats, casi como el héroe...

el honor de soldado te recubre,

te toca y no te pesa...

es natural, es tu conducta.

En el trágico momento, tu nombre

a muchos hizo soñar...

porque sólo la ilusión quedaba.

Soldado ejemplar, como los que

en mi pueblo, al desfilar levantaban

la alegría de niños y

la admiración de grandes...

con sus límpidos uniformes,

gallardas figuras y graves rostros

traicionaron tu ejemplo, tu conducta

y levantaron odios, mancharon uniformes,

y la seriedad de rostros

en impiedad transformaron.

Mandaron ¡matar!, se lavaron las manos,

Pilatos del siglo XX, innombrables

de uniformes algunos, ¿otros?...

también chilenos, ¡pero todos Pilatos!

Sangre esparcida como semilla

que el viento agita y vuela,

se eleva al cielo, atraviesa cordilleras

y de vergüenza tiñe por siempre

la traición y el deshonor.

¡Máscaras fuera!

Aparecen los nombres y los culpables.

Tus hijas, en noble peregrinar,

de estirpe Prats... casi como el héroe,

a su padre y a su madre

sonríen ya... por el deber cumplido,

como Prats, el General.

Canto al Presidente Allende

Lo recuerdo en la niebla

y en el brillo

del campo, la ciudad y las cosas;

en las caras y manos arrugadas

cuando fueron tristes,

cuando fueron felices

de aquellos que lo quisieron

y siguieron

y hoy también recuerdan:

Tiempos de magia brutal

de creación, de utopía,

la de los pobres,

de los artistas, de los estudiantes

de la gente simple

que se preguntan

¿cuándo vuelven?

Y entonces…

Aparecerán sus genes,

sus gestos… su amor,

su entrega consecuente

su ideal profundo y transparente.

Y será capaz de perdonar

y volver a amar para seguir…

siempre seguir

hasta la victoria humana,


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