Ayuda para el Alma Herida
Cómo
sanar las heridas del corazón y confrontar los traumas
para
obtener verdadera libertad espiritual
Por José Reina
Copyright 2011 by José Reina
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Ayuda para el Alma Herida
Cómo sanar las heridas del corazón y confrontar los traumas para obtener verdadera libertad espiritual
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*El llamado de Dios y nuestras excusas
*El llamado y la gracia capacitadora.
¿Por qué un seminario de sanidad interior?
*Un desafío a la iglesia contemporánea
*¿Cómo lograr esto en nuestras iglesias y en nuestras vidas?
Espíritu, alma y cuerpo, su diferencia e interrelación
*Espíritu, alma y cuerpo: hay una gran diferencia
*Espíritu, alma y cuerpo: como funcionan
*Espíritu, alma y cuerpo: como se relacionan.
Definición de sanidad interior
Enfermedades del alma, sus causas
*Definición de herida ó trauma
*Conductas o Mecanismos de Defensa.
b) Aislamiento
d) Proyección
Ministrando en la práctica: Comprendiendo la importancia del perdón.
La práctica del ocultismo y sus consecuencias
*¿Qué nos dice Dios respecto a esto como sus hijos?
*La practica del ocultismo y las maldiciones que nos acarrea.
La carne y el pecado. El mundo y Satanás
*¿Cómo trabajan los espíritus inmundos?
*Las maldiciones generacionales.
*Las maldiciones y sus características
*Conclusión sobre la práctica del ocultismo y las maldiciones
*La importancia del bautismo del Espíritu Santo
*¿Por qué hablar otras lenguas?
*Él nos otorga poder para el servicio
*¿Cuáles son las consecuencias de “permanecer” en una vida de pecado?
*Lo que es el verdadero arrepentimiento
*Lo que implica el arrepentimiento.
*Pasos prácticos contra el pecado
Puertas de entrada en el Espíritu
Puertas de entrada en el cuerpo
*Oración de afirmación, arrepentimiento, renuncia y liberación.
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Dios tiene un plan para cada una de nuestras vidas, para cada cristiano en particular, que ha nacido de nuevo a través de la fe en nuestro Señor Jesucristo. Su llamado no sólo envuelve un propósito maravilloso para nosotros a través de toda la eternidad, sino que también tenemos una expresión de ese llamamiento sobre la tierra al presente.
San Pablo describe así la maravillosa experiencia personal del llamado: “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo...según el propósito suyo y la gracia...” (2 Ti 1:9).
Y también nos expresa que Dios nos ha llamado desde antes de la fundación del mundo. “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”. (Ef. 1:4,5).
Así, cada cristiano recibe un llamado particular. Cada uno de nosotros somos personas valiosas para Dios y desde esa perspectiva Dios tiene un llamado único y especial para tu vida. Si queremos conocer verdaderamente nuestro llamado Dios trata con nosotros en todas las áreas necesarias. Espíritu, alma y cuerpo. A lo largo de la vida vivimos experiencias que afectan estas tres áreas vitales de nuestra personalidad. Será necesario sanar las heridas emocionales y espirituales (“sanidad interior”). Otras veces habrá que ser liberados de diferentes opresiones de maldad (“sanidad y liberación”). Será un proceso. Por eso comenzamos con el llamado de Dios y avanzaremos gradualmente hasta que Cristo sea formado en cada área de tu vida.
Recuerda entonces:
Hay una misión – con un propósito específico – que solamente esta diseñada para que tú la hagas. Antes que el planeta tierra existiera Dios ya había diseñado tu personalidad para el cumplimiento de ese propósito (Sal. 138:8)... La pregunta es: ¿Estoy dispuesto a que Dios me revele ese gran propósito para mi vida?
Hay muchos ejemplos de llamados personales en la Biblia; hoy nos veremos reflejados en el relato bíblico del llamado de Dios a Moisés.
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Lectura bíblica: Éxodo 3:11-13 y 4:1-13.
Cuando Dios llama, El viene e irrumpe en nuestras vidas.
El mandato que el Señor le dio a Moisés no fue una tarea pequeña. Egipto era el imperio dominante en todo aquel territorio. Era una nación pagana, y faraón, su líder satánico, tenía la autoridad catalogada como “divina”.
Cada nación en el mundo conocido entonces vivía atemorizada del faraón, el emperador de Egipto. Cuando Dios le dijo a Moisés que descendiera a Egipto y le dijera a faraón que dejara ir a Su pueblo de tres millones de personas que vivían bajo su esclavitud, la respuesta inmediata de Moisés – a causa de su propia humanidad e incapacidad – fue una de muchas excusas. Sin embargo no deja de ser similar a las diferentes maneras que nosotros mismos le respondemos a Dios cuando El nos llama.
3:11 “¿Quién soy yo?”... El tenía el mismo problema que nosotros tenemos hasta que no nos rendimos a los pies de Jesús. No sabía quién era. Y por lo tanto tenía una falsa autoimagen de si mismo... al diablo le encanta engañarnos hablándonos en nuestra mente cosas falsas, como por ejemplo: “nunca llegarás a nada”...”eres un inútil - nada te sale bien”... “no, no, tu no sirves para ésto”...”además ¿quién eres tú?, etc.
Sin embargo debes saber algo. Si hoy has llegado hasta aquí...es porque la zarza esta ardiendo para ti. El fuego del Espíritu Santo te capacitará para agarrarte al llamado de Dios. Hoy tienes que despojarte de las mentiras que te han hecho sentir fracasado tantos años y empezar a creer y declarar lo que Dios ha hecho en tu vida. ¿Qué quién eres?... ¡un poderoso hijo de Dios!
3:13 “¿Quién eres Tú?”...El quedó tan sacudido por la presencia de Dios, que se olvidó de toda la historia religiosa de su pueblo en la cual su propia madre lo había criado. Cuando el encuentro con Dios es verdadero, ninguna religión te sirve de nada. Allí sale a luz nuestro pecado y la santidad de Dios. Allí reconocemos que no sabemos nada de Dios. Ese día Dios se reveló a Moisés y su vida fue transformada. En minutos él tuvo las dos respuestas que había buscado por ochenta años!!! Quién era él. Y lo más importante: quién es Dios. Si hoy te mueves de corazón a buscar a Dios... esa será tu experiencia. ¡¡Serás transformado!!
4:11 “Ellos no me creerán”... La incredulidad es como un monstruo que nos aterroriza y nos hace miedosos y faltos de confianza en nosotros mismos. Cuántas veces no hemos hablado a otros de Jesús. Porque escuchamos esa voz que nos decía: “no hables...quién te va a creer...para qué hacer el ridículo... y así le ponemos excusas a Dios... nunca estamos dispuestos a pagar el precio... por miedo. ¿No te gustaría que eso termine? ¿Renunciarás hoy a ese espíritu de incredulidad y le creerás a Dios? ¡Mira qué promesa de Dios para tu vida!: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Ti 1:7). ¡Eres más que vencedor en Jesucristo!
4:10 “No soy elocuente.”... Otra de las mentiras que nos hablamos a nosotros mismos. Pero también puede ser la excusa perfecta para evadirnos del llamado de Dios. “Señor tu sabes que no tengo estudios que apenas sé leer y escribir... o ni siquiera eso!!!” “No, no... me da terror hablar en público... huy!! Y la gente me está mirando...” Excusas, excusas, y excusas. El profeta Isaías aprendió a confiar en el Dios que amaba, el dijo: “Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado...” (Is. 50:7).
4:13 “Señor, envía a otro”... Creo que ésta es la peor excusa de todas.
Ojalá que ninguno de nosotros perdamos la oportunidad en este día de decirle al Señor, ¡estoy dispuesto! Lo contrario es como despreciar la obra de Cristo a nuestro favor en la cruz. Él lo dio todo... tú, ¿estás dispuesto a darle a El lo mejor de tu vida? Lo cierto es que si tú te niegas...Dios conseguirá otra persona...siempre es así. Pero yo no quisiera que eso me suceda a mí. ¿Qué sentido tiene la vida si no hacemos Su Voluntad? ¡Yo no quiero que nadie se lleve mi bendición! …lo que Dios preparó desde antes de la fundación del mundo para mí... ¡y para ti!
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Tal vez estas sintiendo en tu corazón el llamado de Dios a servirle como nunca antes. Sientes que este día será especial. Pero enseguida, vienen muchos miedos a tu mente como le sucedió a Moisés.
No hay hombre o mujer en la Biblia y aún en la historia de la iglesia, que Dios haya usado, que no haya experimentado los miedos, dudas y angustias que tu estas sintiendo ahora mismo.
¡Pero tengo una buena noticia para tí! La gracia sobrenatural de Dios sigue disponible para tu necesidad. San Pablo sintió lo mismo ante su debilidad humana. Y Dios le dijo: “...Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad...” (2 Co 12:9).
Muchas veces las circunstancias quieren paralizarnos. “¿Qué dirán mis amigos si me entrego totalmente a Jesucristo...mi familia... mis compañeros de trabajo?... déjame decirte que ése no es tu problema. Ni ahora, ni nunca. Tú sólo tienes que entregarle toda tu vida a El y El se encargará de esos falsos miedos. Si esperas ser perfecto para servir a Dios... ¡Nunca harás nada!
Dios esta buscando personas decididas a darlo todo, como Moisés, que en vez de confiar en si mismo confió en la gracia de Dios.
Quiero terminar esta parte, dándote el significado de la palabra “gracia”. La definición más común es “el don inmerecido de Dios hacia los hombres”. En otras palabras aún cuando éramos pecadores, merecedores del juicio, Dios nos contempló con Su amor y nos perdonó.
Sin embargo, esto es sólo la mitad de su significado. También significa, “el poder capacitador de Dios”. Su gracia no sólo nos hace aceptables en la “familia de Dios”, sino que también “provee el poder” que necesitamos para aceptar el desafío de Dios a tomar nuestro llamado. El Espíritu Santo estará derramando abundante gracia en este día para que nadie rechace el alto privilegio de servirle al Señor.
“Dios no busca los vasos de oro de esta tierra, tampoco los vasos de plata. El busca los vasos de barro rendidos a El, que obedecerán “cualquier cosa” que él les mande hacer.”
KATHRYN KUHLMAN
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A pesar del progreso veloz y extraordinario de la ciencia médica en los últimos años, la cantidad de enfermedades físicas y mentales que azotan el mundo hoy es extremadamente alta. Al ir avanzando en el tema, comprenderemos por qué la “sanidad interior” generalmente está relacionada con el bienestar físico y emocional. En “psicología” se las denomina como “enfermedades psicosomáticas”. Atendiendo al hecho de que en algunos casos, el estado mental y emocional del paciente puede expresarse en dolencias físicas.
Por otra parte, debemos considerar que cuando se descubren tratamientos y curas efectivas para un tipo de enfermedad, otra variedad rara aparece en escena. No cabe duda que ante la situación de una humanidad enferma y sufrida, ello presenta un gran desafío a la iglesia cristiana - desafío que ha sido contestado hasta cierto grado por la dedicación de hábiles doctores y enfermeras, cristianos o no, quienes se dedican incansablemente a la tarea de aliviar los sufrimientos de la humanidad.
El evangelio representa las buenas noticias de salvación, liberación y sanidad divina en el Nombre de Jesús. Estas son para el hombre en su aspecto total. Todo ministro, pastor, líder y su iglesia deben mantener esto en mente como su meta principal. La fe en el evangelio de Jesucristo implica salud total para el espíritu, alma y cuerpo.
Es nuestra obligación buscar a Jesús con fe a fin de ver las sanidades físicas tomando lugar en nuestra sociedad. Nuestra enseñanza debe motivar la búsqueda de la sanidad para las mentes y espíritus de las almas sufridas y atormentadas. De esto trata la “sanidad interior”, o sanidad para el “alma herida”.
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a) Trayendo sanidad a través de la predicación de la Palabra de Dios.
Pablo le dijo a Timoteo: “Te encarezco…que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”. (2 Ti 4:2).
La palabra de Dios tiene cualidades terapéuticas y sanadoras, note atentamente:
“Envió su Palabra, y los sanó, y los libró de su ruina”. (Sal. 107:20).
“La fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. (Ro.10:17).
b) Trayendo sanidad a través de la enseñanza de la Palabra de Dios.
Hoy más que nunca debemos hacer énfasis en el poder sanador en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo... nuestra fe debe ser motivada por una enseñanza poderosa de la palabra.
La enseñanza bíblica nos educa sobre la manera correcta de pensar y creer para recibir milagros. Los que no deberían ser ocasionales... ¡en la verdadera iglesia de Jesucristo – si creemos – que El es el mismo, hoy, ayer y por los siglos!
Debemos instruirnos sobre los frutos del Espíritu Santo en nosotros. Estos frutos son anabólicos, es decir, edifican la vida emocional y el carácter, en contraste con las obras de la carne, que son catabólicas, o sea que destruyen las almas de los hombres.
c) Trayendo sanidad a través de la comunión en la Santa Cena del Señor.
La Cena del Señor es bíblicamente un servicio de sanidad. Debemos aprender sobre la manera correcta de participar de la Santa Cena. Si así lo hiciéramos descubriríamos bendiciones sobrenaturales – cada vez que participamos de este privilegio – en nuestras congregaciones locales. Beneficios espirituales, psicológicos y físicos. Esto solo de pasada, como una señal que te da el Espíritu para recibir más de tu Padre Amoroso que desea darte lo mejor.
Concluyendo, la iglesia de Cristo es la institución terapéutica por excelencia en este mundo, porque Jesús le ha confiado la autoridad en Su Nombre para sanar enfermos y echar fuera demonios.
¿Somos los cristianos conscientes del poder que nos ha confiado Dios?
“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquél que cree...” (Rom. 1:16).
Aquí la palabra “salvación” es aplicada al orden total de cualquier necesidad humana, espiritual, emocional o física. Por eso hoy estamos aquí. Por eso Dios te ha traído delante de Su Palabra. Cualquiera sea tu necesidad, el poder de Dios está disponible para todo aquel que cree. A través de este día Dios está sembrando Su Palabra y generando fe en tu corazón para que recibas tu milagro.
El mismo Jesucristo que dijo estas palabras está hoy aquí, escúchalo:
“El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del Señor”. (Lc. 4:18, 19b).
Esta misma unción, ahora reposa sobre la iglesia. Y cada cristiano tiene el llamado de recibirla para continuar haciendo lo que Cristo hizo. ¿Estás dispuesto?
Claro que al llegar a este punto tal vez te preguntas... ¿y por dónde comenzaremos?
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“Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible...” (1 Tes. 5:23). Dios desea sanarnos, (que no tengamos enfermedades, ni aflicciones emocionales ni físicas). Quiere que nuestro “cuerpo”, “alma” y “espíritu” sean una unidad íntegra. El pecado viene para deteriorar y destruir esa integridad, no solo en nosotros, sino también en los seres a quienes amamos. La iniquidad puede causar enfermedades y aflicciones en el espíritu, alma y cuerpo. Solamente Dios puede limpiar (purificar) estas tres partes diferentes de nuestras vidas (espíritu, alma y cuerpo) de la contaminación del pecado.
¡Qué esperanza y fortaleza puede Jesucristo traer con Sus palabras a un alma apesadumbrada, cuando le dice: “Tu fe te ha salvado, ve en paz”! (Lc. 7:50; 8:48).
Sí, Dios quiere sanar las partes afligidas y confundidas de nuestra existencia. El Espíritu Santo quiere que cada parte de nuestra vida sea salva, sea pura y esté saludable. Desea darnos vida y poder para que nuestros cuerpos, almas y espíritus funcionen perfectamente. Esas son las bendiciones suplidas por la gran salvación para cada uno de nosotros.
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Nos ayudará en la comprensión de este tema, si primero estudiamos las tres partes que componen al hombre de una manera sencilla.
El “espíritu” nos interrelaciona con Dios (que es Espíritu), o en otras palabras con lo divino.
El “alma” relaciona lo interior del hombre hacia sí mismo, y el “cuerpo” interrelaciona lo interno con lo externo, o el mundo.
Para que las tres partes del hombre puedan estar completas, cada una tiene que estar en armonía con las otras. Cada una tiene un papel fundamental que desempeñar en el bienestar de cada persona.
Algunos estudiantes de la Biblia creen que no hay diferencia alguna en el significado entre las palabras “espíritu” y “alma”. Ellos dicen que ambos términos se refieren a esa parte del hombre que no es física o material.
1) Lo que la Biblia nos enseña.
El escritor de la epístola a los Hebreos, indica claramente que hay una diferencia entre los vocablos “espíritu” y “alma” en el hombre:
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu...” (Heb. 4:12).
Nota bien que la palabra de Dios parte, divide... el ... alma... del ... espíritu, haciendo de ellas entidades separadas y distintas dentro de nosotros. Pablo señala la diferencia entre los dos términos, en su primera epístola a la iglesia de Corinto: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente...en cambio el espiritual juzga todas las cosas...”.
(1 Co 2:14,15. Nota la diferencia entre el hombre natural y el espiritual.
2) Lo que nos muestra el idioma o lenguaje.
Examinemos los términos griegos en el Nuevo Testamento para espíritu, alma y cuerpo:
a. Pneuma, (espíritu). En griego significa, “aliento o soplo”. Por ej. la pulmonía-pneumonía, enfermedad de los pulmones que toma su nombre de este término griego.
b. Psuche. En griego significa, psique o lo que conocemos como psicología, la ciencia que estudia el alma (mente) del hombre.
c. Soma. En griego significa, cuerpo y está relacionada con las enfermedades psicosomáticas (cuerpo y alma).
Continuamos ahora desarrollando los siguientes subtítulos. Anteriormente veíamos lo que la Biblia enseña sobre los términos espíritu, alma y cuerpo. Ahora veremos específicamente “como funcionan” y “como se relacionan”.
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Espíritu (Pneuma).
El espíritu es aquella parte del hombre que está consciente de Dios – la conciencia de Dios. Esta es VIVIFICADA* por el Espíritu Santo de Dios en el instante que se recibe la salvación. Es resucitada a la vida por el Espíritu de Dios cuando somos llenos del Espíritu Santo. A partir de allí comienza a crecer nuestro hombre espiritual el cual puede percibir todos los dones y funciones del Espíritu Santo.
Nota:*El concepto importante de entender, es que todo ser humano antes de venir a Cristo esta “muerto espiritualmente”. San Pablo lo explica claramente en varias de sus epístolas. Como ejemplo sugerimos ver Colosenses 2:13 en su contexto. Nota que allí afirma acerca del pasado del cristiano que “estábamos muertos en pecados” y ahora “os dio vida juntamente con él...”. En el momento que una persona se arrepiente y acepta a Cristo en su vida se produce el “nuevo nacimiento”. Ver San Juan 3:3,5 al 8. El Espíritu Santo toca nuestro espíritu humano y pone en nosotros Su naturaleza.
Alma (Psuche).
El alma es esa parte del hombre que está consciente de sí misma,
auto consciencia. Es el centro del ego (yo) o personalidad. Las funciones del alma pueden ser bosquejadas de la siguiente manera:
Razón: pensar (meditar, concebir);
Emoción: sentir (pasión, afecto);
Voluntad: determinación para desear o querer (decidir).
Cuerpo (Soma).
El cuerpo es esa parte del hombre que está consciente de las reacciones con el mundo exterior – mundo, conciencia.
Las funciones del cuerpo pueden ser bosquejadas como siguen:
a- Recepción. La información es recibida del mundo por vía de los sentidos (ojos, oídos, el tacto, etc.).
b- Reacción. El cuerpo reacciona a través del sistema motor (muscular) por medio de las palabras y acciones.
c- Expresión. El cuerpo puede expresar al mundo los pensamientos, sensaciones y decisiones del alma.
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Alma y Cuerpo
Nuestro cuerpo recibe información (a través de la vista o los ojos, de los oídos al escuchar, del olfato por medio de la nariz) por vía de los sentidos físicos.
Esta información es entonces recibida por el alma. (Percibir significa interpretar, juzgar y entender lo que hemos recibido. A fin de hacer esto, es vital que dependamos de nuestra razón y memoria).
El cómo pensemos y sintamos acerca de una situación determinará qué acción tomaremos. En otras palabras, nuestra voluntad ahora entra en escena.
Entonces haremos o diremos algo (una respuesta corpórea - del cuerpo). Así que, nuestra alma trabaja con el cuerpo y viceversa.
Espíritu y Alma
Estas inter-acciones entre estas tres partes del hombre, son entendidas de la siguiente manera:
El espíritu del hombre no está completamente en operación debido al pecado.
Antes de nacer del Espíritu Santo (nacer de nuevo), el espíritu del hombre está incapacitado – en otras palabras, no funciona apropiadamente ni funciona en armonía con el Espíritu de Dios.
Cuando el hombre se arrepiente y recibe a Cristo como su Salvador, su espíritu comienza a responder y a interaccionar con el Espíritu de Dios.
Espíritu Santo y Alma
San Pablo, hablando del hombre natural (criatura racional), y que también, desde otra perspectiva afín, podríamos llamar “hombre almático”, nos lo describe con estas palabras: “...pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. (1 Corintios 2:14).
El propósito de Dios es que todas las funciones del alma del hombre estén bajo el Señorío o dirección del Espíritu Santo. El fruto, los dones y gracias otorgadas por el Espíritu Santo, capacitan a la criatura recién nacida en Cristo para que vaya creciendo en El, a medida que va obedeciendo la palabra de Dios.
Si contristamos al Espíritu Santo con nuestras acciones naturales o racionales pecaminosas, retendremos su fluir a través de nuestras vidas. Entonces volveremos a caer en nuestra antigua o pasada manera de vivir (la manera sensual y natural del hombre viejo). La Biblia denomina a esto “carnalidad” o “vivir en la carne” (Lee Rom. 8:5; Gál. 5:16-26).
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El significado de la palabra griega “sozo” (salvación) incluye la idea de salud, sanidad e integridad de espíritu, alma y cuerpo.
La enfermedad del alma es un problema común en la humanidad. La fraseología “quebrantado de corazón” es la que mejor describe a los que sufren de algún padecimiento del alma. Este término es usado para describir las heridas internas del alma.
Jesús dijo: “... el Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ha ungido... me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón (heridos del alma)”. (Lucas 4:18). El Salmo 23 nos dice que el buen pastor de nuestras vidas, “restaurará” nuestras almas.
Este es un tema muy importante, ya que cualquier cosa que pueda destruir el alma, de seguro que también destruirá el cuerpo.
La enfermedad del alma puede también transmitirse al cuerpo. Un quebranto en las emociones y mente, conducirá a un quebrantamiento o deterioro fisiológico (en el cuerpo). Es vital que nuestras almas sean restauradas.
Como hemos visto, las funciones del alma incluyen nuestra mente, emociones, imaginación y aún nuestra memoria.
Muchos cristianos sufren de las heridas que recibieron en sus almas, como cicatrices sensibles; retienen muchos recuerdos dolorosos del pasado.
Como resultado, dudan del presente y tienen temor del futuro. Puede que tengan respuestas a sus mentes, pero les es difícil razonar correctamente cuando su corazón está herido.
Este es, tal vez, el punto que más confusión genera en la vida de los creyentes. Uno de los errores que – por lo general- se comete es pensar que cuando se tiene un encuentro con Jesucristo “Todo” en la vida queda absolutamente en orden, sin embargo, pronto se descubre que no es así, pues hay complejos, actitudes o sentimientos negativos, los cuales persisten aun después de tener algún encuentro con Jesucristo. La experiencia pastoral nos muestra a cristianos de años en la iglesia, aún lideres y pastores que viven un verdadero infierno de temores, traumas y conflictos internos que nunca han solucionado.
Muchos se basan en 2 Cor. 5:17 para sostener este punto de vista. Olvidando que si miramos la Biblia como un todo, y no en textos aislados de su contexto, ella nos enseña que el perdón perfecto de Dios, no infiere que nos libre también de las consecuencias. Lo que si la Palabra de Dios nos enseña es que en Su inmensa misericordia, Dios nos enseña el camino para aprender a sanarnos y ser cada día mejores personas. Su propósito es que seamos semejantes a Cristo.
Ello implica que la obra de Dios en el creyente es gradual y progresiva. Tal es la idea que nos sugiere Pablo en Filipenses 1:6 cuando nos dice: “Aquél que comenzó la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Gradualmente el Padre nos lleva a la perfección. En un desarrollo que nunca termina pero que siempre avanza hacia la perfección.